Categoría: Motivación

Días verdes, lazos rosas

Mi padre y yo. Madrid, 1974
Mi padre y yo. Madrid, 1974

Aviso: hoy estoy hipermotivada. Ya, ya sé que pensáis que no tengo ningún mérito dedicándome a entrenar a gente para ello, pero no creáis, hay días que la vida se me hace cuesta arriba. Llevo muy mal el sufrimiento ajeno y peor no poder hacer nada para aliviarlo y en estos tiempos… eso es cada día. Pero resulta que anoche, paseando por Facebook, me encontré con que una persona a la que admiro declaraba su gratitud a su familia, amigos y sobre todo a su marido que había compartido con ella 9 meses muy intensos en los que parecía que mi vida y todo lo que tenía a mi alrededor, se derrumbaba… y me estremecí.  Primero me entró una angustia terrible al saber que una persona tan bonita había pasado por un terrible trance y luego me dio un subidón tremendo al ver que lo había superado y lo había celebrado.

Así es que gracias a ella e inspirada por mi amiga María Ortuño que también ha decidido poner en práctica la Técnica de la Gratitud Aplicada (agradecer públicamente cada día a alguien algo) que es un ejercicio muy recomendable para todos por su sencillez, economía y los múltiples beneficios que produce, hoy he decidido disfrutar de la vida y compartir este lunes maravilloso con la gente a la que quiero y recuerdo con cariño.

Cuando tenía unos 21 años solía presumir de mi capacidad de supervivencia y de autonomía: trabajaba, estudiaba, llevaba mi casa… De un momento de mi vida en el que había caído en picado había sabido resurgir como el ave fénix y me había creado una especie de falso muro -del que aún queda algún que otro ladrillo- de seguridad. Gustaba de decir aquello de: no necesito a nadie, no confío en nadie. Qué tremenda era… una salvaje que no entendía nada… Casi 20 años después os puedo decir con un orgullo nada pretencioso que yo no soy nadie sin la gente que se ha cruzado en mi camino. Desde personas que, de forma puntual me han dicho algo que no parecía ser muy importante y que he guardado como un aprendizaje de vida (como mi amiga María José Prado: cuando teníamos unos 15 años, me enseñó a secarme la cara; recuerdo cómo se sorprendió cuando 10 años después me pilló un día secándomela tal y como ella me había enseñado) hasta personas que con su vida me han dado ejemplo y coraje para salir adelante.

Todos tenemos un don. Yo tengo el don esponja: no sólo soy capaz de ver con una claridad sorprendente el potencial de cada persona, sino que tengo una capacidad magnífica para copiarlo y aprehenderlo. Así es que, teniendo en cuenta que hay miles de personas que me han aportado algo valioso no puedo por menos que sentirme muy afortunada.

Conozco a gente ultramaravillosa con la que apenas he cruzado unas palabras o he pasado unas horas, o unos minutos o unos años que me han regalado mucho más de lo que hubiera podido esperar. Como ya he contado muchas veces, la experiencia (gracias a mi amiga Mar Llera a la que admiro y adoro profundamente) de ir a Bosnia tras la guerra me cambió la vida o al menos me enseñó a relativizar, tanto que durante mucho tiempo cualquier queja procedente de un ser humano, si no era una cuestión de salud física, me parecía una chorrada. Después tuve que aprender a empatizar y a ver que para cada uno lo que le sucede puede ser la peor de las guerras y que del tratamiento de ese conflicto depende su salud y su bienestar. A mí se me da bien solucionar conflictos, tengo un buen entrenamiento, pero cada vez que trabajo con un enfermo de cáncer mi trabajo cobra otra dimensión. Todas las personas con las que he colaborado en esa situación han sido verdaderas heroínas para mí que me han regalado la oportunidad de compartir su dolor pero también su esperanza. Gracias a ellas me siento con fuerza suficiente para afrontar lo que sea, porque son mi ejemplo, mi inspiración y porque se lo debo.

Hoy quiero dedicar este post a mi padre que ha superado un cáncer que hace 1 año decían ser terminal… Mi padre es invencible, ergo yo también lo soy 🙂 Felicidades papá.

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Motiva… ¡acción!

 

Es curioso como las peticiones de los clientes suelen coincidir. Últimamente mis clientes eligen como objetivo: aumentar mi motivación. La motivación es una de esas habilidades a las que damos más importancia puesto que todos, con motivación, somos capaces de todo.

La motivación es sencilla cuando es externa o no depende de nosotros: que mi jefe me diga lo bien que lo hago, que mi marido me haga un regalo, que me toque la lotería, etc. Desde luego, este tipo de detalles son de agradecer y siempre le animan a una el día. La realidad es que esto no está en nuestras manos: puedes hacer un trabajo excelente y que nadie te lo reconozca, o ser una esposa envidiable y que no te lo agradezcan o que juegues cada Navidad a la lotería y nunca te toque. Y entonces, curiosamente, el mundo se desmorona y nos parece que nada tiene sentido. Por eso, aunque la motivación externa está muy bien, la que nos interesa de verdad es la interna, la que sólo depende de nosotros y podemos poner a funcionar siempre que nos apetezca.

AUTOMOTIVACIÓN. Éste parece ser el concepto. Como siempre, ir del dicho al hecho nos lleva bastante trecho. Para trabajar la automotivación hay que repasar otras habilidades que como ésta, pueden aprenderse y que son fundamentales para nuestro entrenamiento base: autoestima, positividad y creatividad. La autoestima nos recordará todas las veces que hemos tenido éxito en la vida, la positividad nos dirá que al final todo sale bien y que si no sale bien es que no es el final y la creatividad nos ayudará a construir un plan A, un plan B y hasta un plan C (¿qué es lo peor que me puede pasar? ¿cómo saldría de ésa?).

Hagamos el siguiente ejercicio: pregúntate: ¿cuáles son tus fuentes de motivación? Elimina las que no dependen de ti y tendrás una idea clara de en qué punto estás y qué es lo que necesitas

Nuestras ideas-fuerza de hoy que pueden servirnos como mantra son:

1. La Motivación no depende de lo que nos pasa sino de cómo vivimos lo que nos pasa. Ejemplo: una comida deliciosa… la engullimos como si nada, ¿y si fuéramos capaces de paladearla, disfrutarla? ¿mejoraría nuestro día?

2. La motivación es una elección. Ser lo suficientemente inteligentes como para saber qué es aquello que nos hace felices y alimentarlo cada día. Por ejemplo: si lo que nos hace sentir bien es hacer ejercicio, debemos meterlo en nuestra agenda como algo tan importante como el trabajar o como ver la tele (para esto, la mayoría siempre encontramos un rato y nunca he oído a nadie que me diga que ver la tele le hace sentirse muy bien).

Lo que nos hace sentir bien es aquello que sabemos hacer: coser, cocinar, cantar, correr, ir al cine, charlar con una amiga, conducir, pasear, pintar, tocar un instrumento… Aunque también funciona con aquello que queremos aprender y logramos hacerlo: navegar, diseñar, patinar… Fijarse pequeñas metas placenteras, a corto plazo, encontrar aquello que te hace sentir bien y alimentarlo. Esa es la clave y, si eres de los valientes, te propongo algo muy arriesgado: convierte tu ocio en tu trabajo y luego me cuentas cómo te cambia la vida 🙂