Categoría: Motivación

Todos somos inteligentes e ignorantes

El otro día, viendo Top Chef, un reality show sobre cocineros, decía uno de sus concursantes, Miguel Cobo: a mí no me gustaba estudiar, yo era un bala, pero llegué a esto de la cocina y me gustó. Miguel ahora trabaja al frente del restaurante familiar, El Vallés, y fue nombrado Mejor Cocinero de Castilla y León 2012. Miguel, no sé si lo sabe, pero tiene una clara inteligencia viso-espacial y lógico-matemática.

Todos somos inteligentes/ignorantes, sólo que en distintos ámbitos

Dedicatoria de Begoña Ibarrola a mi hijo Ernesto
Dedicatoria de Begoña Ibarrola a mi hijo Ernesto

Así comenzaba el seminario de Begoña Ibarrola al que asistí hace un par de semanas. Ciertamente tenía muchas ganas de asistir: había trabajado con sus cuentos en numerosas ocasiones y estamos en la misma línea de trabajo, salvando las diferencias, claro, pues ella es una de las primeras figuras en Inteligencia Emocional de nuestro país.

Lo primero que hizo fue desmontar la creencia de que hay un prototipo de inteligencia que se mide con el coeficiente intelectual (el famoso CI), siguiendo las pautas de su maestro H. Gardner, autor de la teoría de la Inteligencias Múltiples (*) allá por 1983; teoría, por cierto, que hubiera quedado en el olvido si no hubiera sido por la llegada de la Neurociencia en los años noventa y la posibilidad que le dio la tecnología de confirmar que su hipótesis era más que una tesis.

En efecto: todos somos inteligentes: no sólo en mayor o menor medida sino en diferentes ámbitos:

No se trata de tener derecho a ser iguales sino

de tener igual derecho de ser diferentes

Ibarrola, con su metáfora de las carreteras dejaba muy claro que todos tenemos una o dos inteligencias que son como autopistas (prácticamente aprendemos solos), una o dos que son como carreteras secundarias (aprendemos pero con esfuerzo) y otras que son como caminos forestales (nos cuesta sudor y lágrimas aprender y, si no los transitas a menudo, suelen borrarse). Además existen transferencias, una especie de vías preferentes por las que se pueden trasladar conocimientos de una vía a otra, pasando de una carretera secundaria a una autopista.

Una de las claves de la automotivación es que uno está más predispuesto a trabajar cuando lo hace en aquello que le gusta que, casualmente, suele ser aquello que se le da bien. Es decir: si pudiéramos descubrir cual es la inteligencia más sobresaliente de nuestros hijos/alumnos, incluso de nosotros mismos, podríamos desarrollarla hasta donde quisiéramos procurándonos no sólo éxito profesional sino también personal.

Si las escuelas utilizaran una metodología de Inteligencias Múltiples está claro que el alumnado no sólo no se aburriría sino que el fracaso escolar quedaría prácticamente anulado. Claro que, para que las inteligencias se desarrollen son necesarios 4 elementos:

  • 2 externos: Valoración por parte del entorno y que los adultos se responsabilicen de dar a los niños aquellos recursos necesarios para potenciar la inteligencia en la que sobresalen.
  • 2 internos: Esfuerzo personal y tiempo

Así es que ya sabéis: si alguien dice de alguien que es “muy inteligente” habrá que preguntar en qué, ¡ah! y una cosita más: la creatividad y la memoria están asociadas a cada inteligencia por lo que ya no vale eso de “no tengo memoria” o “no soy creativa”. A partir de ahora habrá que decir: “no tengo memoria/creatividad para…”

(*) La Teoría de las Inteligencias Múltiples defiende la existencia de las siguientes inteligencias:

  1. INTELIGENCIA LINGÜÍSTICA: relacionada con el habla y la escritura. Visible en aquellas personas que necesitan escribir lo que les está pasando. Se potencia con el teatro, las canciones (transferencia hacia la Inteligencia Musical), los cuentos, la poesía.
  2. INTELIGENCIA LÓGICO-MATEMÁTICA: relacionada con la habilidad para usar números pero también con la capacidad para razonar. Visible en aquellas personas que les gusta investigar, desentrañar aparatos, ordenar, clasificar… Se potencia con el ajedrez, los juegos de estrategia…
  3. INTELIGENCIA VISO-ESPACIAL: relacionada con la capacidad de imaginar (visualizar). Visible en personas con memoria visual, que les gusta diseñar, dibujar, crear… también en deportistas de élite. Se potencia con los museos, las películas, laberintos, rompecabezas…
  4. INTELIGENCIA SONORA-MUSICAL: relacionada con la sensibilidad para los sonidos. Visible en personas con capacidad de aprender una canción, discriminar sonidos, tocar, dirigir, componer… Se potencia con el aprendizaje del solfeo, la armonía, la composición, etc. (si queremos potenciar la interpersonal en una persona con Inteligencia Musical, sería muy adecuado asistir a un coro).
  5. INTELIGENCIA CINESTÉSICA – CORPORAL: relacionada con la necesidad de utilizar el cuerpo para expresarse. Visible en personas con equilibrio, flexibilidad, fuerza, velocidad… Se potencia con la práctica del ejercicio físico.
  6. INTELIGENCIA NATURALISTA: Relacionada con cierta sensibilidad por la naturaleza. Visible en personas que son más felices trabajando/pensando/jugando al aire libre. Se potencia con experiencias que se desarrollen en entornos naturales.
  7. INTELIGENCIA EMOCIONAL (INTRAPERSONAL + INTERPERSONAL): la primera se observa en aquellas personas que gustan de la soledad, que son reflexivos, muy selectivos, etc. y la segunda en aquellas con destrezas sociales y clara empatía y solidaridad (añado compasión). Son altamente complementarias. La primera se potencia con fijar metas, planificación, los lugares íntimos y secretos y la segunda con la organización de eventos. (Mención especial a este tipo de Inteligencia pues mientras las demás poseen un periodo óptimo de desarrollo, ésta se desarrolla toda la vida).
  8. INTELIGENCIA EXISTENCIAL: relacionada con la sensibilidad hacia cuestiones trascendentales (la vida, la muerte, el hambre, etc.). Visible en personas muy emocionales, que sufren de más, incomprendidos… Se potencia con la participación en dar soluciones a problemas de la humanidad, debates filosóficos y morales…

En la actualidad Gardner sigue trabajando en el descubrimiento de nuevas inteligencias. En su paso por Madrid en 2011 nos habló de la INTELIGENCIA PEDAGÓGICA (capacidad para saber transmitir incluso aquello que no se sabe).

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Mala Madre

Después de más de quince años trabajando con madres bien en AMPAS, bien en Escuelas de Padres y Madres, bien particularmente, el año pasado me convertí en una de ellas (entré en ese club secreto en el que no se suele ser sincera…). Siempre creí que, si lo conseguía, no trabajaría más con ellas, por aquello de ya no poder ser objetiva, quizás ni siquiera positiva. Y si bien es verdad que al principio (como me decía un amigo el otro día) esto de la maternidad parece un fraude porque no se parece nada a lo que te han contado ni a lo que has visto en la tele, después de 20 meses intensivos creo que ya estoy preparada para volver a trabajar sin haber perdido un ápice de esperanza o ilusión, por el contrario.

Antes de empezar os voy a transmitir algo que he aprendido en estos años: las mujeres que tienen terror a ser malas madres no lo son. Y supongo que esas sois las que estáis leyendo este blog (las otras no me leen, seguro). Aunque por otra parte debo decir que hablar de la maternidad como si fuera lo mismo para todas me parece algo ingenuo desde el momento en que las motivaciones para ser madre son bien distintas: quiero ser madre porque me encantan los niños, quiero ser madre porque mi madre ha sido para mí la persona de referencia en mi vida, quiero ser madre para sentirme realizada, quiero ser madre para satisfacer a mi pareja (esto raras veces se dice, pero se hace), quiero ser madre para jugar a las muñecas (esto tampoco se dice), quiero ser madre porque tengo una casa muy grande (esto sí lo he oído)… podríamos seguir hasta el infinito. Entenderéis que una vez que lo consiguen no son el mismo tipo de madres.

Además está el rollo de la sociedad, de la que es difícil escapar y la sociedad tiene mucho que decir en este tema: que si a los treinta y tantos  tu reloj biológico va a estallar, que si deberías tener una carrera profesional para darles lo que necesiten, que lo ideal es que seas hetero, te cases (bodorrio en el pueblo incluido) con un buen partido y tengáis al menos dos niños, por aquello de mantener la especie, que si tienes un nivel económico alto (que no muy alto) deberías tener más de dos, que si tienes un varón deberías tener una hembra, y si tienes dos hembras deberías volverlo a intentar porque no hay nada como tener un varón…

Y por si fuera poco amigable la perra sociedad después estamos nosotras (no hay peor enemiga para la mujer que la propia mujer) que criticamos y miramos con estupor a aquellas madres que no aprovechan la baja maternal (la más baja de Europa), a aquellas que no dan el pecho (¡qué locura!), a aquellas que llevan una vida social nocturna o diurna o las dos, a aquellas que envían a sus hijos a pasar las vacaciones con los abuelos, a aquellas que los envían a un internado, a aquellas que prefieren comprarse unos zapatos antes que llevarlos al teatro…

No es de extrañar que, en todos estos años, lo que más me ha llegado es “me siento mala madre”.

Me gustaría arrojar un poco de luz sobre este asunto porque es de una importancia tremenda en el sentido de que aquello que sentimos es aquello que más ferozmente transmitimos a nuestros hijos y vamos camino de una generación bastante neurótica que aprecia más a su móvil que a las propias personas.

Reitero mi sentimiento de admiración (post en facebook del 21 de septiembre) por la valentía y la honestidad de las mujeres que deciden no ser madres. Con tanta presión social lo único que conseguimos son madres que no quieren serlo. Ellas son fundamentales en esta maltrecha sociedad.

Para continuar os diré que la mejor motivación para ser madre es tener vocación de serlo y eso incluye perder tu libertad a favor de otro ser que te va a necesitar el resto de su vida, perder tu esbelta figura, perder el descanso y el sosiego, perder hasta tu identidad, tu vida marital… aunque también incluye un montón de cosas buenas:  revivir la infancia, aprender a relativizar, a divertirte, a soñar, a amar sin esperar retorno… vamos, las cosas importantes de la vida.

Una vez que lo has sido y la experiencia no ha resultado como pensabas, tener otro hijo no lo soluciona. Hazme caso, tengo amigas fantásticas que se han criado sin hermanos.

Si estás pensando en cómo encajarlos este fin de semana después de que no paras de trabajar los días de diario es que hay algo que debes mejorar. Te aviso: los niños crecen muy deprisa y te lo vas a perder. Llevar el mismo tipo de vida que llevabas antes de ser madre es no querer aceptar la realidad ni la responsabilidad. Ahora puedes llevar otra vida, incluso mejor: beber menos, dejar de fumar, acostarte pronto, dormir siestas, pasear por el campo, jugar con la arena… vamos, las cosas importantes de la vida.

No conozco a ninguna madre que no quiera a sus hijos aunque es cierto que el AMOR tampoco creo que sea algo universal sino que cada una ama como le han enseñado o como entiende, así es que desde ya te digo que eso de la calidad mejor que la cantidad no le vale a los niños, tampoco me vale a mí (para tener calidad hace falta cantidad). Los niños necesitan tiempo, abrazos, besos, cuentos, juegos… y los mejores del mundo son los que provienen de una madre y de un padre, sean quienes sean y como sean.

Ser madre es lo mejor que te puede pasar es sólo una frase hecha. Lo mejor que te puede pasar es hacer que tu vida merezca la pena ser vivida, si dentro de eso cabe la maternidad, estupendo (gracias a mi amiga Charo Juárez que me lo enseñó. DEP).

Y si ya he llegado tarde y ya eres madre y estás agobiada porque no sabes por donde empezar te diré que sólo tú conoces a tu hijo, que sólo tú puedes hacerlo: escúchale, obsérvale, sé su refugio y su referente y ámalo tanto y tan bien como puedas. Para los tropiezos, malos tragos y piedras-peñones que te encontrarás en el camino, consulta a un profesional, que eres madre, no eres dios.

Para qué voy a tener frío si no tengo abrigo

Hoy os propongo dos cuestiones en esto del desarrollo personal que estaré encantada de discutir esta semana, si os apetece:

1. El ser humano es egoísta por naturaleza y está bien que lo sea

2. El ser humano no tiene razón de ser sin al menos otro ser humano

Ya sé que el egoísmo está peor visto que la zoofilia pero lo cierto es que sin egoísmo sería muy improbable poder ser altruista. Veréis: si la Inteligencia Emocional dice que para obtener bienestar personal/profesional hay que aprender a tener buenas relaciones con uno mismo para poder tenerlas con los demás es porque se ha podido comprobar que uno no puede amar a otros si no se ama a sí mismo. Ejemplo: las personas que son muy celosas: a algunos les parecerá una forma romántica de amar cuando sin embargo los celos indican una necesidad de poseer al otro, vamos, que si pensamos que necesitamos poseer a otro para que nos ame es que no nos tenemos mucha estima y si no nos la tenemos no podemos tenérsela al otro. Por lo tanto, mi propuesta de hoy es aprendamos primero a ser egoístas, aprovechando que la esperanza de vida en el siglo XXI nos permite éste y otros experimentos: querámonos, hagamos cosas que nos proporcionen placer, dediquémonos tiempo, busquemos nuestro desarrollo personal, intelectual, profesional… Sabremos que lo hemos conseguido  cuando queramos compartir lo que somos y lo que hacemos para beneficiar a otros.

gemelasLa segunda premisa es una de mis favoritas pues responde a un viejo trauma. Mi madre, con la buena intención de picarme o motivarme, solía compararme con otras niñas: fulanita saca mejores notas, menganita es más cariñosa, beltranita hace mejor las cosas… Tardé años en encontrar un buen alegato que me sirviera como defensa: mamá, yo no puedo ser como zutanita porque tú no eres como su madre. Pero lo cierto es que los calificativos no tendrían sentido sin un referente, sin un comparativo, tanto como que el bien necesita del mal, la luz de la oscuridad y el hambre de la comida para poder existir.

Mi padre solía decir: ¿Para qué voy a tener frío si no tengo abrigo?

Cuando decimos que esa chica es muy guapa es porque conocemos a otra que es más fea. Cuando decimos que ese señor es maleducado es porque conocemos a otro que no lo es. No se puede calificar sin comparar. Ahora bien: es cierto que la comparativa, ya que existe, como también existe el egoísmo, podríamos utilizarla para, como bien deseaba mi madre, motivar. ¿Cómo? ¿Cuál es la diferencia? Ofreciendo un modelo incuestionable. Y como ya sabéis que soy una defensora a ultranza del modelaje, para mí lo mejor es sin duda ser modelos para nuestros hijos, emitiendo comparaciones positivas del tipo: “mira papá qué bien lo hace”. Aunque también podemos elegir modelos públicos y lejanos tipo: “a Einstein se le daban fatal las Matemáticas, y mira…”.

Mi hijo es fan de Ara Malikian
Mi hijo es fan de Ara Malikian

A nadie le extraña que para algunos niños Ronaldo y Messi sean ejemplos a seguir y, por querer ser como ellos, jueguen al fútbol hasta caer exhaustos. Pero hay muchos más modelos útiles para su desarrollo: os animo a que veáis con vuestros hijos el programa Pizzicato de TVE2. No hará falta comparar para motivar 🙂