Categoría: autoestima

EVOLUCIÓN

 

SER_MEJORY ya llevamos 20 días de año y es que el tiempo vuela, amiga, que como no te des cuenta estás en la tercera edad, o en la cuarta, si es que llegas. Y no voy a dejar que se me escape la vida sin ser mejor para mí y para los demás, no señor.

Tengo que decir que el balance de las primeras tres semanas es positivo: no he vuelto a endemoniarme a pesar de tener muchas y buenas razones, a penas he dicho algún taco, he fiesteado con la rutina, he disfrutado de la naturaleza de mi preciosa isla… Solo que… veo que tengo que pulir 2 de mis propósitos a los que ni he mirado de reojo. Así es que me fijo y resulta que, además, se me cruzan en el camino 2 personas que me animan, me motivan y me acompañan: Raúl, como siempre, que ya es parte de la familia y que se ha convertido en mi Pepito Grillo (qué suerte contar contigo, amigo) y que me ha regalado cuatro horas en un spa, aparte de un millón de oportunidades de volver al ruedo y empujarme para que me cuide más (el sábado fue muy misericordioso conmigo cuando me dijo que no hay nada más difícil que cambiar cuando sabes cómo hacerlo… Así es que, aunque sea por él, tengo que hacer este esfuerzo de cuidar más de mí y de ser más modelo y menos maestra

El otro propósito es el de ser más considerada con el mundo: en la parte humana, reconozco que hay algunas personas que se me atraviesan porque me han hecho daño y lo mejor que sé hacer es huir y obviarlas. Estas semanas me he propuesto no huir, enfrentarme a ellas y aceptar que están en mi vida, me gusten o no porque obviarlas, lamentablemente, no las hace desaparecer. Creo que me he portado razonablemente bien pero… la parte del medioambiente que tanto me preocupa la tenía un poco abandonada y la semana pasada una compañera de trabajo, Nisamar (hay que ver que nombres tan bonitos hay en Canarias) me dijo que sufría mucho por la cantidad de árboles que había que cortar y que ella recogía todos los papeles del instituto y se los llevaba en coche hasta su casa porque allí había un contenedor de papel y como cerca del instituto no lo había, al final la gente terminaba echándolo al contenedor de basura orgánica… y entonces me di cuenta de que ese día había tirado un botecito de crema a la basura y, aunque no es para fustigarse, evidentemente, sí es acicate para hacerlo mejor: separar la basura no requiere un gran esfuerzo como no lo requiere usar la bicicleta, en vez del coche, las escaleras, en vez del ascensor, la luz natural, en vez de la artificial, etc.

Qué os apostáis a que este año va a ser mucho mejor?

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Para qué voy a tener frío si no tengo abrigo

Hoy os propongo dos cuestiones en esto del desarrollo personal que estaré encantada de discutir esta semana, si os apetece:

1. El ser humano es egoísta por naturaleza y está bien que lo sea

2. El ser humano no tiene razón de ser sin al menos otro ser humano

Ya sé que el egoísmo está peor visto que la zoofilia pero lo cierto es que sin egoísmo sería muy improbable poder ser altruista. Veréis: si la Inteligencia Emocional dice que para obtener bienestar personal/profesional hay que aprender a tener buenas relaciones con uno mismo para poder tenerlas con los demás es porque se ha podido comprobar que uno no puede amar a otros si no se ama a sí mismo. Ejemplo: las personas que son muy celosas: a algunos les parecerá una forma romántica de amar cuando sin embargo los celos indican una necesidad de poseer al otro, vamos, que si pensamos que necesitamos poseer a otro para que nos ame es que no nos tenemos mucha estima y si no nos la tenemos no podemos tenérsela al otro. Por lo tanto, mi propuesta de hoy es aprendamos primero a ser egoístas, aprovechando que la esperanza de vida en el siglo XXI nos permite éste y otros experimentos: querámonos, hagamos cosas que nos proporcionen placer, dediquémonos tiempo, busquemos nuestro desarrollo personal, intelectual, profesional… Sabremos que lo hemos conseguido  cuando queramos compartir lo que somos y lo que hacemos para beneficiar a otros.

gemelasLa segunda premisa es una de mis favoritas pues responde a un viejo trauma. Mi madre, con la buena intención de picarme o motivarme, solía compararme con otras niñas: fulanita saca mejores notas, menganita es más cariñosa, beltranita hace mejor las cosas… Tardé años en encontrar un buen alegato que me sirviera como defensa: mamá, yo no puedo ser como zutanita porque tú no eres como su madre. Pero lo cierto es que los calificativos no tendrían sentido sin un referente, sin un comparativo, tanto como que el bien necesita del mal, la luz de la oscuridad y el hambre de la comida para poder existir.

Mi padre solía decir: ¿Para qué voy a tener frío si no tengo abrigo?

Cuando decimos que esa chica es muy guapa es porque conocemos a otra que es más fea. Cuando decimos que ese señor es maleducado es porque conocemos a otro que no lo es. No se puede calificar sin comparar. Ahora bien: es cierto que la comparativa, ya que existe, como también existe el egoísmo, podríamos utilizarla para, como bien deseaba mi madre, motivar. ¿Cómo? ¿Cuál es la diferencia? Ofreciendo un modelo incuestionable. Y como ya sabéis que soy una defensora a ultranza del modelaje, para mí lo mejor es sin duda ser modelos para nuestros hijos, emitiendo comparaciones positivas del tipo: “mira papá qué bien lo hace”. Aunque también podemos elegir modelos públicos y lejanos tipo: “a Einstein se le daban fatal las Matemáticas, y mira…”.

Mi hijo es fan de Ara Malikian
Mi hijo es fan de Ara Malikian

A nadie le extraña que para algunos niños Ronaldo y Messi sean ejemplos a seguir y, por querer ser como ellos, jueguen al fútbol hasta caer exhaustos. Pero hay muchos más modelos útiles para su desarrollo: os animo a que veáis con vuestros hijos el programa Pizzicato de TVE2. No hará falta comparar para motivar 🙂

Antes de morir

En su barrio de Nueva Orleans, la artista y TED Fellow Candy Chang hizo de una casa abandonada una pizarra gigante pidiendo completar la frase: “Antes de morir quiero…”. Las respuestas de sus vecinos –sorprendentes, agudas y divertidas– se convirtieron en un espejo inesperado para la comunidad y para el mundo que no dudó en adoptar la iniciativa.

Es curioso como todo está conectado. No hace mucho, comentaba esta noticia en Facebook y ayer mismo, en el LPA Sunday Shopping me lo encontré en plena Vegueta. Íbamos unos cuantos y en seguida me adelanté a coger tizas para todos. Yo escribí: BEFORE I DIE I WANT TO LIVE MORE! (¡Antes de morir quiero vivir más!). Después miré de reojo lo que escribían aquellos que me acompañaban: BEFORE I DIE I WANT TO BE FREE (Antes de morir quiero ser libre). Al principio me pareció genial: Si quieres ser libre, la mejor manera de empezar es decirlo, pensé. Luego me invadió una inmensa melancolía al darme cuenta de que si lo había escrito era porque no era libre, no se sentía libre. Empecé a mirarla, lo que llevaba puesto, lo que decía, lo que hacía, qué se escondía en sus ojos… No, no era libre.

Sé que mucha gente no lo es, he discutido de ello con mis clientes muchas veces y todos tienen un montón de justificaciones para su no-libertad: no tengo ganas de ir a esa boda, pero es un compromiso, me gustaría tomarme un respiro, pero no puedo… necesito más dinero, mi marido no me gusta pero es lo que hay, yo prefiero vivir en el campo pero mis padres prefieren que viva en la ciudad, yo hubiera querido ser pintora pero eso son fantasías, yo quiero viajar por el mundo pero tengo mis responsabilidades, etc. y, ¿sabéis qué? La gente que es feliz hace aquello que desea hacer, es más, es aquello que desea ser, es más aún: son las personas más admiradas y respetadas por los demás.

¿Y tú? ¿Qué quieres hacer antes de morir?