Todo, siempre, nada

 exageráComo ya os he comentado en anteriores ocasiones, una de las herramientas fundamentales en mi trabajo es la Programación Neurolingüística (PNL). La PNL defiende que tu realidad la construyes con tu lenguaje, es decir: tu manera de hablar y lo que dices te delata: si utilizas muchas palabras negativas, o muchos diminutivos o incluso si hablas en tercera persona no sólo podemos hacer un perfil bastante acertado de tu personalidad sino que podríamos hacer una predicción mucho más idónea que la de las de las mujeres (y algún  hombre) que se dedican a sacarte los cuartos aprovechando tu miedo y tu debilidad y que se hacen llamar “videntes” (mira, esto es en lo único que no mienten porque “videntes”, a no ser que seas ciego, somos todos).

Así es que uno de los ejercicios que todo cliente que pasa por mi consulta debe hacer es observar su vocabulario y su lenguaje no verbal para modificarlo en la dirección de aquello que desea lograr. Uno de los limitantes más comunes es la generalización.

Todos sabemos que generalizar no es justo y que aquel que generaliza se equivoca, pero no dejamos de hacerlo. Así es que debe tener algo que nos complace: ¿intensificar nuestra declaración para que nuestro interlocutor nos crea? Curiosamente se consigue todo lo contrario: cuando nuestro cerebro escucha una generalización cree estar ante un discurso poco elaborado, poco personal y bastante exagerado por lo que entra en modo standby. Por ejemplo, pongamos a dos hermanas que discuten y una le dice a la otra:

– Siempre estás igual, nunca me haces caso, todo lo que quieres es que yo sea como las demás…

Si analizamos esta frase veremos que no puede ser cierta desde el momento en que no se puede estar siempre igual, no se puede nunca-jamás “hacer caso” a una hermana y dudo mucho que la otra persona “todo” lo que quiere es un deseo relacionado con el ser de su hermana. De modo que la hermana hará caso omiso, su cerebro se aburrirá y se apartará o discutirá (dependiendo de su educación emocional).

La cuestión no es tanto cuál es la forma más correcta sino el objetivo de nuestro discurso: ¿qué pretende que haga su hermana? Parece ser que lo que desea es que le preste mayor atención y que la respete más. Lo más sencillo (palabra que podéis encontrar en las antípodas del ser humano) sería decir:

– Hermana, quiero que me prestes más atención (no me siento escuchada) y que me respetes (me gusta como soy, no deseo ser como otra persona)

Aunque, si lo que queremos es entablar una conversación para que esta situación no vuelva a suceder podríamos utilizar su discurso inicial y modificarlo:

Siempre estás igual, nunca me haces caso => Cuando me dices estas cosas me siento mal, no me agrada, siento que no me escuchas

– …todo lo que quieres es que yo sea como las demás… => ¿es que no te gusta cómo soy? ¿cómo te gustaría que fuera? (ésta pregunta sería muy interesante porque delataría a la hermana)

Si, por el contrario, vuestro discurso es más concreto os aseguro que hará que vuestros interlocutores os presten mayor atención y os identifiquen con sinceridad, claridad y honestidad.

Como sabéis, los coaches solemos trabajar con entrenamientos precisos de 21 días, en este caso el entrenamiento consistiría en observar durante una semana las palabras generalizadoras que soléis utilizar, y durante tres semanas practicar utilizando especificaciones:

“Todas las mujeres son celosas” => “Todas las mujeres QUE YO CONOZCO son celosas

“Nada me sale bien” => “Nada EXCEPTO…  me sale bien”

“Siempre dices las mismas tonterías” => “Siempre QUE TE PREGUNTO POR ESTE TEMA me dices las mismas tonterías”

Habría que recapitular y observar los cambios que se han producido y después os animaría a otros 21 días a que sustituyerais estas palabras por otras más concretas y ajustadas a la realidad. ¿Para qué? Para que vuestra comunicación sea menos superficial pero sobre todo, para que no deis ideas erróneas a vuestro cerebro que, de tanto escucharos, puede empezar a creeros…”

“Todas las mujeres son celosas” => “Mi mujer es celosa”

“Nada me sale bien” => “Este proyecto no me ha salido bien”

“Siempre dices las mismas tonterías” => “Eso ya me lo dijiste el lunes, ¿crees que es necesario repetírmelo?”

¡Hala! A practicar (espero vuestros comentarios bajo este post o en mi correo electrónico: ana@orantos.es 

¡Buen día!

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¿El sexo está de moda?

Hace unos días fui a la peluquería (no sé qué tienen las peluquerías que es sentarme en uno de sus mulliditos sillones y entrarme una necesidad irrefrenable de leer cualquier revista que tenga en portada la palabra sexo). El caso es que encontré un artículo que venía a decir algo así como: “el sexo está de moda”, justificando la estupidez con el número de lectoras del ínclito best-seller 50 sombras de Grey.

bondageEn mis años universitarios estuve en una mesa redonda en la que se discutía sobre la posibilidad de que los teléfonos móviles se pusieran de moda. La inmensa mayoría de la mesa pensamos que no: eran feos, pesados y… además: ¿qué loco iba a utilizar un teléfono cuando caminaba, cuando comía con la familia o cuando tomaba un café con un compañero o de copas con los colegas?… Había un filósofo en la mesa, del que ya no recuerdo su nombre, que hizo el siguiente comentario: los teléfonos nunca estarán de moda porque  la moda hace referencia a algo que goza de fama durante un tiempo “determinado” y el teléfono no es algo pasajero en tanto que contribuye a paliar una necesidad básica: la necesidad de comunicarse.

Quiero decir con esto que el sexo tampoco puede estar de moda por la misma razón, exactamente la misma: porque cubre la necesidad de comunicarse, mucho más poderosa que la de procrear y tanto o más que la de recibir placer. No hay que pensar mucho para llegar a un silogismo sencillo: el éxito del sexting (práctica -cada día más- común entre jóvenes, adolescentes y adultos de envío de contenidos eróticos o pornográficos por medio de teléfonos móviles).

El sexo es la forma más pura de comunicación que existe, tanto que todo accesorio estorba o debe ser utilizado explícitamente para mejorar la interpretación del mensaje. No todo el mundo practica del sexo de la misma manera porque no todo el mundo desea -consciente o inconscientemente-  transmitir el mismo mensaje, pero lo que está claro como el agua es que el sexo no es tramposo: uno descubriendo se descubre. Es un ejercicio de autoconocimiento y una garantía de salud mental y física. Sinceramente, me cuesta entender el por qué del tabú o el por qué de ser un cabeza de turco de todas las religiones que conozco. ¿Quién tiene miedo de qué?

El sexo es catalizador de energía, liberador de frustraciones, fobias, soledades, el sexo es el mejor ejercicio físico que existe y todos podemos practicarlo. Las personas que practican sexo con asiduidad suelen relativizar con facilidad los problemas, gozan de buena salud, brillo en la piel y una sonrisa. Por el contrario las personas que no lo practican… tienen luchas internas agotadoras, problemas a cascoporro y miles de preocupaciones que no les atañen

El sexo es necesario como es necesaria la comunicación: ¿puede uno morirse si no se comunica? Pues puede que no, pero su calidad de vida estará tan mermada como la de un preso o la de un enfermo.

Claro: hay clientes que me dicen: “ya me gustaría practicarlo más a menudo pero es que mi pareja…” Si tu pareja no desea tener relaciones sexuales contigo tenéis un problema serio de comunicación y hay que resolverlo, si no con vuestros medios, con los ajenos. A veces no es necesario acudir a un especialista vale con un buen polvo, pero hay que ponerse a ello como el que se pone a cocinar: sabiendo que lleva tiempo y trabajo y que el resultado a penas te durará unos minutos en la boca… porque si esperas a que surja el deseo como cuando teníais 16 años pues lo tienes bastante crudo, ni la mente ni el cuerpo son los mismos. Y si tu pareja te adora y tú adoras a tu pareja y tenéis una bonita familia pero lo del sexo no es lo vuestro, dejad de engañaros: necesitas otra pareja, aunque sólo sea horizontal (otro día hablamos de la tontería ésta de la monogamia) u otras parejas, todo depende de tu locuacidad 😉

Gente tóxica

Como ya os comenté en mi anterior post en estos tiempos hay que estar más alerta que nunca porque las desgracias nunca vienen solas y en una época tan convulsa, con un montón de malas noticias, cambios por asimilar y aceptar por doquier… siempre puede haber algo peor y para mí, lo peor de lo peor es la gente tóxica.vampiro

¿Quién es gente tóxica? pues para empezar una suerte de vampiros en versión menos romántica pero igual de sangrienta, bichos-persona que te dificultan la vida, que con su presencia, lejos de producirte bienestar te producen desazón, tristeza, dolor… seres que se alimentan con tu energía, que te agotan, te hacen sufrir y reducen tu esperanza de vida a cero.

Es evidente que, como conozco a mucha gente, no sólo por mi vida profesional sino también por la personal, conozco también a mucha gente tóxica. En relación con aquella que no lo es son muy pocos, por mi experiencia podría asegurar que no más de 1 cada 90 ó 100 personas, lo que pasa es que una sola persona tóxica es más agotadora que esos cien que no lo son todos juntos subidos a tus hombros.

La primera vez que logré identificarlos fue realizando una selección de personal para una empresa cuyo directivo sólo me puso un requisito: Tráeme a alguien que solucione problemas, no que los dé. Curioso criterio. Me pareció tan bueno que desde entonces no sólo lo he aplicado al ámbito laboral sino también al íntimo. Aquel señor me estaba dando la clave para tener una buena salud mental y económica: alejar a la gente tóxica. Ahora comprendo que es el requisito más indispensable que he conocido jamás; todo lo demás se puede cambiar, aprender… pero si eres tóxico… tenemos un problema, Houston. Para empezar porque la toxicidad es altamente contagiosa y, aunque hubiera un antídoto, exige tanto esfuerzo, tanto tiempo y tanto dinero que la mayoría preferimos que nos muerdan ya y acaben con todo esto de una vez.

Sólo se me ocurre emplear toda nuestra sabiduría en prevenir y la buena noticia es que detectarlos no es nada difícil: Profundamente dependientes, no pueden sobrevivir sin el resto de la humanidad: a la gente tóxica le encanta hablar de sí misma, casi siempre de sus penas, enfermedades, problemas, miserias… Como no te das cuenta, un día confías, les cuentas algo tuyo y entonces te los encuentras de frente: carentes de oídos, les encantan los diagnósticos como si ellos fueran psicólogos, psiquiatras o médicos de todas las especialidades conocidas, aunque evidentemente no lo son: “A ti lo que te pasa es que estás depresiva, o psicótica, o gorda, o tonta, o lo que sea” o, peor aún: te dan una opinión sin que se la hayas pedido (otro día hablaremos de esto: de la mala educación): “yo creo que deberías quitarte ese piercing, dejar tu novio, dejarte el pelo largo o cambiar de casa o sentar la cabeza y buscar otro trabajo”. La gente tóxica jamás se plantea quedar contigo para hacerte pasar un buen rato sino más bien para que se lo hagas pasar tú a ella o a él. Una de sus frases favoritas es “no lo he hecho con mala intención” pero no dejan de hacerlo y, desde luego, buenas intenciones no tienen, son dañinos, malévolos, perjudiciales para el corazón más que 100 cajetillas de tabaco fumadas de seguido (el gobierno ya podría haber hecho algo  y al menos, advertir; y si no lo ha hecho es porque también es tóxico, no lo dudes) y si están a tu lado, descuida, la vida te va a ir mal, no luches, no hay nada que hacer.

Si te has saltado la prevención y no lo detectaste, pueden pasar varias cosas: en el caso de que sea un “amigo” o “conocido” la estrategia es sencilla, simplemente apártate, trata de no coincidir, aléjate lo más posible y, si está en la misma pandilla y no quieres dejarla, no te cruces en su camino, sé cortés pero no demasiado, pasa desapercibido, no te pongas a tiro ni muestres interés ni tampoco le ignores del todo o estarás perdido.

En el caso de que el tóxico o tóxica particular esté en tu trabajo lo tienes más difícil todavía pero piensa que se puede resistir, al menos otros lo hicieron -y me refiero a cuando un tóxico está en un nivel superior, como suele suceder, porque si está en uno inferior lárgalo, cueste lo que cueste, hazme caso: es barato-: lo mejor es ser aséptico, no mostrar emociones -que son para los tóxicos como la luz para las polillas-, no ponerse jamás en su campo de visión, tratar de ser invisible y muy importante: no parecer feliz, quejarte de vez en cuando, si puedes, y alejarte cuanto puedas: un despacho más allá, una sucursal más lejos, un país fuera del mismo continente…

Pero si, para colmo de males, estuviera en tu propia familia… o en tu propia cama… diosnoloquiera… estás jodido de verdad. Busca ayuda inmediata: no esperes al primer insulto ni a que se gaste todo tu dinero, busca ayuda, en serio, a poder ser profesional. Si es reversible: un marido, una hermana, una suegra, un padre..: deshazte de ellos, sí, sí, sin contemplaciones: que se busquen otra casa y otra gente a la que amargar. Sé que es difícil pero, si lo haces, verás que todos tus esfuerzos te han sido recompensados. Si es un hijo, lo siento de veras pero lucha hasta morir, y no pierdas la esperanza, yo he oído que existen los vampiros reconvertidos a humanos.

La semana pasada me preguntaba una cliente:

¿Y si mi pareja me engaña es tóxico?

– Sólo si te lo cuenta

Continuaremos…