Categoría: Creencias limitantes

Felices vocaciones

En este maltrecho mundo que nos vamos construyendo sin a penas planificación y con muchas dosis de improvisación, la polivalencia se ha vuelto un básico imprescindible. Así es que, sí, si estás en este país nuestro, enhorabuena, seguro que tú también eres un polivaliente, que lo mismo sirves pa un roto que pa un descosío. Y qué bien, porque las empresas no tienen pasta para pagar a tanto especialista. ¿Tanto nos cuesta apreciar a aquellos que quieren hacer preguntas? ¿Estamos tan tontos que creemos que los listos son los que tienen todas las respuestas en este absurdo trivial? Pues los polivalientes a las barricadas, para todo lo demás… un experto. Y los que han conseguido ser expertos en algo, a seguir estudiando, o dejarán de serlo.

Cada día estoy más enganchada a la serie esta del animal humano, a sus costumbres, hábitos y comportamientos y a la consecuencia de todo ello. Así es que no puedo parar de observarlo, de estudiarlo… A ver si va a ser esa mi vocación… El año pasado hice un descubrimiento muy importante: la sobrevaloración del talento, algo totalmente insuficiente, frente a la necesidad absoluta de personas responsables y currantes que asumen sus limitaciones y sus errores y que luchan por mejorar cada día. También descubrí, hace más años, la sobrevaloración del academicismo, como si un título fuera garantía de algo o te diera derecho a algo, pues anda que no conozco personas con títulos colgados en sus paredes sin mucho o ningún contenido ni ninguna curiosidad por su especialidad, personas que no saben nada ni tienen intención de saber.  Y el último hallazgo fue el absentismo como la pandemia del s. XXI a la que se podía poner solución con medidas que compensaran los bajos salarios económicos y estimulasen la calidad de vida y la conciliación familiar. Sí, sí…

Pues, no se vayan todavía, aún hay más: últimamente he re-descubierto que el bien más preciado de un ser humano y el requisito más codiciado en un candidato para una organización es la vocación. Es un asunto incuestionable que no se tiene en cuenta en ninguna oposición ni en la inmensa mayoría de selecciones. Vocación de ser madre, de ser barrendero, pinturera, monja, puta, portero, maestra, dentista, mecánico, bombera o lo que sea. Si tienes vocación, lo tienes todo. Lo demás es accesorio. ¿Cómo lo había olvidado? La iglesia católica siempre fue una experta en tales lides, aunque hoy ya solo queda el reducto del Opus Dei pero es, sin duda, su gran fortaleza: tener a gente preparada y con vocación, con eso se levanta un mundo. Siempre me han apasionado los conventos y escuchar a monjas que te explican con fervor su entrega y su vocación. santa-teresaSoy fan de Santa Teresa, qué tía más alucinante, una Frida Kahlo del copón. Qué maravilla. Lo había olvidado. Hace mucho que no piso un convento. Pero, sin embargo, también he podido encontrarlo en Japón, en esos taxistas de traje y guante blanco, en el señor que te cobra el periódico, la señora que te sirve la comida, todo lo hacen con tal ceremonia y devoción que los occidentales nos quedamos boquiabiertos. Aquí solo permitimos la vocación a los médicos, bueno, a los neurocirujanos porque a los de medicina general no, que eso lo hace cualquiera. Y entre todos vamos forjando esta sociedad que desprecia, que no valora, que no dignifica el trabajo ni a quienes lo ejercen. Esta mañana leí a la Coixet en instagramLas camareras de los hoteles y las mujeres de la limpieza en general, me parecen de las personas mas auténticamente admirables y menos valoradas del mundo.

¿Has leído a Lucía Berlín? Pues no sé a qué esperas, qué maravilla…

Lucha por tener vocación. No hay nada mejor. Y la vocación no es innata. Déjate de tonterías. Tú no naces sabiendo qué quieres ser de mayor. Lo vas construyendo con personas que te inspiran, películas que te deslumbran, libros que te arrasan y dices: “yo quiero ser eso” y, si tienes la suerte de tener una familia que no se empeñe en quitarte la idea de la cabeza, y un ambiente social al que eso no le parezca una chorrada, estás de suerte, tu camino a la felicidad está dispuesto.

Tienes toda la vida para tener vocación. Empieza a entrenarla ahora. Empieza por la más esencial de todas: la vocación de servicio. Si te chifla servir a los demás, si te apasiona ver a la gente feliz a tu alrededor y contribuyes a ello y disfrutas viendo como los demás disfrutan, la tienes. Si la sociedad te ha corrompido tanto y te ha idiotizado tanto que piensas que servir a los demás es un acto de tercera, muérete del asco (y me coges en Navidad, que podría decirte cosas peores) y piérdete la vida y la vida de los millones de personas maravillosas que hay en este mundo. Y deja de pensar en ti, coño.

Lucha por tener vocación. Compite ferozmente contigo mismo. Si eres madre, sé la mejor que puedas ser, estudia, prepárate, si estás en paro sé el mejor candidato que puedas ser, si eres pintor pinta como si de ello dependiera tu vida, porque es cierto, tu vida depende de cuánto sepas amar lo que haces. Esta noche, echando un vistazo a Twitter, me encuentro a un grupo de estudiantes adolescentes vitoreando a su maestro, Agustín Moreno, y me entra una felicidad tremenda. Esto tendría que pasar a diario, tendría que ser lo habitual. Hoy se considera una noticia.

Esta tarde escuchaba a una cantante (Ane Leux) en Radio 3 y me quedaba enganchadísima por lo flipada que estaba con la música. Licenciada en periodismo, pero resulta que su vocación es la música. Esta tía va a hacer feliz a tanta gente… A mí la primera.

Somos lo que hacemos. Despierta. Felices vocaciones.

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El Teorema de los Pares

dinamicas
Jóvenes jugando al aire libre

Recuerdo aquella mañana de primavera de 1995. Estábamos en clase de Pedagogía, cuando, nuestra profesora, la entrañable Puri Gato, nos exhortó a salir fuera, a conocernos, a relacionarnos, a entender que, el requisito imprescindible para ser un buen educador es el interés en el otro (jamás imaginó las consecuencias que esto tendría en nosotros y cómo nos marcaría la vida, para siempre). Salimos al césped y comenzamos a interactuar. Los que teníamos experiencia en campamentos, tomamos las riendas y comenzamos a hacer dinámicas para integrarnos y divertirnos. Creo que toda la clase participó aunque, poco a poco, fueron retirándose, unos porque era la hora de comer, otros por timidez, otros porque aquello, definitivamente, no era lo suyo. Quedamos diez. Los diez magníficos se convirtieron en una pandilla, admirada y envidiada por todos: divertidos, ingeniosos, predispuestos, creativos, inseparables. Poco a poco, no de una manera consciente, cada uno encontró su par. Cuatro pares bien avenidos, excepto uno. Aunque todos éramos muy diferentes, había algo poderoso que nos unía, ciertos  principios, intereses y objetivos tácitos muy claros; no fue así con uno de los componentes. Hacía infeliz a su par y, por tanto, al resto. Finalmente, salió del grupo, y eso, que al principio resultó un alivio,  fue el principio del fin. La reorganización no funcionó ¿cómo podía hacerlo si siempre había uno de pico?

Familia
Familia convencional

Este aprendizaje se quedó en mi retina y no he dejado de observar el mismo patrón en cuantos grupos me he encontrado: aulas, empresas, asociaciones, familias… Precisamente, la mía es impar. Me fijo en la reacción de uno u otro cuando mi atención se centra en el contrario: comienzan las tensiones. Es difícil mantener un grupo impar, siempre habrá alguien que, en un momento determinado, estará solo y sentirá, de forma más acusada, la soledad. Entonces te das cuenta de cómo nuestra sociedad se ha organizado en parejas, de cómo tener dos hijos es una opción muy común, de cómo los pisos tienen puertas pares en sus plantas o los autobuses sus asientos emparejados, de cómo la dicotomía está omnipresente en nuestras vidas, tanto que, a algunos, se les olvida que no es la única opción aunque, sí, seguramente, la más sencilla. Por cierto, he visto familias impares tratando de compensar la paridad con una mascota. Olvídalo, los animales no humanos, no funcionan como nosotros, no valoran la exclusividad, no son tan complejos.

La mayoría de los procesos humanos son bidireccionales y no es baladí que las organizaciones más poderosas promocionen y nos motiven para participar de un sistema por parejas, económicamente, socialmente, políticamente, acaso, ¿hay alguna forma mejor? es comprensible. Si el proceso más intenso y más relevante para las personas es la comunicación y esta necesita de un emisor y un receptor, estamos ante el binomio más determinante en nuestra forma de relacionarnos. Piénsalo, ¿puedes escuchar a dos personas a la vez? No es de extrañar que, ante esta constante, casi de obligado cumplimiento, muchos sueñen con el deseado trío. ¿Lo has pensado? ¿Dos personas pendientes de ti? ¿A la vez? ¿Lo has pensado al contrario?

¿Te suena el refrán Dos son compañía, tres son multitud? Según el Instituto Cervantes, se utiliza cuando es preferible limitar el número de personas para conseguir que reine la concordia. Se aplica a los negocios, porque resulta más fácil que haya pocos socios a muchos, por la discordancia en los distintos pareceres. Así es que es una cuestión de concordia, de unidad, de solidez de un organismo desbordado por un número ingente de elementos.

alumnos en clase
Alumnos de ESO en clase

Empezamos a observarlo en la escuela. Previamente a la LOGSE, nos sentábamos por parejas y algunas clases se organizaban, dependiendo de la destreza y el interés de la maestra/o para conocer a su alumnado, de modo que tu compañera te complementara, si no era así, te esperaba un curso terrible. Cuando empezamos a introducir el juego en el aula, pocos eran los que admitían jugadores impares. Principalmente porque , aunque tenemos dos ojos, solo tenemos una mirada y, aunque tratemos de engañar a nuestro cerebro creyendo que puedes estar escuchando la conversación de un amigo mientras vigilas que tu hijo no se caiga, en realidad, lo que estamos haciendo es una intermitencia que nos agota sobremanera y no nos deja concentrarnos en nada. Todo lo contrario a lo que promueve el mindfullness que nos dice que nuestra concentración tiene que estar dedicada a una sola cosa y, contigo, hacer el par. Supongo que es una cuestión de equilibrio.

Meritxell Calvo en el taller de Agilismo
Meritxell Calvo en el taller de Agilismo

Esta semana, tras haber asistido a un taller de Agilismo, gracias a nuestro partner tecnológico, Edosoft Factory, y la estupenda intervención de Meritxell Calvo de Flywire, he descubierto, con regocijo, el pairing, como técnica de trabajo para garantizar la calidad y la profundidad de los resultados. El pairing cuestiona la jerarquía clásica y propone una disposición sobre un eje horizontal en lugar de vertical, donde cada cual cumple su cometido, sin estar por encima ni por debajo de los demás. En lugar de trabajar por horas, se trabaja por objetivos y el tiempo pasa a ser un recurso más y no una meta. El secreto de esta metodología es su técnica de trabajar emparejados, el rotundo éxito se encuentra en que la pareja debe cambiar varias veces al día, consiguiendo que puedas emparejarte con todo el equipo en una semana y después, volver a empezar. No llegas a cansarte, te mantiene siempre alerta y siempre escuchando voces distintas que te proporcionan miradas distintas y distintos y mejores resultados.

Mi escena favorita de la película de Bertolucci: The Dreamers (2003)
Mi escena favorita de la película de Bertolucci: The Dreamers (2003)

¿Y los tríos? ¿no son posibles? Obviamente sí, pero no son sencillos de gestionar. Es difícil asegurar que uno reciba la atención deseada de aquel a quien más desea pero si, a pesar de eso, te has dado cuenta de que quieres/amas/deseas a dos (o más personas) y quieres mantenerlas en tu vida, tendrás que buscar fórmulas no tradicionales. Exactamente igual que aquel día que decidiste juntar a tus dos mejores amigos y resultó desastroso; entonces aprendes, no los juntes, disfruta de la oportunidad de tener varios pares y aplica el principio: mucho, en poco tiempo, con toda tu atención.

Loyalty Experience, o cómo la lealtad sobrevivió a la fidelidad

propiedad de http://trome.peEn el post De contratos indefinidos y otras estupideces,  comenzaba a hacer referencia a la fidelidad versus lealtad desde un punto de vista cultural, y ligado, de alguna manera, a las nociones de compromiso y responsabilidad que tanto tienen que decir sobre esta cuestión. Retomo ahora este tema, aprovechando la moda del Loyalty experience, cuyos programas comienzan a demandar nuestros clientes. A pesar de que, lingüísticamente, a penas encontramos diferencia entre fidelidad y lealtad, lo cierto es que, desde un punto de vista semiótico(*), la fidelidad tiene un poder otorgado muy superior. En términos sexuales, podríamos decir que el primero es algo más pornográfico frente al erotismo del segundo. Seguramente, porque la fidelidad implica acato y, sin embargo, la lealtad va más allá de la obediencia contraída. La fidelidad es una deuda, la lealtad, un regalo.

maloconocidoLa cuestión es que la fidelidad sostiene un concepto manoseado, tradicionalista e impositivo, entendido como la capacidad de cumplir una promesa, de modo que, si has prometido ser fiel, es casi una redundancia. Por ejemplo, si me dices que mi tableta tiene dos años de garantía, pero al año se me estropea y tú me dices que no son daños ni defectos de producto sino del uso que le he dado, consideraré que me estás traicionando y, por lo tanto, que me eres infiel. Puede pasar lo mismo con un programa político que te han prometido que cumplirían, y no lo han hecho, o incluso que, después de haber celebrado nuestras bodas de plata, con todos los honores, te encuentre en mi cama con una señorita aprovechando que estoy de viaje de negocios. Todas son infidelidades. Todas, en nuestro país, se perdonan. Es una cuestión de cultura; más bien de incultura y de un tatuaje que nos hacen a los españoles al nacer que reza: “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.

fans

Sin embargo, el concepto de lealtad, sin necesidad ninguna de imposición, no es un tema a tratar en familia o en las organizaciones porque, ¿cómo se trata lo que no se puede imponer? En realidad, la lealtad tiene pocos caminos de transmisión y pocos cuentos que contar. Yo confío en ti porque tú confías en mí, yo te soy leal por eso y, seguramente, por eso, tú me serás leal a mí. En el ámbito personal podríamos decir que, cuando te acostaste con esa señorita, si le dijiste que la mujer más maravillosa del mundo es aquella con quien estás casado, puede que sea infidelidad pero, desde luego, es lealtad, y, no lo vas a creer pero, si a pesar de ello, esa señorita quiere seguir viéndote es porque te es leal. En el ámbito empresarial, como en el personal, la lealtad requiere de fans, no de clientes. Los fans te aceptan como eres porque te admiran, te desean, quieren repetir, como sea. No es el caso de un cliente. El cliente reclama su satisfacción una y otra vez, se enfada muchísimo cuando no la obtiene y a penas se alegra cuando sí. El cliente puede ser un tirano al que nos subordinamos porque, finalmente, es quien paga la cuenta.

La lealtad no se puede negociar, no se puede comprar. La lealtad es el valor en un mundo necesitado de valores. La lealtad es eso que las grandes corporaciones, las grandes bandas de rock, el fútbol y algunas personas han conseguido.

PD: la Semiótica trata la Comunicación siempre en referencia a las sociedades humanas.