Categoría: Habilidades Interpersonales

Loyalty Experience, o cómo la lealtad sobrevivió a la fidelidad

propiedad de http://trome.peEn el post De contratos indefinidos y otras estupideces,  comenzaba a hacer referencia a la fidelidad versus lealtad desde un punto de vista cultural, y ligado, de alguna manera, a las nociones de compromiso y responsabilidad que tanto tienen que decir sobre esta cuestión. Retomo ahora este tema, aprovechando la moda del Loyalty experience, cuyos programas comienzan a demandar nuestros clientes. A pesar de que, lingüísticamente, a penas encontramos diferencia entre fidelidad y lealtad, lo cierto es que, desde un punto de vista semiótico(*), la fidelidad tiene un poder otorgado muy superior. En términos sexuales, podríamos decir que el primero es algo más pornográfico frente al erotismo del segundo. Seguramente, porque la fidelidad implica acato y, sin embargo, la lealtad va más allá de la obediencia contraída. La fidelidad es una deuda, la lealtad, un regalo.

maloconocidoLa cuestión es que la fidelidad sostiene un concepto manoseado, tradicionalista e impositivo, entendido como la capacidad de cumplir una promesa, de modo que, si has prometido ser fiel, es casi una redundancia. Por ejemplo, si me dices que mi tableta tiene dos años de garantía, pero al año se me estropea y tú me dices que no son daños ni defectos de producto sino del uso que le he dado, consideraré que me estás traicionando y, por lo tanto, que me eres infiel. Puede pasar lo mismo con un programa político que te han prometido que cumplirían, y no lo han hecho, o incluso que, después de haber celebrado nuestras bodas de plata, con todos los honores, te encuentre en mi cama con una señorita aprovechando que estoy de viaje de negocios. Todas son infidelidades. Todas, en nuestro país, se perdonan. Es una cuestión de cultura; más bien de incultura y de un tatuaje que nos hacen a los españoles al nacer que reza: “más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.

fans

Sin embargo, el concepto de lealtad, sin necesidad ninguna de imposición, no es un tema a tratar en familia o en las organizaciones porque, ¿cómo se trata lo que no se puede imponer? En realidad, la lealtad tiene pocos caminos de transmisión y pocos cuentos que contar. Yo confío en ti porque tú confías en mí, yo te soy leal por eso y, seguramente, por eso, tú me serás leal a mí. En el ámbito personal podríamos decir que, cuando te acostaste con esa señorita, si le dijiste que la mujer más maravillosa del mundo es aquella con quien estás casado, puede que sea infidelidad pero, desde luego, es lealtad, y, no lo vas a creer pero, si a pesar de ello, esa señorita quiere seguir viéndote es porque te es leal. En el ámbito empresarial, como en el personal, la lealtad requiere de fans, no de clientes. Los fans te aceptan como eres porque te admiran, te desean, quieren repetir, como sea. No es el caso de un cliente. El cliente reclama su satisfacción una y otra vez, se enfada muchísimo cuando no la obtiene y a penas se alegra cuando sí. El cliente puede ser un tirano al que nos subordinamos porque, finalmente, es quien paga la cuenta.

La lealtad no se puede negociar, no se puede comprar. La lealtad es el valor en un mundo necesitado de valores. La lealtad es eso que las grandes corporaciones, las grandes bandas de rock, el fútbol y algunas personas han conseguido.

PD: la Semiótica trata la Comunicación siempre en referencia a las sociedades humanas.

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El imperio de la felicidad

La infelicidad tiene un color...
la felicidad enlatada…

Empecé a escribir este post cuando, en Audazia, People focused,  nos planteamos cuál queríamos que fuera nuestro mantra. No tardamos mucho en decidir que debía incluir la palabra felicidad. Habíamos caído en la trampa. Seducidos por la ínclita felicidad, encorsetada, diseñada y prostituida una y mil veces para imponerse, de manera totalitaria, en nuestra vida personal y profesional, nos habíamos sumado a una corriente invisible  y sectaria que nos obligaba a consumir felicidad sin previa degustación. ¿Qué felicidad es esa que presume de estar patrocinada por una bebida gaseosa y azucarada responsable de diabetes, enfermedades cardiovasculares y obesidad en personas de los cinco continentes? ¿cuándo empezó a traficarse con felicidad en redes sociales en las que, a cada segundo, medio mundo trata de demostrar a la otra mitad lo feliz que es? ¿de dónde proviene la politización de la felicidad? ¿cómo ha llegado a ser el mejor negocio del planeta? 

De repente, ya no estábamos tan seguros. Si manteníamos nuestra decisión, deberíamos diferenciar esa felicidad, elemento de consumo, de la otra, una felizidad con z, de Audazia, aquella que solo es posible si tu trabajo se relaciona con tu vocación, tus expectativas y tus competencias, ¿es esto real? ¿podríamos soportar la falta de ortografía?

A ver si te vas a distraer...
A ver si te vas a distraer…

En estos años, las empresas y los consultores dedicados a promover la felicidad en tu trabajo, en tu vida, en tu desayuno, en tu perro… se han multiplicado, sin compasión. Hace unos meses,  charlando con algunas madres, preocupadas por hacerlo bien, mejor que nuestros padres… ¿crees que podemos hacerlo mejor? ¿solo por el hecho de tener más información? ¿acaso eso no lo complica todo? La obsesión de mi madre, y de todas las madres de mis amigas, de mi generación, era que fuéramos a la universidad; ahora eso ya no parece tan importante (para lo que sirve…), ahora lo importante es que seas feliz: ¡sé feliz o te castigo toda la tarde sin el iPad! Joder, que no haces caso… 

Ai no korîda (N. Oshima, 1976)

¿No os recuerda a aquella película que tanto nos impresionó en los años setenta? En El Imperio de los Sentidos, la pasión se adueñaba de una pareja de amantes que había hecho del sexo su imperio, sin importarles nada más, hasta el punto de confundir placer con dolor… ¿no os recuerda a esta situación? Un tipo de relación con la satisfacción, como este, hace que los vínculos humanos se vuelvan casi insoportables. Cuando el otro comienza a ser un impedimento para mi felicidad… ¿qué hacemos con él? Despedirle, alejarle, darle de lado, anularle… Cada vez más deshumanizados, hasta tal punto de abandonar todo erotismo y sumergirnos en una pornografía artificial de efecto inmediato. Las secuelas son implacables: falta de tolerancia absoluta al aburrimiento, la frustración, el fracaso, el error, la procrastinación, la melancolía, el ostracismo… El apartheid de los sosos, amargados, tímidos, tristes… como si no les necesitáramos. ¿De verdad que tienes que tener una actitud positiva a pesar del cáncer, del despido, del abandono de tu mujer, del accidente, de tu angustia…?

Como podeis imaginar, al final desterramos la palabra felicidad. No nos interesa. Para empezar porque no nos gusta que nos impongan nada, creemos en la oportunidad de dejar que cada uno sea lo que quiera ser, sin obligarle a que sea como los demás o a que se comporte como nos gustaría que lo hiciera. Como dice el periodista, Quique Peinado, una cosa es tratar de buscar la alegría, que es temporal, y otra imponer la felicidad de forma permanente, como una gran mentira que nos obligue a ocultar nuestra frustración por no serlo.

Nos interesa trabajar con empresas que mejoran la sociedad, a nivel económico, ecológico y humano. Nos interesa trabajar con personas que se esfuerzan por hacer un buen trabajo y que quieren disfrutar de él. Ese es nuestro foco. Ya solo quedaba el mantra… pero ese… os lo cuento en otro post 😉

El denostado egoísmo

Las preguntas que me hago esta semana son: ¿qué es el altruismo?¿qué sentido tiene? ¿existe en realidad?

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La labor de Médicos Sin Fronteras como ejemplo de altruísmo

¿Hay personas que son capaces de hacer cualquier cosa por procurar el bien ajeno? Absolutamente sí. De hecho… ¡conozco a muchas!, Pero, ¿incluso a costa de su propio beneficio?. ¡Uf! Es que… ¿ayudar a los demás no supone beneficiarse? acaso, ¿quién decide ayudar a otro no gana siempre? Incluso, en algunos casos, ¿ayudar a otros no es una manifestación de egoísmo?, por aquello de, en vez de ocuparte de lo tuyo, te ocupas de lo de los demás… (ya sabéis que lo mío es provocar… sigamos leyendo).

El egoísmo es la base de la supervivencia animal, como la madre que si no se alimenta no tiene leche, como el padre que si no es lo suficientemente fuerte para defenderse a sí mismo no podrá defender a sus hijos. Es un principio básico que debería aplicarse en todo, si no estás bien, no estás en condiciones de ayudar a otros.

El egoísmo, esa conducta denostada, muy castigada por muchos muchos interesados, es muy necesario. Cuidado, hasta que ya no lo es. Es necesario cuando no tienes nada más, como un bebé. Un bebé solo piensa en sí mismo, este es un excelente indicativo de supervivencia. Llora y grita y clama por sus necesidades, su bienestar. Una vez va creciendo y asegurándose de que estas están cubiertas y/o sabe cómo cubrirlas, estará preparado para ocuparse de los demás. Hay infinidad de personas, cada vez más, que nunca llegan a estar preparadas porque no sienten sus necesidades satisfechas, ¿cómo van a estar dispuestas a dar si están enfocadas en recibir? Personas que no han madurado, porque no han querido, o no han podido o no las han dejado.

maslowMaslow y su pirámide nos enseñaron que hay cinco niveles de necesidades, dependiendo de la evolución socioeconómica y cultural. Los dos primeros son la base para todo lo demás, por lo que son, y deberían ser, de obligado cumplimiento en cualquier sociedad. El tercer nivel, menos práctico y más afectivo, es necesario para conseguir cierto equilibrio emocional. El cuarto y el quinto son solo para adultos afortunados, sí, sí, para ti y para mí. En una sociedad como la nuestra, los cinco niveles deberían estar más que cubiertos. Deberíamos haber podido invertir en nosotros, para ayudar a los que no han podido. Deberíamos ser grandes egoístas-altruistas.

Una pregunta que me hacen mucho y de la que hablábamos el otro día en el programa de Adolfo Martín, Estando contigo, es ¿cómo puede ser que si conocemos el secreto de la felicidad, la gente no sea feliz, plena, completa? Digamos que la llave está en la Inteligencia Emocional y que la buena noticia es que la Inteligencia Emocional se puede entrenar. La cuestión es ¿Dónde están los entrenadores? ¿Quién los prepara? ¿Por qué no hay universidad que sea capaz de producir expertos? Pues, porque en esto de la Inteligencia Emocional, no basta con saber, hay que ser. Si no tienes un nivel alto de Inteligencia Emocional no la puedes enseñar porque el mejor canal de enseñanza es el contagio.

La maravillosa Audrey Hepburn
La maravillosa Audrey Hepburn

Aquellas personas con un alto nivel de Inteligencia Emocional son altruistas. Pero no por una cuestión de bondad-maldad (qué sandez la de reducir todo al blanco y negro) sino por una cuestión de pura inteligencia. Las personas más inteligentes saben que la cooperación, la filantropía, la generosidad, la hospitalidad, la humanidad y la empatía son, con toda seguridad, las recetas del éxito.

Ahora vamos al cómo. Para empezar, auto-observación: ¿soy egoísta? Mejor aún: ¿estoy preparado para no serlo? ¡Pirámide de Maslow al canto! A ver cómo ando con eso de cuidarme: tengo para comer, tengo cobijo, tengo gente que me quiere y a la que quiero, aporto algo a la sociedad que me rodea… ¿he llegado donde quería llegar?  ¿estoy en el camino? Que hay alguna respuesta negativa, pues ¡hala! a programar: “plan de choque – plan de vida”. Podemos empezar con algo muy sencillo, una variación en el lenguaje: ¿utilizo mucho el yo, mi, me, conmigo? ¿me hago muchos selfies? ¿envío fotos mías a todo quisqui? ¿Cuándo alguien me cuenta su situación termino contándole la mía? ¿considero que he tenido “mala suerte” en la vida? 

¡son míos!
¡son míos!

Ser egoísta es una señal de involución. Desplegar nuestra ira con los egoístas no lo es menos. La compasión es lo único que nos ayudará a unos y otros. Tú, como buen egoísta, ya sabes que no hay nada que procure mayor beneficio que ocuparte de los demás y si no lo sabes, no es que seas egoísta, es que eres un niñato (también vale para niñata) 🙂