Categoría: coaching

Vistiendo al monje. Opiniones vs. juicios.

evolucion-frikiTodos los que han asistido alguna vez a mis seminarios se saben de sobra el Protocolo de Opinión, incluso los que no. Os aviso de que estoy en un momento de mi vida de re-evolución, un momento muy interesante en que vislumbro, con bastante claridad, lo que es importante para mí y lo que no lo es, lo que me aporta y lo que no lo hace, un momento de soltar lastre. Me encanta compartirlo con vosotros. Cuando miro atrás, e intento no hacerlo muy a menudo, me topo con algo que me ha preocupado desde pequeña, incluso antes, porque, con seguridad, fue heredado, la opinión de los demás.

opinionEn mi infancia, dos frases que he escuchado con demasiada asiduidad son qué pensarán los demásojalá te comportaras como los demás. He tardado muchos años en conocer a “los demás” y ahora, que ya conozco a una buena parte, al fin, me he liberado.

Por eso, desde hace más de diez años, cada vez que intuyo alguna falta de autoestima, me siento llamada a intervenir:

¿Qué diferencia hay entre una opinión y un juicio? Curiosamente, y con bastante frecuencia, las respuestas aluden a la negatividad del juicio y la positividad de la opinión…

¿Quién puede emitir un juicio? Aquí la cosa ya se centra: un juicio médico, legal, mecánico, psicológico… sólo puede ser emitido por un experto en la materia y, como mínimo, avalado con un certificado de alguna institución con trayectoria. ¿Qué tienen en común todos esos juicios? Que siempre buscan una mejoría.

¿Quién puede emitir una opinión? Parece ser que todos tenemos claro que cualquiera. ¿Qué objetivo tiene? Las negativas, hundirte la vida, las positivas, mejorártela. Bueno, eso lo decides tú. ¿Cómo? Como lo lees.

monjePongamos que la opinión, al carecer de objetivos éticos y loables, no valiese de nada. Es difícil llegar a pensar eso cuando llevas toda la vida pensando lo contrario, ¿no? En estos casos, en coaching, solemos utilizar la técnica de Vestir al Monje. Es decir, si tú coges a un tipo cualquiera, sin ataduras familiares, solo, sin tener muy claro de dónde viene o a dónde va y lo metes en un convento, le pones un hábito de monje, le cortas el pelo y le calzas unas sandalias, es evidente que no se convertirá en monje, pero lo cierto es que “los demás” empezarán a verle como un monje, incluso a tratarle como tal. Si, además del vestido, añadimos algunas conductas como hablar con suavidad, escuchar con empatía, rezar varias veces al día, ir a misa y dar todo lo que tiene a los que lo necesitan, en tres semanas tendremos a un monje reconocido socialmente. En realidad, no sabremos si lo es o no, pero podemos asegurar que está más cerca de serlo que al principio. Esta técnica utilizada en Programación Neurolingüística ha servido para hacer de pobres ricos, de gordos flacos y de infelices, felices… es para asustarse de su eficacia, ¿no?

En esta ocasión, vamos a utilizarlo para eliminar la creencia limitante las opiniones de los demás son importantes:

En caso de que la opinión sea positiva: sonríe y contesta “gracias”. No es necesario devolvérsela ni sobrevalorarla. Se agradece su amabilidad aunque, lo cierto es que no importa. Es fundamental tener este pensamiento y actuar de la manera que se señala.

En caso de que la opinión sea negativa: nos costará un poco más pero el protocolo, una vez más, consistirá en sonreír (con la mayor sinceridad posible, sin ningún atisbo de ironía, por favor) y decir “esa es tu opinión”. No importa si se da cuenta de que eso solo tiene valor para quien la emite, no para quien la recibe, este es un entrenamiento para TI.

Habrá que practicar mucho y te costará hacerlo un hábito pero, la buena noticia, es que oportunidades para practicar no te van a faltar 🙂 No solo te sentirás mejor, sino que aquellos acostumbrados a darte su opinión, dejarán de dártela puesto que no surte ningún efecto.

Esto nos lleva a dos reflexiones:

  1. ¿Quién puede hacer un juicio sobre mí?
  2. ¿De verdad que las opiniones no importan? 

En realidad, nadie que no seas tú mismo, puede hacer un juicio global sobre ti. No. Ni siquiera tu madre o tu pareja, mucho menos tus hijos. Siempre hay una parte que no conocen, en tiempo y espacio. Eso sí, pueden opinar. Lo que ocurre es que la opinión, en sí misma, ni tiene ni genera ningún valor 🙂

reputacion_lincolnEn Inteligencia Social, las opiniones se consideran importantes porque son las que ayudan a construir la reputación y la reputación es la que te facilita encontrar un buen trabajo, vivir en un buen lugar y conocer a la gente que quieres conocer. Es importante que tengas fichados a tus grupos de interés, esto es “la gente que te interesa para lograr tus objetivos”. Ya sé que suena fatal pero es importante que llamemos a las cosas por su nombre y que dejemos de considerar peyorativa la palabra “interés”. Por ejemplo: un escritor no es mejor ni peor porque entre sus objetivos esté el querer vender libros, ¿no? entonces tendrá que gustarle a sus lectores, si no… Una vez localizados, es imprescindible que te acerques a ellos y mantengas conversaciones lo más fructíferas posibles. La mejor noticia del día es que, si tus intereses son éticos y de madurez personal y profesional, vas a encontrarte con muchas personas que no opinan, a no ser que les preguntes, lo que se conoce como “gente educada”.

reputacion_mitchelEn cualquier caso, parece ser que, para tener una alta reputación social, son necesarias las opiniones positivas de los demás. La cuestión es cómo puedes influir en ellas, aunque esta ya es materia de otro artículo. Ahora, con las redes sociales, todo resulta más fácil, puedes construir tu identidad como quieras, siempre que no tengas que enfrentarte a tus seguidores en la vida real, claro, porque Facebook es fantástico para las largas distancias, en las cortas es fácil comprobar que no eres lo que pareces y como consecuencia, tu reputación caerá por los suelos… Es un juego harto complicado y poco rentable, porque al final, es muy difícil librarse de uno mismo, así es que es mejor trabajar en ser aquello que quieres ser, así no tendrás que disfrazarte de nada 🙂

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Cuestionando los límites

bebes-pizarraAlguna vez te has parado a pensar ¿quién eres? ¿eres lo que quieres ser? ¿eres lo que otros han querido que seas? ¿cómo lo distingues? En el hipotético caso de que nazcamos puros, como una pizarra en blanco, ¿quiénes han escrito todas esas majaderías que guardamos en nuestras cabezas? ¿quién te dijo que eras inteligente, o no lo suficiente? ¿alguien te dijo que podrías ser cualquier cosa que soñaras? Ahora que eres tú quien puede ejercer ese poder sobre tus hijos, ¿lo haces?

El efecto pigmalión: se conoce cómo el impacto y la influencia que tiene la creencia de una persona en otra.

Hay palabras, frases, que se quedan grabadas en nuestra mente para siempre y ahora, que ya somos mayores, es difícil distinguir entre si lo que aprendimos fue por propia experiencia (y de una experiencia hicimos un universo) o si nuestros padres, maestros, amigos… nos lo dijeron y lo creímos. En nuestro país parece que la sabiduría popular, encerrada en un cajón enorme con una etiqueta pequeña que reza: creencias limitantes, ha hecho de las suyas, no sabemos si por interés o complejo de quién, y algunos han adoptado varias de esas verdades para predicar o, peor aún, para vivir. Así, no es poco común escuchar terribles frases como: quien bien te quiere te hará llorar; de tal palo, tal astilla; más vale pájaro en mano que ciento volando; más vale ser cabeza de ratón que cola de leónaprendiz de mucho, maestro de nada; aunque la mona se vista de seda, mona se queda; bueno y barato no caben en un zapato; burro grande, ande o no ande; cada oveja con su pareja; cría fama y échate a dormir; cuando el gato está ausente, los ratones se divierten; cuanto más alto subas, más grande será la caída; dame pan y llámame tonto; unos nacen con estrella y otros estrellados… machismo

Me preguntaba un amigo que cómo sabía que eso eran creencias limitantes… porque… ¿te limitan? ¿Acaso no estás poniendo barreras infranqueables cuando crees que en el amor hay que sufrir, que de la genética no se puede escapar, que la seguridad es más importante que la ambición, que es mejor vivir en un ático en Damasco que en un sótano en París, que solo hay que saber de una cosa (a la hoguera los renacentistas), que no hay posibilidad de cambio si has nacido de tal o cuál manera, que no es posible ofrecer calidad a bajo precio (que se lo digan a Amancio Ortega), que el tamaño no solo importa sino que es lo único que importa, que la monogamia es el único modo, a ser posible entre personas de la misma clase (espera, estoy oyendo descojonarse a Letizia), que si te esfuerzas ahora no tendrás que esforzarte nunca más (venga, Nadal, diles), que cuando no está el jefe la gente no trabaja (el fin de las cooperativas), que si sobresales, te vas a hundir, que el que paga la cuenta te puede tratar como le venga en gana, que el destino está escrito, que no hay nada que hacer… ?

La primera vez que suspendí una asignatura fue en séptimo de EGB. La profesora llamó a mi madre y le dijo, muy indignada, que cada vez que me enseñaba algo, quería saber el para qué, que no era disciplinada ni obediente. En ese preciso momento me di cuenta de que debía dejar de ser disciplinada y obediente. Ese día empecé a ser libre.

gandhi-verdadDesde pequeña mi madre me llevó a la iglesia. Siempre me interesó la teología. A los teólogos de la Universidad Pontificia de Salamanca les encantaba que les cuestionase, eso les hacía más fuertes. A los sacerdotes que cuestioné y me castigaron les dije que no creían en Dios… y me desterraron. Entonces elegí el destierro, allí conocí a gente realmente valiosa.

¿No os parece que es tiempo de cuestionarse eso que algunos llaman “la verdad”? ¿La verdad de quién? ¿Acaso no decía Einstein que la verdad, la realidad, a pesar de ser obstinada era relativa? ¿Por qué tu verdad va a ser más verdad que la mía? Si tu verdad me hace daño y no me deja ser libre, la cuestionaré una y mil veces, no la voy a creer solo porque tú lo digas, no soy una niña, bastantes patrañas me contaron entonces… Es tiempo de saber quiénes somos y quienes queremos ser, antes de que sea tarde.

Los tres salarios

salariosComo ya sabéis, a finales de 2014, creé AUDAZIA People Focused a medias con mi socio, Javier Viruel. Decidí dar este paso tras casi 10 años como autónoma. En realidad eso no ha cambiado, la diferencia es que ahora tengo la responsabilidad, afortunadamente compartida, de generar trabajo no solo para mí, sino también para las personas que están en mi equipo y que no son yo -atención al matiz que parece que no importa pero es la clave de la cuestión-. Durante muchos años he asesorado empresas y organizaciones siempre desde un enfoque positivo y humanista y ha sido un ejercicio maravilloso. Los empresarios/directivos se sentían escuchados y apoyados y sus equipos de trabajo, también. Aprendí mucho de entonces y he tratado de aplicar todo ello a mi propia empresa. Algo que hizo que mi proyecto profesional navegara con viento en popa y a toda vela fue mi regla de los tres salarios.

Mi regla de los tres salarios es un código de beneficios que creé cuando mi cartera comenzó a crecer y pude elegir. Una regla basada en mis necesidades, que supongo que son las de cualquiera, sabiendo que suponer es uno de los grandes errores de la humanidad, claro, con la esperanza de que pueda ser útil, en general, a todos, ya que vale tanto para una parte como para la otra.

Salario primero y primario: ECONÓMICO. No es difícil ponerle precio a un trabajo si se conoce el mercado y la competencia, esto es fundamental para cuando vayas a una entrevista y te pregunten por tu rango salarial. No he sido ambiciosa en este sentido, por lo cual siempre he tratado de ajustarme a las posibilidades del cliente a la vez que procurarme unos beneficios al año que me evitaran pensar en el dinero, que es algo que no aprecio demasiado, lo que no le resta un ápice de importancia, que si no no tendría como socio al mejor financiero del mundo; que conste en acta.

Salario segundo que no secundario: EMOCIONAL. Hay empresas, más en estos tiempos, que no pueden pagar lo que te mereces, así es que, si el cliente no tenía un presupuesto que cubriera mis mínimos, antes de tomar una decisión, valoraba cuestiones como: ¿me interesa trabajar con esta empresa? ¿es acorde a mis valores? ¿me permite flexibilidad? ¿me da libertad? ¿nos entendemos bien? ¿puedo hacer algo por ellos que realmente suponga una diferencia y mejore su rendimiento? ¿podré disfrutarlo? ¿mejorará mi reputación profesional?¿me hará feliz?

Salario tercero aunque no menos importante: INTELECTUAL. ¿Me procura algún tipo de aprendizaje? ¿es algo puntual o es un modo de comenzar una relación que me puede reportar beneficios como profesional a medio/largo plazo? ¿es una forma de enriquecer mi networking? ¿me hará más sabia?

Con estos parámetros tan sencillos he tomado decisiones muy importantes con buenos resultados. No siempre mi salario ha ido subiendo, de hecho, hoy por hoy, es un 16% más bajo que hace 6 años, pero siempre he procurado que se compensara con la parte emocional y la parte mental o intelectual. De modo que es lógico que eso sea lo que quiero para los míos. Audazia hace un esfuerzo para procurar los tres salarios a todas las personas que compartimos esta pasión por la consultoría artesanal, por eso es importante entender que en Audazia solo tienen cabida los audazes -así con z, por permitirnos esa imperfección :-, porque hay que ser muy audaz, hoy por hoy, para saber lo que quieres y tener la firmeza de saber pedir aquello que te compensa, aquello que te permita tener un trabajo del que no desees jubilarte, y más audaz aún para valorar y saber dar a cambio de los tres salarios una parte proporcional de tu tiempo, tus conocimientos, tu amabilidad, tu respeto, tu creatividad y tu pasión. ¿Eres audaz?

Con el tiempo tenemos el objetivo de añadir un cuarto salario, el social, para que otros, más necesitados, se puedan beneficiar de estas relaciones tan enriquecedoras. Os seguiré contando…