¿miras mucho el reloj en tu trabajo?
¿miras mucho el reloj en tu trabajo?

Uno de los servicios más demandados por nuestros clientes hace alusión al absentismo. Parece que comienza a ser algo preocupante desde que, en 2016, se alcanzaran cifras inauditas y, como consecuencia, un coste de ocho mil millones de euros para las empresas españolas; y eso solo en cuestión de absentismo laboral. Si tenemos en cuenta el absentismo presencial (voy a trabajar pero no trabajo) o el absentismo emocional (trabajo pero no rindo), llegaríamos a la conclusión de que solo el 20% de los empleados dan lo mejor de sí mismo cuando trabajan. Por cierto, un dato más que interesante es que esto solo atañe a trabajadores por cuenta ajena, no a autónomos, esos superhéroes en los que he depositado todas mis esperanzas…

Al parecer, Javier Coronas, no estaba muy equivocado cuando dijo aquello de que la culpa del absentismo la tiene la absenta -según él, lo que bebemos quienes no sabemos a quién votar-. En 1910, se consumieron 36 millones de litros en Francia provocando en sus adictos alucinaciones y deterioro intelectual, síntomas que alteraban su vida laboral, impidiendo que fueran a trabajar o que lo hicieran de forma rentable. A esa enfermedad se le llamó muertoelperro
“absentismo”. Cinco años después, el país galo prohibió esta bebida y muerto el perro… 

Los estados, no demasiado inteligentes, así como las empresas u otras organizaciones, suelen encontrar en la prohibición soluciones para todo y, creo yo, que también cierta excitación relacionada con la erótica del poder, aunque ese no sea el caso que hoy nos ocupa. Pero es que el perro no es la absenta, el perro es que, antes y ahora, necesitamos evadirnos de una realidad que muchos tienen la sensación de no haber elegido. El perro es que somos producto de un sistema educativo que no nos prepara para disfrutar siendo buenos en aquello que nos gusta hacer (lean si no “El elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo” de Ken Robinson) sino que nos prepara para ser esclavos, para tenernos a todos bien ordenados y bien atados a un trabajo, una hipoteca y, a un millón de obligaciones más que no hemos deseado… y no sé muy bien cuál es la absenta de esta España nuestra que, con mucha pereza y sin una pizca de entusiasmo, ha entrado en el siglo XXI, pero temo que esté más relacionada con el nihilismo y la obsesión por llevar una vida lúdica que con cualquier licor barato, aunque cada vez nos sea más insoportable sobrevivir sin la ayuda de los benditos estupefacientes.

¿alguna vez te has sentido así?
¿alguna vez te has sentido así?

Hay personas que no quieren trabajar porque trabajar no les hace sentir bien. Esa es la raíz del asunto y el origen de todas las jaquecas, dolores lumbares, ansiedades, depresiones y las mil y una afecciones que provoca el trabajo. Nuestra propuesta es diseñar, a la medida de cada cliente, una maravillosa política de prevención que se centre en:

  • Cuidar de la salud física de su capital humano, procurando una alimentación sana y ejercicio.
  • Ofrecer una cultura corporativa fuerte en la que se contemplen los valores de los trabajadores.
  • Cuidar de la salud intelectual, con planes de formación y planes de carrera adecuados a sus deseos, necesidades y capacidades.

A cambio, tendremos una empresa en la que todos querrán trabajar, una empresa que atraerá al mejor talento, que presumirá, más que de clientes, de fans, y de unos trabajadores satisfechos con un orgullo de pertenencia brutal.

Conseguir que se invierta en prevención todavía es un reto lejano, a pesar de las ventajas competitivas que ofrece, pero este es el momento de empezar a ocuparnos de ello antes de que sea tarde, porque, si no, ya no habrá política de prevención que valga, tendremos una situación grave de emergencia que precisará extirpar. Queridos clientes: que entrar en quirófano sea nuestra última opción, y no porque sea cara, sino porque será lento y doloroso.

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