Categoría: Inteligencia Racional

El hambre emocional y otras realidades subterfugias

Ignatius FarrayHace un par de meses escuché en Loco Mundo (creo que es uno de los escasos programas que veo en televisión y sí, es en un canal de pago; ¿acaso hay alguno que no lo sea?) a Ignatius Farray disertando sobre el giro de la derecha de una manera tan breve (menos de un minuto) y lúcida que me fascinó. Básicamente, esto era lo que decía en su exposición, explicando por qué todos los partidos, incluso los de extrema izquierda, habían comenzado a ser de derechas:

  • Todos los partidos temen perder los votos que tienen y tratan de aferrarse a ellos a cualquier precio. Eso es política conservadora, política de derechas.
  • Ningún partido dice en realidad lo que piensa porque tiene miedo a caerle mal a alguien y perder votos. Si tienes miedo a decir lo que piensas porque eso te puede perjudicar, eso es mentalidad de derechas.
  • Por tanto, si especulas con lo que dices, tratando de rentabilizarlo en votos, eso es, absolutamente, de derechas.

A la derecha de este país, o de cualquier otro, no se le puede acusar de aparentar lo que no es, al resto de ideologías políticas, sí. Creo que es una buena base para empezar a reflexionar sobre quién miente y por qué todos lo hacemos. Que está claro que a muchos nos gustaría ser de izquierdas porque creemos sinceramente en la igualdad de derechos, bien, que si tenemos que dar ejemplo, mal. Tan cierto como que el 56,5% de este país está casadoel 30% es infiel.

"La pedagogía ha dejado a la enseñanza en los huesos" (tracatrá). (Ricardo Moreno)
“La pedagogía ha dejado a la enseñanza en los huesos” (tracatrá). (Ricardo Moreno)

Siguiendo con la televisión, que para no verla siempre da mucho juego, una compañera me envió, el otro día, vía whatsapp, un corte de un programa llamado Chester in love, en el que se ofrecía un pequeño debate entre la ínclita Eva Hache y un catedrático de Matemáticas retirado, llamado Ricardo Moreno, sobre la educación. A su lección la llamó “Yo creo en el esfuerzo” y defendía lo siguiente:

  • Nuestro sistema educativo se basa en el engaño porque nunca habla ni del esfuerzo, ni del trabajo, ni del conocimiento. Lo envuelven de destrezas, espíritu crítico y creatividad. El espíritu crítico sin conocimiento es charlatanería. Un fanático es un ignorante lleno de espíritu crítico.
  • Al conocimiento se llega con el esfuerzo y el ejercicio de la memoria.
  • Si a los niños les dices que lo importante es estar contento y motivado, ellos se lo creen y les estás engañando. Cuando vas a tu casa y te encuentras la comida hecha, ¿te la hacen todos los días o solo cuando están motivados? Todos tenemos obligaciones que se deben hacer, motivados o no, y negar eso, es engañar.
  • ¿Cómo sabes si te gusta si no lo conoces? Solo cuando aprendes es cuando puedes darte cuenta de si te gusta o no.
  • Ser estricto significa no pasar por alto lo que no se hace bien, no significa infligir sufrimiento.
  • Hay dos normas. Norma 1: El profesor siempre tiene razón. Norma 2: si el profesor no tiene razón, se aplica la norma 1.
  • No siempre se puede aplicar el método socrático, no tenemos tiempo para esperar a que el niño descubra lo que la humanidad tardó siglos.

Leído así podríamos decir que es un argumento conservador, pero, ¿quién no está de acuerdo? En el vídeo se puede apreciar la cara de satisfacción del presentador y la debatiente, cara de “cuánta razón tiene”. Eso no quiere decir que mañana no vayan a discutir con el maestro o maestra de sus respectivos hijos porque no les guste una decisión que haya tomado.

Las contradicciones nos hacen humanos pero no justifican nuestra mediocridad.

Qué ganas de decirle esto a más de uno...
Qué ganas de decirle esto a más de uno…

Últimamente he oído hablar mucho del hambre emocional (¿hay algo que no lo sea?). Mi abuelo lo llamaba “comer por aburrimiento” y se enfadaba porque no entendía cómo podíamos hablar de hambre, si nunca lo habíamos sentido, aún peor, cómo podíamos aburrirnos. Este apellido “emocional”, casi esculpido por Goleman, está siendo repetido hasta la saciedad y utilizado hasta el hastío para justificarlo todo (tanto que hasta Mr. Puterful está dejando en bragas a Mr. Wonderful y Paulo Coelho está pensando en extraditarse a Mordor): No me gusta cómo me trata mi jefe, no voy a trabajar. No me gustan las matemáticas, no las estudio. Se me da mal la gimnasia, pido al médico que me haga exenta. No me gustan las lentejas, me como una pizza. No me cabe el vestido que me chifla, me pongo a llorar, y a comer. No me gusta mi marido, me busco un amante. No me gusta el partido que gobierna, no voto. No me gusta que mi vecino maltrate a su mujer, me mudo…

Nuestro nivel de neurosis es tal que no hay que ser muy listo para predecir que esto va a petar… y sí, sé lo que estás pensando pero no, mientras me siga cuestionando este mundo en el que vivo, todavía tengo alguna posibilidad… ¿y tú? ¿cómo lo llevas?

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El imperio de la felicidad

La infelicidad tiene un color...
la felicidad enlatada…

Empecé a escribir este post cuando, en Audazia, People focused,  nos planteamos cuál queríamos que fuera nuestro mantra. No tardamos mucho en decidir que debía incluir la palabra felicidad. Habíamos caído en la trampa. Seducidos por la ínclita felicidad, encorsetada, diseñada y prostituida una y mil veces para imponerse, de manera totalitaria, en nuestra vida personal y profesional, nos habíamos sumado a una corriente invisible  y sectaria que nos obligaba a consumir felicidad sin previa degustación. ¿Qué felicidad es esa que presume de estar patrocinada por una bebida gaseosa y azucarada responsable de diabetes, enfermedades cardiovasculares y obesidad en personas de los cinco continentes? ¿cuándo empezó a traficarse con felicidad en redes sociales en las que, a cada segundo, medio mundo trata de demostrar a la otra mitad lo feliz que es? ¿de dónde proviene la politización de la felicidad? ¿cómo ha llegado a ser el mejor negocio del planeta? 

De repente, ya no estábamos tan seguros. Si manteníamos nuestra decisión, deberíamos diferenciar esa felicidad, elemento de consumo, de la otra, una felizidad con z, de Audazia, aquella que solo es posible si tu trabajo se relaciona con tu vocación, tus expectativas y tus competencias, ¿es esto real? ¿podríamos soportar la falta de ortografía?

A ver si te vas a distraer...
A ver si te vas a distraer…

En estos años, las empresas y los consultores dedicados a promover la felicidad en tu trabajo, en tu vida, en tu desayuno, en tu perro… se han multiplicado, sin compasión. Hace unos meses,  charlando con algunas madres, preocupadas por hacerlo bien, mejor que nuestros padres… ¿crees que podemos hacerlo mejor? ¿solo por el hecho de tener más información? ¿acaso eso no lo complica todo? La obsesión de mi madre, y de todas las madres de mis amigas, de mi generación, era que fuéramos a la universidad; ahora eso ya no parece tan importante (para lo que sirve…), ahora lo importante es que seas feliz: ¡sé feliz o te castigo toda la tarde sin el iPad! Joder, que no haces caso… 

Ai no korîda (N. Oshima, 1976)

¿No os recuerda a aquella película que tanto nos impresionó en los años setenta? En El Imperio de los Sentidos, la pasión se adueñaba de una pareja de amantes que había hecho del sexo su imperio, sin importarles nada más, hasta el punto de confundir placer con dolor… ¿no os recuerda a esta situación? Un tipo de relación con la satisfacción, como este, hace que los vínculos humanos se vuelvan casi insoportables. Cuando el otro comienza a ser un impedimento para mi felicidad… ¿qué hacemos con él? Despedirle, alejarle, darle de lado, anularle… Cada vez más deshumanizados, hasta tal punto de abandonar todo erotismo y sumergirnos en una pornografía artificial de efecto inmediato. Las secuelas son implacables: falta de tolerancia absoluta al aburrimiento, la frustración, el fracaso, el error, la procrastinación, la melancolía, el ostracismo… El apartheid de los sosos, amargados, tímidos, tristes… como si no les necesitáramos. ¿De verdad que tienes que tener una actitud positiva a pesar del cáncer, del despido, del abandono de tu mujer, del accidente, de tu angustia…?

Como podeis imaginar, al final desterramos la palabra felicidad. No nos interesa. Para empezar porque no nos gusta que nos impongan nada, creemos en la oportunidad de dejar que cada uno sea lo que quiera ser, sin obligarle a que sea como los demás o a que se comporte como nos gustaría que lo hiciera. Como dice el periodista, Quique Peinado, una cosa es tratar de buscar la alegría, que es temporal, y otra imponer la felicidad de forma permanente, como una gran mentira que nos obligue a ocultar nuestra frustración por no serlo.

Nos interesa trabajar con empresas que mejoran la sociedad, a nivel económico, ecológico y humano. Nos interesa trabajar con personas que se esfuerzan por hacer un buen trabajo y que quieren disfrutar de él. Ese es nuestro foco. Ya solo quedaba el mantra… pero ese… os lo cuento en otro post 😉

Sentido común, lógica, normalidad y otras paparruchas

sentido-comunEl sentido común está relacionado con una forma razonable de enfrentarse a los problemas. Partiendo de la base de que la sensatez, la prudencia y la cordura nunca han sido santos de mi devoción ni adalides de grandes gestas, puede ser interesante reflexionar sobre la importancia que le otorgamos al sentido común y por qué creemos que el nuestro, si es que lo tenemos, debe ser el único aceptable. Es probable que, si nacimos en el mismo país, incluso en la misma ciudad, el mismo barrio, el mismo bloque y la misma escalera, mi sentido común se parezca al tuyo, aunque, si mi padre o mi madre, no nacieron en el mismo país, ciudad, barrio, bloque, escalera que el tuyo o la tuya… entonces, no va a poder ser… eso parece preocuparnos bastante, aunque yo no tengo nada claro si sentir como los demás es, necesariamente, lo mejor. Entiéndase por común lo ordinario, vulgar y frecuente, y tan popularmente conocido como normal. Yo estoy convencida de que la gente normal no existe, es una leyenda urbana, en toda mi vida he conocido a alguien así. Si esta premisa es cierta, afecta directamente al sentido común. Estamos muy tontos con ese tema, te pasas media vida tratando de ser normal, de encajar, de seguir los patrones establecidos por unos u otros, hasta que te das cuenta -con suerte, antes de morir- de que eres único, que la vida es una y que eres libre de ser lo que quieras y cómo quieras, libre para elegir ser feliz, incluso libre para elegir no serlo.

tildaTilda Swinton es la actriz viva que más me atrae, me subyuga su diferencia, ese poder que tiene de ser femenina, masculina y lo que le dé la gana; mi admiración por ella creció más aún desde que supe que vive en ménage à trois con su marido y su amante. Imagino que habrá un millón de personas que la habrán criticado y muchas más se habrán muerto de envidia, descansen en paz. No se preocupen ni se escandalicen, hay muy pocos como ella. Alguna vez lo habréis leído en este blog, no me gustan nada las dicotomías, no creo que sean positivas, ni beneficiosas para nadie, ni realistas. Mujer/hombre, casada/soltera, derecha/izquierda, creyente/ateo… solo un sistema educativo tan limitado como el nuestro puede producir opciones tan simplistas.

Después del último atentado en Orlando, en el cual han muerto más de 50 personas y otras 53 han resultado heridas, medio mundo occidental rechaza la matanza, más aún cuando la única razón que se les ocurre esgrimir es que no les gusta la orientación sexual de otro. Patético. Terrorífico. Sigo convencida de que el foco debemos ponerlo en la Educación y la Cultura. Solo ellas pueden lograr que nuestra lógica sea más potente y eficaz, más flexible. La música, el arte, leer, viajar… son más que suficientes para darnos cuenta de que no estamos solos, de que no hay verdades absolutas y de que no hay nada más poderoso que el miedo. Miedo a la diferencia. En plena campaña electoral, escucho a una señora decir “al coleta no le daba ni agua” y eso también me produce terror. Me pregunto si de verdad no le daría agua, aunque muriera de sed o, simplemente, es una curiosa forma de hablar. ¿Qué nos incapacita para conocer al otro, para entenderle?  Me gustó mucho la campaña de Amnistía Internacional en la que enfrenta a europeos y refugiados y les reta a mirarse. MIRARSE. Mirarse más, hablar menos. Necesitamos más silencio, menos ruido. Demasiada gente sabiendo qué hacer y muy poca haciendo algo. Una vez leí en algún sitio que las ollas vacías suenan mucho más que las llenas. Mucha gente vacía.

¿Alguna vez te ha molestado lo que dice o piensa otro? Es un buen punto de partida, ¿no te parece? Empezar a investigar la razón de por qué nos sentimos así, analizar nuestros miedos. Hoy he leído, no negaré que con cierta satisfacción, que el arzobispo de Valencia ha sido denunciado por delitos de odio contra los homosexuales y las mujeres. Juzgar a los demás solo porque no son como tú es de esas miserias humanas con las que tendremos que cargar con pesadumbre y vergüenza pero, antes de mirar la paja en el ojo ajeno, no estaría de más observar nuestras vigas…

PD: dedicado a Rosa González, por ser una maravillosa persona con un gran sentido poco común y nada normal 🙂