Categoría: Habilidades Intrapersonales

Para qué voy a tener frío si no tengo abrigo

Hoy os propongo dos cuestiones en esto del desarrollo personal que estaré encantada de discutir esta semana, si os apetece:

1. El ser humano es egoísta por naturaleza y está bien que lo sea

2. El ser humano no tiene razón de ser sin al menos otro ser humano

Ya sé que el egoísmo está peor visto que la zoofilia pero lo cierto es que sin egoísmo sería muy improbable poder ser altruista. Veréis: si la Inteligencia Emocional dice que para obtener bienestar personal/profesional hay que aprender a tener buenas relaciones con uno mismo para poder tenerlas con los demás es porque se ha podido comprobar que uno no puede amar a otros si no se ama a sí mismo. Ejemplo: las personas que son muy celosas: a algunos les parecerá una forma romántica de amar cuando sin embargo los celos indican una necesidad de poseer al otro, vamos, que si pensamos que necesitamos poseer a otro para que nos ame es que no nos tenemos mucha estima y si no nos la tenemos no podemos tenérsela al otro. Por lo tanto, mi propuesta de hoy es aprendamos primero a ser egoístas, aprovechando que la esperanza de vida en el siglo XXI nos permite éste y otros experimentos: querámonos, hagamos cosas que nos proporcionen placer, dediquémonos tiempo, busquemos nuestro desarrollo personal, intelectual, profesional… Sabremos que lo hemos conseguido  cuando queramos compartir lo que somos y lo que hacemos para beneficiar a otros.

gemelasLa segunda premisa es una de mis favoritas pues responde a un viejo trauma. Mi madre, con la buena intención de picarme o motivarme, solía compararme con otras niñas: fulanita saca mejores notas, menganita es más cariñosa, beltranita hace mejor las cosas… Tardé años en encontrar un buen alegato que me sirviera como defensa: mamá, yo no puedo ser como zutanita porque tú no eres como su madre. Pero lo cierto es que los calificativos no tendrían sentido sin un referente, sin un comparativo, tanto como que el bien necesita del mal, la luz de la oscuridad y el hambre de la comida para poder existir.

Mi padre solía decir: ¿Para qué voy a tener frío si no tengo abrigo?

Cuando decimos que esa chica es muy guapa es porque conocemos a otra que es más fea. Cuando decimos que ese señor es maleducado es porque conocemos a otro que no lo es. No se puede calificar sin comparar. Ahora bien: es cierto que la comparativa, ya que existe, como también existe el egoísmo, podríamos utilizarla para, como bien deseaba mi madre, motivar. ¿Cómo? ¿Cuál es la diferencia? Ofreciendo un modelo incuestionable. Y como ya sabéis que soy una defensora a ultranza del modelaje, para mí lo mejor es sin duda ser modelos para nuestros hijos, emitiendo comparaciones positivas del tipo: “mira papá qué bien lo hace”. Aunque también podemos elegir modelos públicos y lejanos tipo: “a Einstein se le daban fatal las Matemáticas, y mira…”.

Mi hijo es fan de Ara Malikian
Mi hijo es fan de Ara Malikian

A nadie le extraña que para algunos niños Ronaldo y Messi sean ejemplos a seguir y, por querer ser como ellos, jueguen al fútbol hasta caer exhaustos. Pero hay muchos más modelos útiles para su desarrollo: os animo a que veáis con vuestros hijos el programa Pizzicato de TVE2. No hará falta comparar para motivar 🙂

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Días verdes, lazos rosas

Mi padre y yo. Madrid, 1974
Mi padre y yo. Madrid, 1974

Aviso: hoy estoy hipermotivada. Ya, ya sé que pensáis que no tengo ningún mérito dedicándome a entrenar a gente para ello, pero no creáis, hay días que la vida se me hace cuesta arriba. Llevo muy mal el sufrimiento ajeno y peor no poder hacer nada para aliviarlo y en estos tiempos… eso es cada día. Pero resulta que anoche, paseando por Facebook, me encontré con que una persona a la que admiro declaraba su gratitud a su familia, amigos y sobre todo a su marido que había compartido con ella 9 meses muy intensos en los que parecía que mi vida y todo lo que tenía a mi alrededor, se derrumbaba… y me estremecí.  Primero me entró una angustia terrible al saber que una persona tan bonita había pasado por un terrible trance y luego me dio un subidón tremendo al ver que lo había superado y lo había celebrado.

Así es que gracias a ella e inspirada por mi amiga María Ortuño que también ha decidido poner en práctica la Técnica de la Gratitud Aplicada (agradecer públicamente cada día a alguien algo) que es un ejercicio muy recomendable para todos por su sencillez, economía y los múltiples beneficios que produce, hoy he decidido disfrutar de la vida y compartir este lunes maravilloso con la gente a la que quiero y recuerdo con cariño.

Cuando tenía unos 21 años solía presumir de mi capacidad de supervivencia y de autonomía: trabajaba, estudiaba, llevaba mi casa… De un momento de mi vida en el que había caído en picado había sabido resurgir como el ave fénix y me había creado una especie de falso muro -del que aún queda algún que otro ladrillo- de seguridad. Gustaba de decir aquello de: no necesito a nadie, no confío en nadie. Qué tremenda era… una salvaje que no entendía nada… Casi 20 años después os puedo decir con un orgullo nada pretencioso que yo no soy nadie sin la gente que se ha cruzado en mi camino. Desde personas que, de forma puntual me han dicho algo que no parecía ser muy importante y que he guardado como un aprendizaje de vida (como mi amiga María José Prado: cuando teníamos unos 15 años, me enseñó a secarme la cara; recuerdo cómo se sorprendió cuando 10 años después me pilló un día secándomela tal y como ella me había enseñado) hasta personas que con su vida me han dado ejemplo y coraje para salir adelante.

Todos tenemos un don. Yo tengo el don esponja: no sólo soy capaz de ver con una claridad sorprendente el potencial de cada persona, sino que tengo una capacidad magnífica para copiarlo y aprehenderlo. Así es que, teniendo en cuenta que hay miles de personas que me han aportado algo valioso no puedo por menos que sentirme muy afortunada.

Conozco a gente ultramaravillosa con la que apenas he cruzado unas palabras o he pasado unas horas, o unos minutos o unos años que me han regalado mucho más de lo que hubiera podido esperar. Como ya he contado muchas veces, la experiencia (gracias a mi amiga Mar Llera a la que admiro y adoro profundamente) de ir a Bosnia tras la guerra me cambió la vida o al menos me enseñó a relativizar, tanto que durante mucho tiempo cualquier queja procedente de un ser humano, si no era una cuestión de salud física, me parecía una chorrada. Después tuve que aprender a empatizar y a ver que para cada uno lo que le sucede puede ser la peor de las guerras y que del tratamiento de ese conflicto depende su salud y su bienestar. A mí se me da bien solucionar conflictos, tengo un buen entrenamiento, pero cada vez que trabajo con un enfermo de cáncer mi trabajo cobra otra dimensión. Todas las personas con las que he colaborado en esa situación han sido verdaderas heroínas para mí que me han regalado la oportunidad de compartir su dolor pero también su esperanza. Gracias a ellas me siento con fuerza suficiente para afrontar lo que sea, porque son mi ejemplo, mi inspiración y porque se lo debo.

Hoy quiero dedicar este post a mi padre que ha superado un cáncer que hace 1 año decían ser terminal… Mi padre es invencible, ergo yo también lo soy 🙂 Felicidades papá.

Inteligencia Emocional en Gran Canaria III

Innovar_clienteComo os decía en el post anterior, este viernes quiero entrenar con vosotros vuestra Inteligencia Emocional. La cuestión es ¿para qué?

Desde que Binet publicara en 1904 el primer test de inteligencia, el cociente intelectual ha sido un excelente predictor de la capacidad para afrontar retos cognitivos pero no de las posibilidades de éxito (entendiendo éste como satisfacción plena con la vida personal y profesional).

La Inteligencia Emocional (término que como ya sabéis acuñó Goleman en 1995: pincha aquí para ver su fantástica intervención sobre la compasión) se convierte, por tanto, en el complemento vital en la búsqueda de la satisfacción y el éxito: ¿quién no quiere sentirse bien, a gusto consigo mismo y en equilibrio con el resto del mundo?

La respuesta está en entrenar nuestra Inteligencia Emocional. Teniendo en cuenta que ésta es la capacidad para tener buenas relaciones con uno mismo y con los demás, tendremos dos tipos de prácticas:  intrapersonales e interpersonales.

Os voy a proponer un entrenamiento muy sencillo que, como ya sabéis, para ser efectivo debe realizarse cada día durante 21 días:

Se trata de fomentar una parte de la Inteligencia Emocional: la adaptación al cambio, una de las claves del éxito personal y profesional. A su vez, la adaptación del cambio necesita de al menos 2 habilidades para poder generarse: la creatividad y la positividad, por lo que hoy os propongo fomentar vuestra creatividad:

¿Qué has hecho desde que te has levantado? ¿lo mismo de ayer? ¿de la misma forma? Hoy vamos a cambiar eso: vamos a elegir otro camino, otra indumentaria, otro tipo de comida… y vamos a ir al cine: (también lo podemos hacer con la televisión): échale un vistazo a la cartelera: ¿qué tipo de película no verías nunca? Esa es la que debes ver hoy.

Puedes hacerte una de estas preguntas cada mañana: ¿qué tipo de comida no he probado nunca? ¿qué tipo de prenda no me he puesto nunca? ¿con qué tipo de personas charlo, con qué tipo no? ¿en qué cosas pienso, en qué cosas no? Y cada día probar a hacer algo nuevo o de manera diferente.

Espero vuestros comentarios en este blog o en mi correo habitual: ana@orantos.es

Para el resto de entrenamientos os espero en el taller del viernes 🙂