Tienes toda la razón

Todavía sigo algo conmocionada por el congreso del pasado viernes. Una vez un oyente me dijo que mis actuaciones tienen un efecto de unos 10 días (mucho me parece pero lo acepto si estamos de acuerdo en que a partir del día 11 el efecto pierde intensidad pero no desaparece; ya sabéis que yo presumo mucho de ser indeleble), así es que todavía me siento muy inspirada por todo lo que allí sucedió.

Algo que se me ha quedado grabado es, sin lugar a dudas, la intervención de mi compañero Ricardo Gómez -estoy leyendo su libro Trabajo y felicidad y estoy disfrutando mucho; por cierto, si estáis en Gran Canaria tengo algunos ejemplares, sólo tenéis que pedirlos)-. De una manera sencilla, amable y muy cercana supo explicarnos el por qué no somos felices.

Recuerdo un cliente que me decía: Hay gente a la que le dices: si aprietas el botón verde serás feliz y si aprietas el rojo serás desgraciado, antes de terminar la frase ya han apretado el rojo ¡hay gente que se siente atraída por el drama y el sufrimiento! Hasta hoy nunca he podido rebatirle este argumento (a ver si a vosotros se os ocurre algo) pero Ricardo (éste es el quinto Ricardo en mi vida, un día os cuento esto porque como no creo en las casualidades sino en las causalidades… me da mucho que pensar) vino a poner luz en todo este asunto: No somos felices porque la felicidad no es nuestra prioridad: nuestra prioridad es tener razón.

¡Madre mía! ¿Será posible? ¿De verdad que somos tan… tan… mediocres? Pues sí, mire usted, muy mucho, y me he dicho: Venga, piensa: a ver cuando fue la última vez que te molestaste porque alguien quiso tener más razón que tú… (tic tac tic tac) ¿esta mañana?

El Dr. Sheldon Cooper de la serie Big Bang Theory se pone enfermo si no le dan la razón, es una pequeña muestra de la dificultad que tiene para relacionarse con los demás
El Dr. Sheldon Cooper de la serie Big Bang Theory se pone enfermo si no le dan la razón, es una pequeña muestra de la dificultad que tiene para relacionarse con los demás

La primera conclusión que extraigo de este aprendizaje es que tener la razón no nos hace felices, ergo: si alguien se pone a hablar contigo y tú le das la razón, no sólo le haces más feliz a él/ella, ¡te haces más feliz a ti mismo!

No está nada mal… ya tenemos un protocolo de activación de la felicidad pero como sé que algunos estáis pensando: si, claro, ahora le voy a dar la razón, como a los tontos… os diré que no hay que tratar de tonto a nadie simplemente hay que saber que cada uno tiene su propia realidad y en esa realidad tiene toda su razón.

Por otra parte, para los que queréis ir más allá, os dejo estas preguntas: ¿por qué es tan importante para ti tener la razón? ¿realmente es LA razón o TU razón? ¿Qué sucedería si no la tuvieras? ¿Qué pasaría si estuvieras equivocado?

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Piroping o la sinergia de los besos

teatro

Imagino que para los que no estuvieron en el Teatro Víctor Jara el pasado viernes no será fácil imaginar lo que allí se fraguó. No sólo fue una experiencia extraordinaria, este fin de semana mi correo electrónico, mi facebook, mi twitter… han echado humo, literalmente.

Yo estoy bien, tranquila, hago mi vida normal… pero mi autoestima se pasea con un LBD escotadísimo por el Empire State Building!!!!!!

El I Congreso Canario de Inteligencia Emocional ha sido fantástico, si me lo permitís, nada que ver con esos congresos internacionales en los que hay de todo y de sobra excepto por la Inteligencia Emocional. Éste estuvo lleno hasta la bandera (gracias al magnífico trabajo de Raúl Ravelo y su equipo) de gente maravillosa dispuesta a darlo todo.

Si os confieso la verdad, después de la intervención sobre el Miedo de mi compañero Javier Romera a mí me entró un pánico espantoso. Decidí dejar a un lado todo lo que os iba a contar, los hallazgos de la Neurociencia y la importancia de la Biolingüística en la consolidación de relaciones interpersonales e intrapersonales. No podía dejaros escapar, tenía frente a mí al mejor público imaginable, así es que me dejé llevar por mi instinto: comenzamos con algo de piropoterapia para observar las sensaciones de cada uno al recibir un piropo susurrado, así, para empezar. En menos de un minuto el bienestar inundaba el teatro (por cierto: he recibido tantos mensajes sobre lo mucho que gustó el piroping que he adoptado el término y vamos a ver si no me pongo y escribo un libro entero…).

Avanzamos en la gestión de las emociones: respiramos profundamente y nos dejamos llevar: autoestima, control del estrés, automotivación -márcate no uno sino tres objetivos y SUEÑA, sueña todo lo que puedas, sin sueños no hay objetivos y sin objetivos no hay motivación-, asertividad -¿quieres un tequiero? pues ¡pídelo! las veces que haga falta, las que necesites, ¿quieres un beso?- y llegaron los besos… besos amables, simpáticos, cariñosos, desenfadados, avergonzados, besos tímidos, lanzados, mojados, besos tremendos (ay Dani del alma mía…), besos camuflados, besos magníficos, apasionados… Allí todos besaban y todos besaban bien. La energía no cabía en el teatro y yo empezaba a temer que aquello saliera ardiendo…abrazoterapia

Y llegó el final, la con-pasión, la historia de la vieja Anna… emocionada, devastada por la atención… me pareció que no podía terminar así… y entonces se me ocurrió: os invito a un abrazo colectivo… No recuerdo más… vi alzarse a todo el teatro y salir corriendo hacia mí… jamás en mi vida había tenido una sensación tan… y yo que sé… ¿tan como de rockstar? Media hora después tenía el vestido rasgado, las sandalias rotas y el corazón repleto de un amor puro y multitudinario como he visto pocos. Gracias Gran Canaria, muchas muchas gracias.

Inteligencia Emocional en Gran Canaria IV

grupo de educadores, madres y jóvenes practicando la sensación de éxito
grupo de educadores, madres y jóvenes practicando la emoción de éxito comùn

Mañana por la tarde mi ponencia versará sobre cómo se puede entrenar la Inteligencia Emocional a un colectivo como una familia, un grupo de amigos, una asociación, un centro de enseñanza, una empresa…

La Inteligencia Emocional (IE en adelante) es una capacidad inductiva, es decir: el entrenamiento personal redunda en la efectividad de un entrenamiento colectivo, aunque no garantice su éxito. De ahí que cuando trabajo con un grupo siempre tenga, al menos, una sesión individual con cada uno de los componentes.

En muchas ocasiones muchos de mis clientes me han reclamado un manual. Os aseguro que si hubiera un manual de entrenamiento para la IE que fuera eficaz os lo diría o yo mismo lo escribiría 🙂 La dificultad de la IE radica en que  cada persona es diferente a otra, cada grupo es diferente a otro. Si ponemos como ejemplo un entrenamiento físico podríamos decir: sabemos que hay entrenamientos generales: correr, nadar, montar en bicicleta, caminar a buen paso… pero lo cierto es que no todos son adecuados para todos y si estamos muy interesados en fortalecernos acudiremos a un entrenador personal que sabrá qué ejercicios son los más idóneos para conseguir lo que yo quiero con lo que tengo (mi peso, mi edad, mi altura…) que puede ir desde no tener nada de musculatura a parecer un madelman.

Tenemos que tener claro que todos poseemos Inteligencia Emocional como todos los que tenemos movilidad podemos hacer ejercicio, los entrenadores, los coaches, sólo acompañamos, orientamos y te ayudamos a sacar lo mejor que tienes, tú o tu equipo, o tu grupo o tu empresa.

Por lo tanto un plan de entrenamiento idóneo para un grupo podría ser:

A) CONCIENCIACIÓN

– Definir objetivos personales individuales

– Definir objetivos colectivos

(medimos en qué punto estamos y a qué punto queremos llegar)

– Trazar una ruta para conseguirlos donde especifiquemos qué necesitamos, qué pasos son vinculantes y las fechas de plazo

B) ACCIÓN

– Entrenamientos individuales (máximo la mitad de los colectivos)

– Entrenamientos colectivos

– Prácticas individuales / colectivas

C) EVALUACIÓN

(medimos si hemos alcanzado el punto al que queríamos llegar, si no fuera así analizamos las causas y volvemos a empezar).

Mi experiencia en el Programa de Alfabetización Social y Emocional para el Sistema Educativo Extremeño tenía un objetivo muy claro como colectivo: “Mejorar la situación en materia de convivencia y éxito académico” y más de 5.000 objetivos individuales.

El reto estuvo en diseñar una organización para que todos recibieran el mismo entrenamiento con la misma atención: lo que hicimos fue clasificar a estas personas en tres grupos: Educador (un profesor, un educador social incluso un conserje muy motivado), Tutor (la persona que se responsabiliza del niño/a cuando no está en el centro), Joven. Lo que reducía los 6.560 participantes a 3. Los primeros en trabajar fueron los educadores: ellos fueron entrenados en IE básica y, sobre todo, fueron entrenados para entrenar, por lo cual, a los 2-3 meses muchos de ellos (voluntariamente) entrenaba a los tutores de la misma manera para que 2-3 meses después éstos pudieran entrenar a los jóvenes de modo que en 6-9 meses habíamos entrenado a más de 25 centros educativos pero, sobre todo habíamos creado una herramienta para la autogestión emocional.

Lo más apasionante fueron esos entrenamientos, diferentes en cada centro, en cada clase, en cada familia. Cada grupo creó su propio programa de entrenamiento: algunos diseñaron un “Aula Inteligente”, otros reinventaron las escuelas de Padres y Madres, el Proyecto Ángeles, el Circo de las Emociones, la Cadena de Favores, la Mochila del Corazón, las Tutorías Con-Tacto…

Todas ellas experiencias apasionantes que me encantará compartir con vosotros mañana por la tarde, a las 17:45 en el Teatro Víctor Jara de Vecindario.

¡Os espero!

 

PD: por cierto, para aquellos que venís al taller de por la mañana (de 10 a 1) os avanzo que los entrenamientos se realizarán con acupuntura musical…