Categoría: Creencias limitantes

El imperio de la felicidad

La infelicidad tiene un color...
la felicidad enlatada…

Empecé a escribir este post cuando, en Audazia, People focused,  nos planteamos cuál queríamos que fuera nuestro mantra. No tardamos mucho en decidir que debía incluir la palabra felicidad. Habíamos caído en la trampa. Seducidos por la ínclita felicidad, encorsetada, diseñada y prostituida una y mil veces para imponerse, de manera totalitaria, en nuestra vida personal y profesional, nos habíamos sumado a una corriente invisible  y sectaria que nos obligaba a consumir felicidad sin previa degustación. ¿Qué felicidad es esa que presume de estar patrocinada por una bebida gaseosa y azucarada responsable de diabetes, enfermedades cardiovasculares y obesidad en personas de los cinco continentes? ¿cuándo empezó a traficarse con felicidad en redes sociales en las que, a cada segundo, medio mundo trata de demostrar a la otra mitad lo feliz que es? ¿de dónde proviene la politización de la felicidad? ¿cómo ha llegado a ser el mejor negocio del planeta? 

De repente, ya no estábamos tan seguros. Si manteníamos nuestra decisión, deberíamos diferenciar esa felicidad, elemento de consumo, de la otra, una felizidad con z, de Audazia, aquella que solo es posible si tu trabajo se relaciona con tu vocación, tus expectativas y tus competencias, ¿es esto real? ¿podríamos soportar la falta de ortografía?

A ver si te vas a distraer...
A ver si te vas a distraer…

En estos años, las empresas y los consultores dedicados a promover la felicidad en tu trabajo, en tu vida, en tu desayuno, en tu perro… se han multiplicado, sin compasión. Hace unos meses,  charlando con algunas madres, preocupadas por hacerlo bien, mejor que nuestros padres… ¿crees que podemos hacerlo mejor? ¿solo por el hecho de tener más información? ¿acaso eso no lo complica todo? La obsesión de mi madre, y de todas las madres de mis amigas, de mi generación, era que fuéramos a la universidad; ahora eso ya no parece tan importante (para lo que sirve…), ahora lo importante es que seas feliz: ¡sé feliz o te castigo toda la tarde sin el iPad! Joder, que no haces caso… 

Ai no korîda (N. Oshima, 1976)

¿No os recuerda a aquella película que tanto nos impresionó en los años setenta? En El Imperio de los Sentidos, la pasión se adueñaba de una pareja de amantes que había hecho del sexo su imperio, sin importarles nada más, hasta el punto de confundir placer con dolor… ¿no os recuerda a esta situación? Un tipo de relación con la satisfacción, como este, hace que los vínculos humanos se vuelvan casi insoportables. Cuando el otro comienza a ser un impedimento para mi felicidad… ¿qué hacemos con él? Despedirle, alejarle, darle de lado, anularle… Cada vez más deshumanizados, hasta tal punto de abandonar todo erotismo y sumergirnos en una pornografía artificial de efecto inmediato. Las secuelas son implacables: falta de tolerancia absoluta al aburrimiento, la frustración, el fracaso, el error, la procrastinación, la melancolía, el ostracismo… El apartheid de los sosos, amargados, tímidos, tristes… como si no les necesitáramos. ¿De verdad que tienes que tener una actitud positiva a pesar del cáncer, del despido, del abandono de tu mujer, del accidente, de tu angustia…?

Como podeis imaginar, al final desterramos la palabra felicidad. No nos interesa. Para empezar porque no nos gusta que nos impongan nada, creemos en la oportunidad de dejar que cada uno sea lo que quiera ser, sin obligarle a que sea como los demás o a que se comporte como nos gustaría que lo hiciera. Como dice el periodista, Quique Peinado, una cosa es tratar de buscar la alegría, que es temporal, y otra imponer la felicidad de forma permanente, como una gran mentira que nos obligue a ocultar nuestra frustración por no serlo.

Nos interesa trabajar con empresas que mejoran la sociedad, a nivel económico, ecológico y humano. Nos interesa trabajar con personas que se esfuerzan por hacer un buen trabajo y que quieren disfrutar de él. Ese es nuestro foco. Ya solo quedaba el mantra… pero ese… os lo cuento en otro post 😉

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El denostado egoísmo

Las preguntas que me hago esta semana son: ¿qué es el altruismo?¿qué sentido tiene? ¿existe en realidad?

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La labor de Médicos Sin Fronteras como ejemplo de altruísmo

¿Hay personas que son capaces de hacer cualquier cosa por procurar el bien ajeno? Absolutamente sí. De hecho… ¡conozco a muchas!, Pero, ¿incluso a costa de su propio beneficio?. ¡Uf! Es que… ¿ayudar a los demás no supone beneficiarse? acaso, ¿quién decide ayudar a otro no gana siempre? Incluso, en algunos casos, ¿ayudar a otros no es una manifestación de egoísmo?, por aquello de, en vez de ocuparte de lo tuyo, te ocupas de lo de los demás… (ya sabéis que lo mío es provocar… sigamos leyendo).

El egoísmo es la base de la supervivencia animal, como la madre que si no se alimenta no tiene leche, como el padre que si no es lo suficientemente fuerte para defenderse a sí mismo no podrá defender a sus hijos. Es un principio básico que debería aplicarse en todo, si no estás bien, no estás en condiciones de ayudar a otros.

El egoísmo, esa conducta denostada, muy castigada por muchos muchos interesados, es muy necesario. Cuidado, hasta que ya no lo es. Es necesario cuando no tienes nada más, como un bebé. Un bebé solo piensa en sí mismo, este es un excelente indicativo de supervivencia. Llora y grita y clama por sus necesidades, su bienestar. Una vez va creciendo y asegurándose de que estas están cubiertas y/o sabe cómo cubrirlas, estará preparado para ocuparse de los demás. Hay infinidad de personas, cada vez más, que nunca llegan a estar preparadas porque no sienten sus necesidades satisfechas, ¿cómo van a estar dispuestas a dar si están enfocadas en recibir? Personas que no han madurado, porque no han querido, o no han podido o no las han dejado.

maslowMaslow y su pirámide nos enseñaron que hay cinco niveles de necesidades, dependiendo de la evolución socioeconómica y cultural. Los dos primeros son la base para todo lo demás, por lo que son, y deberían ser, de obligado cumplimiento en cualquier sociedad. El tercer nivel, menos práctico y más afectivo, es necesario para conseguir cierto equilibrio emocional. El cuarto y el quinto son solo para adultos afortunados, sí, sí, para ti y para mí. En una sociedad como la nuestra, los cinco niveles deberían estar más que cubiertos. Deberíamos haber podido invertir en nosotros, para ayudar a los que no han podido. Deberíamos ser grandes egoístas-altruistas.

Una pregunta que me hacen mucho y de la que hablábamos el otro día en el programa de Adolfo Martín, Estando contigo, es ¿cómo puede ser que si conocemos el secreto de la felicidad, la gente no sea feliz, plena, completa? Digamos que la llave está en la Inteligencia Emocional y que la buena noticia es que la Inteligencia Emocional se puede entrenar. La cuestión es ¿Dónde están los entrenadores? ¿Quién los prepara? ¿Por qué no hay universidad que sea capaz de producir expertos? Pues, porque en esto de la Inteligencia Emocional, no basta con saber, hay que ser. Si no tienes un nivel alto de Inteligencia Emocional no la puedes enseñar porque el mejor canal de enseñanza es el contagio.

La maravillosa Audrey Hepburn
La maravillosa Audrey Hepburn

Aquellas personas con un alto nivel de Inteligencia Emocional son altruistas. Pero no por una cuestión de bondad-maldad (qué sandez la de reducir todo al blanco y negro) sino por una cuestión de pura inteligencia. Las personas más inteligentes saben que la cooperación, la filantropía, la generosidad, la hospitalidad, la humanidad y la empatía son, con toda seguridad, las recetas del éxito.

Ahora vamos al cómo. Para empezar, auto-observación: ¿soy egoísta? Mejor aún: ¿estoy preparado para no serlo? ¡Pirámide de Maslow al canto! A ver cómo ando con eso de cuidarme: tengo para comer, tengo cobijo, tengo gente que me quiere y a la que quiero, aporto algo a la sociedad que me rodea… ¿he llegado donde quería llegar?  ¿estoy en el camino? Que hay alguna respuesta negativa, pues ¡hala! a programar: “plan de choque – plan de vida”. Podemos empezar con algo muy sencillo, una variación en el lenguaje: ¿utilizo mucho el yo, mi, me, conmigo? ¿me hago muchos selfies? ¿envío fotos mías a todo quisqui? ¿Cuándo alguien me cuenta su situación termino contándole la mía? ¿considero que he tenido “mala suerte” en la vida? 

¡son míos!
¡son míos!

Ser egoísta es una señal de involución. Desplegar nuestra ira con los egoístas no lo es menos. La compasión es lo único que nos ayudará a unos y otros. Tú, como buen egoísta, ya sabes que no hay nada que procure mayor beneficio que ocuparte de los demás y si no lo sabes, no es que seas egoísta, es que eres un niñato (también vale para niñata) 🙂

Vistiendo al monje. Opiniones vs. juicios.

evolucion-frikiTodos los que han asistido alguna vez a mis seminarios se saben de sobra el Protocolo de Opinión, incluso los que no. Os aviso de que estoy en un momento de mi vida de re-evolución, un momento muy interesante en que vislumbro, con bastante claridad, lo que es importante para mí y lo que no lo es, lo que me aporta y lo que no lo hace, un momento de soltar lastre. Me encanta compartirlo con vosotros. Cuando miro atrás, e intento no hacerlo muy a menudo, me topo con algo que me ha preocupado desde pequeña, incluso antes, porque, con seguridad, fue heredado, la opinión de los demás.

opinionEn mi infancia, dos frases que he escuchado con demasiada asiduidad son qué pensarán los demásojalá te comportaras como los demás. He tardado muchos años en conocer a “los demás” y ahora, que ya conozco a una buena parte, al fin, me he liberado.

Por eso, desde hace más de diez años, cada vez que intuyo alguna falta de autoestima, me siento llamada a intervenir:

¿Qué diferencia hay entre una opinión y un juicio? Curiosamente, y con bastante frecuencia, las respuestas aluden a la negatividad del juicio y la positividad de la opinión…

¿Quién puede emitir un juicio? Aquí la cosa ya se centra: un juicio médico, legal, mecánico, psicológico… sólo puede ser emitido por un experto en la materia y, como mínimo, avalado con un certificado de alguna institución con trayectoria. ¿Qué tienen en común todos esos juicios? Que siempre buscan una mejoría.

¿Quién puede emitir una opinión? Parece ser que todos tenemos claro que cualquiera. ¿Qué objetivo tiene? Las negativas, hundirte la vida, las positivas, mejorártela. Bueno, eso lo decides tú. ¿Cómo? Como lo lees.

monjePongamos que la opinión, al carecer de objetivos éticos y loables, no valiese de nada. Es difícil llegar a pensar eso cuando llevas toda la vida pensando lo contrario, ¿no? En estos casos, en coaching, solemos utilizar la técnica de Vestir al Monje. Es decir, si tú coges a un tipo cualquiera, sin ataduras familiares, solo, sin tener muy claro de dónde viene o a dónde va y lo metes en un convento, le pones un hábito de monje, le cortas el pelo y le calzas unas sandalias, es evidente que no se convertirá en monje, pero lo cierto es que “los demás” empezarán a verle como un monje, incluso a tratarle como tal. Si, además del vestido, añadimos algunas conductas como hablar con suavidad, escuchar con empatía, rezar varias veces al día, ir a misa y dar todo lo que tiene a los que lo necesitan, en tres semanas tendremos a un monje reconocido socialmente. En realidad, no sabremos si lo es o no, pero podemos asegurar que está más cerca de serlo que al principio. Esta técnica utilizada en Programación Neurolingüística ha servido para hacer de pobres ricos, de gordos flacos y de infelices, felices… es para asustarse de su eficacia, ¿no?

En esta ocasión, vamos a utilizarlo para eliminar la creencia limitante las opiniones de los demás son importantes:

En caso de que la opinión sea positiva: sonríe y contesta “gracias”. No es necesario devolvérsela ni sobrevalorarla. Se agradece su amabilidad aunque, lo cierto es que no importa. Es fundamental tener este pensamiento y actuar de la manera que se señala.

En caso de que la opinión sea negativa: nos costará un poco más pero el protocolo, una vez más, consistirá en sonreír (con la mayor sinceridad posible, sin ningún atisbo de ironía, por favor) y decir “esa es tu opinión”. No importa si se da cuenta de que eso solo tiene valor para quien la emite, no para quien la recibe, este es un entrenamiento para TI.

Habrá que practicar mucho y te costará hacerlo un hábito pero, la buena noticia, es que oportunidades para practicar no te van a faltar 🙂 No solo te sentirás mejor, sino que aquellos acostumbrados a darte su opinión, dejarán de dártela puesto que no surte ningún efecto.

Esto nos lleva a dos reflexiones:

  1. ¿Quién puede hacer un juicio sobre mí?
  2. ¿De verdad que las opiniones no importan? 

En realidad, nadie que no seas tú mismo, puede hacer un juicio global sobre ti. No. Ni siquiera tu madre o tu pareja, mucho menos tus hijos. Siempre hay una parte que no conocen, en tiempo y espacio. Eso sí, pueden opinar. Lo que ocurre es que la opinión, en sí misma, ni tiene ni genera ningún valor 🙂

reputacion_lincolnEn Inteligencia Social, las opiniones se consideran importantes porque son las que ayudan a construir la reputación y la reputación es la que te facilita encontrar un buen trabajo, vivir en un buen lugar y conocer a la gente que quieres conocer. Es importante que tengas fichados a tus grupos de interés, esto es “la gente que te interesa para lograr tus objetivos”. Ya sé que suena fatal pero es importante que llamemos a las cosas por su nombre y que dejemos de considerar peyorativa la palabra “interés”. Por ejemplo: un escritor no es mejor ni peor porque entre sus objetivos esté el querer vender libros, ¿no? entonces tendrá que gustarle a sus lectores, si no… Una vez localizados, es imprescindible que te acerques a ellos y mantengas conversaciones lo más fructíferas posibles. La mejor noticia del día es que, si tus intereses son éticos y de madurez personal y profesional, vas a encontrarte con muchas personas que no opinan, a no ser que les preguntes, lo que se conoce como “gente educada”.

reputacion_mitchelEn cualquier caso, parece ser que, para tener una alta reputación social, son necesarias las opiniones positivas de los demás. La cuestión es cómo puedes influir en ellas, aunque esta ya es materia de otro artículo. Ahora, con las redes sociales, todo resulta más fácil, puedes construir tu identidad como quieras, siempre que no tengas que enfrentarte a tus seguidores en la vida real, claro, porque Facebook es fantástico para las largas distancias, en las cortas es fácil comprobar que no eres lo que pareces y como consecuencia, tu reputación caerá por los suelos… Es un juego harto complicado y poco rentable, porque al final, es muy difícil librarse de uno mismo, así es que es mejor trabajar en ser aquello que quieres ser, así no tendrás que disfrazarte de nada 🙂