Inteligencia Emocional en Gran Canaria II

cerebro-2.0-¿Se puede entrenar el cerebro?

Con esta pregunta comenzará nuestro taller de este viernes.

Me gustaría que lo pensarais, que trataseis de recordar alguna experiencia que hayáis tenido de aprender algo que no sabíais hacer previamente. A mí se me ocurre: leer, conducir, comer con palillos, nadar, montar en bicicleta, hacer punto… Antes de tener estas habilidades estabais en el punto cero, ¿no es así? ¿y cómo fue que aprendisteis? ¿cómo lo hicisteis? Vamos a traer ese modus operandi a la Inteligencia Emocional: ¿Estáis de acuerdo conmigo en que para comer con palillos hay que aprender primero a coger los palillos? ¿Estáis de acuerdo en que para aprender a leer hay que conocer primero las letras?

Esto nos da una pista de cómo funciona nuestro cerebro: el aprendizaje se materializa en una serie de pasos que necesitamos realizar para emprender el camino elegido. Esos pasos deben repetirse mucho para que nuestro cerebro los automatice, de modo que una vez asimilados estaremos preparados para hacer con esa habilidad mucho más de lo que imaginamos -ejemplo: hay que aprender a conducir 500 metros antes de hacer 500 kilómetros pero después, quién sabe, podrías convertirte en piloto profesional-.

El observar cómo las personas aprenden a desarrollar una habilidad que hasta el momento ningún familiar ha desarrollado (no está en la genética) como tocar el violín, operar un corazón, bailar o hacer trenzas de cuatro cabos nos indica que el ser humano tiene capacidad para aprender todo aquello que necesite/desee aprender. Eso sí, se deben dar una de estas dos circunstancias: o lo necesitas o lo deseas con todas tus fuerzas. Estas son las únicas condiciones, lo demás es sencillo.

Los coaches proponemos entrenamientos de 21 días. Nuestra experiencia nos dice que, si durante 21 días repites una acción de manera constante el cerebro la asimila como algo rutinario -ejemplo: lavarse los dientes-, de modo que si después no lo haces lo echarás en falta -ejemplo: hacer deporte-.

Una vez comprendido esto, ¿qué es lo que queremos entrenar? Pues la respuesta está en otra pregunta: ¿qué es lo que queremos conseguir?

Con este taller yo quiero conseguir fomentar vuestra Inteligencia Emocional por lo cual, a lo largo de las 3 horas que dura os voy a proponer 8 entrenamientos.

Estad atentos, mañana os contaré algunos de ellos 🙂

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Inteligencia Emocional en Gran Canaria I

 


diptico-inteligencia-emocional
Los más avezados ya se habrán enterado vía twitter o vía facebook pero, por si acaso, os cuento que este viernes, 18 de octubre, tenemos la inmensa suerte de poder asistir a la I Jornada de Inteligencia Emocional y Desarrollo personal para jóvenes, padres y profesionales que trabajan con jóvenes, organizada por las concejalías de Juventud y Educación de Santa Lucía.

Antes de comentaros nada, quiero hacer una mención especial a Raúl Ravelo, impulsor de toda esta movida, asiduo participante de este blog  y motor incansable de cada vez mejores ideas 🙂 Ignoro cómo se las ha apañado pero ha conseguido traer a dos grandes profesionales en el campo de la Inteligencia Emocional: Javier Romera que nos hablará del miedo y Ricardo Gómez que nos hablará de la felicidad. Y no contento con eso, se ha animado a invitarme a mí, por lo cual le estoy muy muy agradecida.

Si vives o caminas por Gran Canaria te recomiendo que no te lo pierdas, estoy segura de que van a suceder cosas extraordinarias en ese teatro Víctor Jara y estoy segura de que te serán muy útiles en tu vida personal y profesional.

Para inscribirte, descarga el formulario que puedes encontrar en la web de la concejalía y envíalo relleno a jornadainteligenciaemocional@ateneosantalucia.es 

Y atentos al blog, durante esta semana os iré avanzando qué vamos a hacer en mi taller: Cómo entrenar tu cerebro y de qué va la conferencia de por la tarde: Una experiencia exitosa de entrenamiento en Inteligencia Emocional.

Saludos,

Todo, siempre, nada

 exageráComo ya os he comentado en anteriores ocasiones, una de las herramientas fundamentales en mi trabajo es la Programación Neurolingüística (PNL). La PNL defiende que tu realidad la construyes con tu lenguaje, es decir: tu manera de hablar y lo que dices te delata: si utilizas muchas palabras negativas, o muchos diminutivos o incluso si hablas en tercera persona no sólo podemos hacer un perfil bastante acertado de tu personalidad sino que podríamos hacer una predicción mucho más idónea que la de las de las mujeres (y algún  hombre) que se dedican a sacarte los cuartos aprovechando tu miedo y tu debilidad y que se hacen llamar “videntes” (mira, esto es en lo único que no mienten porque “videntes”, a no ser que seas ciego, somos todos).

Así es que uno de los ejercicios que todo cliente que pasa por mi consulta debe hacer es observar su vocabulario y su lenguaje no verbal para modificarlo en la dirección de aquello que desea lograr. Uno de los limitantes más comunes es la generalización.

Todos sabemos que generalizar no es justo y que aquel que generaliza se equivoca, pero no dejamos de hacerlo. Así es que debe tener algo que nos complace: ¿intensificar nuestra declaración para que nuestro interlocutor nos crea? Curiosamente se consigue todo lo contrario: cuando nuestro cerebro escucha una generalización cree estar ante un discurso poco elaborado, poco personal y bastante exagerado por lo que entra en modo standby. Por ejemplo, pongamos a dos hermanas que discuten y una le dice a la otra:

– Siempre estás igual, nunca me haces caso, todo lo que quieres es que yo sea como las demás…

Si analizamos esta frase veremos que no puede ser cierta desde el momento en que no se puede estar siempre igual, no se puede nunca-jamás “hacer caso” a una hermana y dudo mucho que la otra persona “todo” lo que quiere es un deseo relacionado con el ser de su hermana. De modo que la hermana hará caso omiso, su cerebro se aburrirá y se apartará o discutirá (dependiendo de su educación emocional).

La cuestión no es tanto cuál es la forma más correcta sino el objetivo de nuestro discurso: ¿qué pretende que haga su hermana? Parece ser que lo que desea es que le preste mayor atención y que la respete más. Lo más sencillo (palabra que podéis encontrar en las antípodas del ser humano) sería decir:

– Hermana, quiero que me prestes más atención (no me siento escuchada) y que me respetes (me gusta como soy, no deseo ser como otra persona)

Aunque, si lo que queremos es entablar una conversación para que esta situación no vuelva a suceder podríamos utilizar su discurso inicial y modificarlo:

Siempre estás igual, nunca me haces caso => Cuando me dices estas cosas me siento mal, no me agrada, siento que no me escuchas

– …todo lo que quieres es que yo sea como las demás… => ¿es que no te gusta cómo soy? ¿cómo te gustaría que fuera? (ésta pregunta sería muy interesante porque delataría a la hermana)

Si, por el contrario, vuestro discurso es más concreto os aseguro que hará que vuestros interlocutores os presten mayor atención y os identifiquen con sinceridad, claridad y honestidad.

Como sabéis, los coaches solemos trabajar con entrenamientos precisos de 21 días, en este caso el entrenamiento consistiría en observar durante una semana las palabras generalizadoras que soléis utilizar, y durante tres semanas practicar utilizando especificaciones:

“Todas las mujeres son celosas” => “Todas las mujeres QUE YO CONOZCO son celosas

“Nada me sale bien” => “Nada EXCEPTO…  me sale bien”

“Siempre dices las mismas tonterías” => “Siempre QUE TE PREGUNTO POR ESTE TEMA me dices las mismas tonterías”

Habría que recapitular y observar los cambios que se han producido y después os animaría a otros 21 días a que sustituyerais estas palabras por otras más concretas y ajustadas a la realidad. ¿Para qué? Para que vuestra comunicación sea menos superficial pero sobre todo, para que no deis ideas erróneas a vuestro cerebro que, de tanto escucharos, puede empezar a creeros…”

“Todas las mujeres son celosas” => “Mi mujer es celosa”

“Nada me sale bien” => “Este proyecto no me ha salido bien”

“Siempre dices las mismas tonterías” => “Eso ya me lo dijiste el lunes, ¿crees que es necesario repetírmelo?”

¡Hala! A practicar (espero vuestros comentarios bajo este post o en mi correo electrónico: ana@orantos.es 

¡Buen día!