Categoría: Habilidades Interpersonales

TDAH: el trastorno del siglo XXI

tdahAntes de comenzar es necesario dejar claro que yo no soy psiquiatra, ni psicóloga ni pedagoga y manifiesto un profundo respeto para quienes ejercen estas profesiones. Lo que yo voy a transmitiros es mi opinión basada en mis conocimientos y en mi experiencia. Soy comunicóloga, coach y especialista en Inteligencia Social e Inteligencia Pedagógica. Es lo que llevo haciendo en los últimos 15 años y lo hago porque me apasiona y porque se me da bien.

 Empezaré diciendo que no estoy a favor de las etiquetas, mucho menos de aquellas que no son positivas: Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad es una etiqueta tremenda.

 Mi conocimiento del TDAH se remonta a hace unos 7 años cuando una cliente me llamó muy preocupada porque su hijo había sido diagnosticado de TDA en su colegio: primero por su maestra y después corroborado por la orientadora del centro. Recuerdo el terror de mi cliente, su inseguridad, su culpabilidad: “su hijo tenía un trastorno” y seguro que ella había hecho algo, quizás no para producirlo pero sí para empeorarlo. Ella quería que conociera a su hijo y que le diera mi opinión.  Estuve una hora y media con su hijo en su habitación y no encontré por ninguna parte ni el déficit ni el trastorno. Mantuvimos una conversación muy interesante sobre aquello que estaba sucediendo. Él me confesó que no se entendía con su maestra, a pesar de ser buena persona, y que debía haberle hecho más caso porque ahora se había metido en  un lío que no dejaba a su madre dormir por las noches. Después de esto buscamos al mejor equipo psicopedagógico de la ciudad para que lo reconocieran y lo diagnosticaran. Ellos tampoco encontraron TDA por lo que logramos que se desetiquetara al niño y continuase integrado en el colegio como un niño más.

Desde entonces he revisado más de un centenar de casos con TDAH diagnosticado. El 80%, a mi juicio, no estaban bien diagnosticados. En uno de los casos más sangrantes por la alta medicación que recibía y las perniciosas consecuencias de la misma, ya como estrategia desesperada pedí a los padres que lo sacaran del centro escolar en el que estaba. Lo matriculamos en uno a varios kilómetros y hablé con los responsables pertinentes para que no constara en su expediente la etiqueta de marras. Nunca más nadie volvió a diagnosticarlo y hoy lleva una vida perfectamente normal.

Algunos de estos niños a los que he tutorizado personalmente son niños de altas capacidades. Por poner un ejemplo popularmente conocido hablaremos de Michael Phelps, aunque no es el primer deportista de élite diagnosticado con TDAH. Aquel niño que corría, saltaba y no podía leer más de dos párrafos sin perder la concentración es hoy el atleta con más medallas en la historia de los Juegos Olímpicos.

En estos años he aprendido que las personas con TDAH correctamente diagnosticadas tienen dificultades en el manejo de las emociones, debido a un déficit neurobiológico. Por ello, éstas se viven con mayor intensidad y durante más tiempo, llegando a tener incluso explosiones emocionales. En estos casos invaden todo el sistema y dificulta el poder atender a otras cosas. Debido a que los sujetos con TDAH tienden a procesar la información de una forma más emocional, para poder aprender de la experiencia necesitan que ésta les haya impactado mucho.

No me voy a alargar mucho más porque mañana trabajaremos esta cuestión con la gente de Fanuesca Federación en el teatro Víctor Jara de Vecindario, a la que estáis invitados, sólo me gustaría añadir que la Neurociencia ha demostrado que el entrenamiento en Inteligencia Social o interpersonal es una herramienta no sólo positiva sino también eficaz en el tratamiento del TDAH, pero no es un entrenamiento específico para los menores diagnosticados sino un entrenamiento necesario para los adultos responsables que les rodean. Mi recomendación es que este tipo de programas se desarrollen en las escuelas por la cantidad y calidad del tiempo que pasan en ellas y porque son un punto de confluencia extraordinario. Realizar un programa de entrenamiento no es algo complicado ni un reducto de expertos: sólo los padres y maestros de niños con TDAH pueden conocer mejor que nadie la situación, las conductas y las consecuencias de este problema por lo que son ellos quienes deben hacerlo.

Ánimo y esperanza

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Para qué voy a tener frío si no tengo abrigo

Hoy os propongo dos cuestiones en esto del desarrollo personal que estaré encantada de discutir esta semana, si os apetece:

1. El ser humano es egoísta por naturaleza y está bien que lo sea

2. El ser humano no tiene razón de ser sin al menos otro ser humano

Ya sé que el egoísmo está peor visto que la zoofilia pero lo cierto es que sin egoísmo sería muy improbable poder ser altruista. Veréis: si la Inteligencia Emocional dice que para obtener bienestar personal/profesional hay que aprender a tener buenas relaciones con uno mismo para poder tenerlas con los demás es porque se ha podido comprobar que uno no puede amar a otros si no se ama a sí mismo. Ejemplo: las personas que son muy celosas: a algunos les parecerá una forma romántica de amar cuando sin embargo los celos indican una necesidad de poseer al otro, vamos, que si pensamos que necesitamos poseer a otro para que nos ame es que no nos tenemos mucha estima y si no nos la tenemos no podemos tenérsela al otro. Por lo tanto, mi propuesta de hoy es aprendamos primero a ser egoístas, aprovechando que la esperanza de vida en el siglo XXI nos permite éste y otros experimentos: querámonos, hagamos cosas que nos proporcionen placer, dediquémonos tiempo, busquemos nuestro desarrollo personal, intelectual, profesional… Sabremos que lo hemos conseguido  cuando queramos compartir lo que somos y lo que hacemos para beneficiar a otros.

gemelasLa segunda premisa es una de mis favoritas pues responde a un viejo trauma. Mi madre, con la buena intención de picarme o motivarme, solía compararme con otras niñas: fulanita saca mejores notas, menganita es más cariñosa, beltranita hace mejor las cosas… Tardé años en encontrar un buen alegato que me sirviera como defensa: mamá, yo no puedo ser como zutanita porque tú no eres como su madre. Pero lo cierto es que los calificativos no tendrían sentido sin un referente, sin un comparativo, tanto como que el bien necesita del mal, la luz de la oscuridad y el hambre de la comida para poder existir.

Mi padre solía decir: ¿Para qué voy a tener frío si no tengo abrigo?

Cuando decimos que esa chica es muy guapa es porque conocemos a otra que es más fea. Cuando decimos que ese señor es maleducado es porque conocemos a otro que no lo es. No se puede calificar sin comparar. Ahora bien: es cierto que la comparativa, ya que existe, como también existe el egoísmo, podríamos utilizarla para, como bien deseaba mi madre, motivar. ¿Cómo? ¿Cuál es la diferencia? Ofreciendo un modelo incuestionable. Y como ya sabéis que soy una defensora a ultranza del modelaje, para mí lo mejor es sin duda ser modelos para nuestros hijos, emitiendo comparaciones positivas del tipo: “mira papá qué bien lo hace”. Aunque también podemos elegir modelos públicos y lejanos tipo: “a Einstein se le daban fatal las Matemáticas, y mira…”.

Mi hijo es fan de Ara Malikian
Mi hijo es fan de Ara Malikian

A nadie le extraña que para algunos niños Ronaldo y Messi sean ejemplos a seguir y, por querer ser como ellos, jueguen al fútbol hasta caer exhaustos. Pero hay muchos más modelos útiles para su desarrollo: os animo a que veáis con vuestros hijos el programa Pizzicato de TVE2. No hará falta comparar para motivar 🙂

Días verdes, lazos rosas

Mi padre y yo. Madrid, 1974
Mi padre y yo. Madrid, 1974

Aviso: hoy estoy hipermotivada. Ya, ya sé que pensáis que no tengo ningún mérito dedicándome a entrenar a gente para ello, pero no creáis, hay días que la vida se me hace cuesta arriba. Llevo muy mal el sufrimiento ajeno y peor no poder hacer nada para aliviarlo y en estos tiempos… eso es cada día. Pero resulta que anoche, paseando por Facebook, me encontré con que una persona a la que admiro declaraba su gratitud a su familia, amigos y sobre todo a su marido que había compartido con ella 9 meses muy intensos en los que parecía que mi vida y todo lo que tenía a mi alrededor, se derrumbaba… y me estremecí.  Primero me entró una angustia terrible al saber que una persona tan bonita había pasado por un terrible trance y luego me dio un subidón tremendo al ver que lo había superado y lo había celebrado.

Así es que gracias a ella e inspirada por mi amiga María Ortuño que también ha decidido poner en práctica la Técnica de la Gratitud Aplicada (agradecer públicamente cada día a alguien algo) que es un ejercicio muy recomendable para todos por su sencillez, economía y los múltiples beneficios que produce, hoy he decidido disfrutar de la vida y compartir este lunes maravilloso con la gente a la que quiero y recuerdo con cariño.

Cuando tenía unos 21 años solía presumir de mi capacidad de supervivencia y de autonomía: trabajaba, estudiaba, llevaba mi casa… De un momento de mi vida en el que había caído en picado había sabido resurgir como el ave fénix y me había creado una especie de falso muro -del que aún queda algún que otro ladrillo- de seguridad. Gustaba de decir aquello de: no necesito a nadie, no confío en nadie. Qué tremenda era… una salvaje que no entendía nada… Casi 20 años después os puedo decir con un orgullo nada pretencioso que yo no soy nadie sin la gente que se ha cruzado en mi camino. Desde personas que, de forma puntual me han dicho algo que no parecía ser muy importante y que he guardado como un aprendizaje de vida (como mi amiga María José Prado: cuando teníamos unos 15 años, me enseñó a secarme la cara; recuerdo cómo se sorprendió cuando 10 años después me pilló un día secándomela tal y como ella me había enseñado) hasta personas que con su vida me han dado ejemplo y coraje para salir adelante.

Todos tenemos un don. Yo tengo el don esponja: no sólo soy capaz de ver con una claridad sorprendente el potencial de cada persona, sino que tengo una capacidad magnífica para copiarlo y aprehenderlo. Así es que, teniendo en cuenta que hay miles de personas que me han aportado algo valioso no puedo por menos que sentirme muy afortunada.

Conozco a gente ultramaravillosa con la que apenas he cruzado unas palabras o he pasado unas horas, o unos minutos o unos años que me han regalado mucho más de lo que hubiera podido esperar. Como ya he contado muchas veces, la experiencia (gracias a mi amiga Mar Llera a la que admiro y adoro profundamente) de ir a Bosnia tras la guerra me cambió la vida o al menos me enseñó a relativizar, tanto que durante mucho tiempo cualquier queja procedente de un ser humano, si no era una cuestión de salud física, me parecía una chorrada. Después tuve que aprender a empatizar y a ver que para cada uno lo que le sucede puede ser la peor de las guerras y que del tratamiento de ese conflicto depende su salud y su bienestar. A mí se me da bien solucionar conflictos, tengo un buen entrenamiento, pero cada vez que trabajo con un enfermo de cáncer mi trabajo cobra otra dimensión. Todas las personas con las que he colaborado en esa situación han sido verdaderas heroínas para mí que me han regalado la oportunidad de compartir su dolor pero también su esperanza. Gracias a ellas me siento con fuerza suficiente para afrontar lo que sea, porque son mi ejemplo, mi inspiración y porque se lo debo.

Hoy quiero dedicar este post a mi padre que ha superado un cáncer que hace 1 año decían ser terminal… Mi padre es invencible, ergo yo también lo soy 🙂 Felicidades papá.