Categoría: Personas que importan

La excelencia y la sobrevaloración del talento

dibujo_patioDurante mucho tiempo, el talento ha sido casi una obsesión para mí. Empezó en el colegio, tendría unos ocho años. Recuerdo que la maestra nos pidió un dibujo sobre el recreo. Seguramente, habría pasado otras veces, pero esa tuvo de especial que me fijé en mi compañera de mesa. Estaba yo todavía pensando en qué diantre iba a dibujar, cuando ella ya había perfilado, con precisión quirúrgica, todos los elementos de la escena. Aquello que salía de su lápiz parecía ser aquello que ella deseaba que saliera. Estaba impresionada. Lo intenté. Compré los mismos lápices, el mismo papel, pero nada. Me ocurrió igual en clase de gimnasia. Observaba como había personas que hacían con facilidad aquello que para mí era muy difícil.

Gente con talento. Y yo, a la caza y captura, observando, escudriñando, examinando, analizando y estudiando a todo aquel que se cruzara en mi camino, una y otra vez. ¿De dónde procedía el talento?

Unos años más tarde, ingresé en el conservatorio. Cuando llegué, allí estaba de nuevo: niños y niñas con una facilidad deslumbrante para interpretar música. Estaba claro que era algo genético pues muchos con aquel talento tenían padres o madres músicos, y se notaba.

talento_lessingCon 20 años era capaz de distinguir con claridad el talento, una especie de resplandor que hacía especial a cada persona que conocía, con la práctica era capaz de verlo incluso en aquellos en los que nadie veía nada, quizás por eso decidí estudiar Magisterio. Me especialicé en casos perdidos, abandonados, irrecuperables… a todos les encontraba un talento determinado para algo (y eso que en los tres minúsculos años de carrera nunca oí hablar de la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner), así es que no me extrañó cuando una familia se puso en contacto conmigo para que trabajara con su hija “especial”. Fue una experiencia muy interesante. La niña había ido a un colegio para superdotados en Valladolid, en el se que había certificado su sobredotación. La niña, de 11 años, tocaba el piano con soltura, cantaba bien, parloteaba dos o tres idiomas, se le daban bien las Matemáticas… podríamos decir que era una persona con talento pero, por primera vez, yo no pude verlo.

¿Qué demonios es el talento? Una vez ya metida de lleno en la vida profesional, el talento seguía persiguiéndome. En las librerías, títulos del tipo Cómo conservar el talento, ¡contrate gente con talento!, El talento: ese bien tan escaso y tan preciado, Atención: fuga de talentos: España en crisis… repletaban las estanterías, tanto que incluso creé un seminario sobre GESTIÓN DEL TALENTO, con el objetivo de que todos pudieran encontrar su/s talento/s antes de que fuera tarde. La gente asistía sin demasiado ánimo, convencida de que, el talento, se tiene o no se tiene. Por lo que, un tiempo después, creé otro denominado GESTIÓN DEL ENTUSIASMO, con muchos más candidatos y resultados más eficientes, aunque el contenido fuera el mismo 🙂 En mi trabajo como consultora tuve que seleccionar personas con la seguridad de que ese debía ser el requisito esencial para contratar a alguien: ¿cuál es tu talento? les preguntaba; los candidatos contestaban con frases difusas tratando de que aquello sonara a soy el adecuado.

En 2010 tuve un sueño, un proyecto empresarial compuesto por personas con un talento especial en diferentes áreas de negocio, gente sobresaliente, cualificada, independiente y con ganas de hacer algo distinto. No funcionó. Durante horas nos sentábamos a charlar sobre esto o aquello, pisándonos con nuestras ideas inteligentes, unas más que otras. Sin ningún avance. Estaba claro que sabíamos pensar pero nunca llegamos a actuar. En la actuación se encuentra la pasión y, sin pasión, no hay talento.talento_einstein

En 2013 asistí a una serie de monólogos científicos en los que participaba una genetista que, con humor muy certero, nos contaba lo poco que tenía que ver la genética con nuestra inteligencia. Ese año leí a G. Colvin, editor y columnista de la revista Fortune y uno de los más respetados periodistas económicos de Estados Unidos; era un artículo sobre la práctica deliberada y su efecto multiplicador. En él describía montones de casos de personas que, aparentemente, sin una aptitud especial para el deporte, la música o los negocios, habían llegado más lejos de lo que nadie hubiera imaginado, personas sin antecedente familiar alguno, personas que habían practicado hasta que habían sido buenos y viéndose buenos habían seguido practicando hasta hacerse excelentes. Sin magia, sin genética, solo a base de esfuerzo, ¿no es esperanzador?

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Cuatro naranjas

“Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta… sólo entonces, cuando estés enamorado de ti mismo, podrás ser muy feliz y amar de verdad a alguien… Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor… aunque la violencia se practica a plena luz del día.” 

The beatlesEl mismísimo John Lennon cerraba mi participación en las II Jornadas Canarias de Inteligencia Emocional. Qué suerte haber podido participar, de nuevo, en un proyecto tan bonito y tan necesario. Gracias, de corazón a Raúl Ravelo que es el alma y la melodía de todo esto. Gracias, amigo. Este año ha sido una experiencia fabulosa. Ya sabéis de mi empeño por trabajar la Inteligencia Intrapersonal como base para todo lo demás y este año FANUESCA me había planteado muchas preguntas sobre cómo mejorar las relaciones de pareja, la comunicación y el sexo. Para mí la respuesta es sencilla: mejora tu relación contigo, tu lenguaje interior y la relación con tu cuerpo y tu sexualidad; si eso es bueno, curiosamente, lo demás también lo será.

Siempre me ha preocupado esa historia de tener que buscar tu media naranja, una historia que la mayoría ha aceptado como verdad universal y que margina ferozmente a los que no la han encontrado o la han perdido, como si sólo hubiera una manera de hacer bien las cosas y eso fuera encontrar  a 1 alguien afín, casarse con él, procrear etc, etc. No voy a negar la evidencia: ese es un modo; pero no creo que sea “el modo” ni de todos ni para todos. Hay personas con más o menos capacidad para amar, más o menos promiscuas, más o menos generosas, etc. Pensar que debe haber alguien que nos complete es una solemne barbaridad amén de que depositar tu 50% en alguien que no seas tú me parece una falta de responsabilidad.

Trabajar en ser naranjas enteras, completas para nosotros mismos, es un buen reto. ¿Que cómo se hace? Coge lápiz y papel: tienes 24 horas, reparte: horas para ti, horas para tu pareja, horas para tu familia, amigos… las cuentas salen siempre que empieces por ti: cuídate, haz eso que siempre has querido hacer, vive para ti y estarás preparado para vivir para y con los demás.

¿No te da celos que alguien se vaya con tu chico? (arghhhh… que alguien me clave un puñal cada vez que se utiliza la expresión “mi chico”). Ya empezamos mal con la preguntita de marras, es que no es tuyo!!!!!  Pero ¿cómo vas a tener la propiedad de alguien? ¿Volvemos a la esclavitud? Si sabemos de sobra que el verdadero amor no se desarrolla sin la libertad… tener la libertad de elegir estar contigo… ¿puede haber algo mejor? ¿menosprecia eso acaso que te guste estar con otros?

¿Lo has probado? Amar no a una ni a dos sino a tres personas, con la misma intensidad, la misma pureza, las mismas ganas… juntaros los cuatro, rezando para que no pase el tiempo, para que no se acabe ese momento. Cuatro miradas, ocho manos, cuatro bocas… cuatro historias mezcladas y salpicadas de cuatro olores distintos. Cuatro maneras de ser, de vivir, de amar, multiplicadas por cuatro mil deseos…

Cuando eso sucede se escriben versos maravillosos, canciones fascinantes…

 

De casualidades y causalidades

Es un título trampa. No creo en las casualidades ni en las patas de conejo ni en la magia negra. Creo en el poder de las -buenas- personas y sobre todo creo que si siembras, recoges. No sé cuánto ni qué, pero recoges.

casualidadEn el año 2013 he conocido a dos personas con las que he tenido esa sensación de nos conocemos de siempre, que me aportan, me calman y me seducen. Dos pequeñas grandes mujeres  ¿y sabes qué? Una nació 13 días antes que yo y la otra 13 días después. Una tiene tres hijos, otra tiene dos y yo completo la ecuación. A las dos las he encontrado muy lejos de su hábitat natural, en un momento clave; en realidad no las he encontrado, simplemente nuestras vidas  se han cruzado, lo que pasa es que no las he dejado pasar, ni las dejaré, yo me las  he quedado pa mí pa siempre.

Esta semana he terminado la trilogía sobre Comunicación que he realizado para la gente de la Concejalía de Juventud de Santa Lucía. La primera ha sido un acercamiento a la Comunicación Pública, una invitación a sorprender y a ser creativos, la segunda una fórmula para la Seducción y con la tercera he hecho más hincapié en la Marca Personal. La gente joven me fascina. Ya sé que yo también he sido joven y que el espíritu es lo que cuenta y todos esos rollos que nos hemos inventado para no aceptar que ya no somos jóvenes, porque luchar contra el tiempo es una guerra perdida, no hay lifting que pueda mantener el brillo en la mirada, la piel a estrenar, las ganas de empezar, de hacerlo todo por primera vez, creer que no tienes nada que perder…

En las tres ocasiones sentí lo mismo: nuestros caminos acaban de encontrarse, estoy segura de que es por una buena razón. Algunos no volverán a contactar conmigo aunque me recuerden de forma amable, otros me seguirán en Facebook para no perderme de vista, y otros, algunos, los menos, me llamarán, me escribirán o quedarán conmigo, me contarán sus planes y compartirán sus sueños. Y un día alguien les dirá: ¿Has quedado con Ana? –Qué casualidad, precisamente estaba pensando lo que me hubiera gustado charlar con ella-.

Sé fan de la causalidad, verás qué efectos…