Gente tóxica

Como ya os comenté en mi anterior post en estos tiempos hay que estar más alerta que nunca porque las desgracias nunca vienen solas y en una época tan convulsa, con un montón de malas noticias, cambios por asimilar y aceptar por doquier… siempre puede haber algo peor y para mí, lo peor de lo peor es la gente tóxica.vampiro

¿Quién es gente tóxica? pues para empezar una suerte de vampiros en versión menos romántica pero igual de sangrienta, bichos-persona que te dificultan la vida, que con su presencia, lejos de producirte bienestar te producen desazón, tristeza, dolor… seres que se alimentan con tu energía, que te agotan, te hacen sufrir y reducen tu esperanza de vida a cero.

Es evidente que, como conozco a mucha gente, no sólo por mi vida profesional sino también por la personal, conozco también a mucha gente tóxica. En relación con aquella que no lo es son muy pocos, por mi experiencia podría asegurar que no más de 1 cada 90 ó 100 personas, lo que pasa es que una sola persona tóxica es más agotadora que esos cien que no lo son todos juntos subidos a tus hombros.

La primera vez que logré identificarlos fue realizando una selección de personal para una empresa cuyo directivo sólo me puso un requisito: Tráeme a alguien que solucione problemas, no que los dé. Curioso criterio. Me pareció tan bueno que desde entonces no sólo lo he aplicado al ámbito laboral sino también al íntimo. Aquel señor me estaba dando la clave para tener una buena salud mental y económica: alejar a la gente tóxica. Ahora comprendo que es el requisito más indispensable que he conocido jamás; todo lo demás se puede cambiar, aprender… pero si eres tóxico… tenemos un problema, Houston. Para empezar porque la toxicidad es altamente contagiosa y, aunque hubiera un antídoto, exige tanto esfuerzo, tanto tiempo y tanto dinero que la mayoría preferimos que nos muerdan ya y acaben con todo esto de una vez.

Sólo se me ocurre emplear toda nuestra sabiduría en prevenir y la buena noticia es que detectarlos no es nada difícil: Profundamente dependientes, no pueden sobrevivir sin el resto de la humanidad: a la gente tóxica le encanta hablar de sí misma, casi siempre de sus penas, enfermedades, problemas, miserias… Como no te das cuenta, un día confías, les cuentas algo tuyo y entonces te los encuentras de frente: carentes de oídos, les encantan los diagnósticos como si ellos fueran psicólogos, psiquiatras o médicos de todas las especialidades conocidas, aunque evidentemente no lo son: “A ti lo que te pasa es que estás depresiva, o psicótica, o gorda, o tonta, o lo que sea” o, peor aún: te dan una opinión sin que se la hayas pedido (otro día hablaremos de esto: de la mala educación): “yo creo que deberías quitarte ese piercing, dejar tu novio, dejarte el pelo largo o cambiar de casa o sentar la cabeza y buscar otro trabajo”. La gente tóxica jamás se plantea quedar contigo para hacerte pasar un buen rato sino más bien para que se lo hagas pasar tú a ella o a él. Una de sus frases favoritas es “no lo he hecho con mala intención” pero no dejan de hacerlo y, desde luego, buenas intenciones no tienen, son dañinos, malévolos, perjudiciales para el corazón más que 100 cajetillas de tabaco fumadas de seguido (el gobierno ya podría haber hecho algo  y al menos, advertir; y si no lo ha hecho es porque también es tóxico, no lo dudes) y si están a tu lado, descuida, la vida te va a ir mal, no luches, no hay nada que hacer.

Si te has saltado la prevención y no lo detectaste, pueden pasar varias cosas: en el caso de que sea un “amigo” o “conocido” la estrategia es sencilla, simplemente apártate, trata de no coincidir, aléjate lo más posible y, si está en la misma pandilla y no quieres dejarla, no te cruces en su camino, sé cortés pero no demasiado, pasa desapercibido, no te pongas a tiro ni muestres interés ni tampoco le ignores del todo o estarás perdido.

En el caso de que el tóxico o tóxica particular esté en tu trabajo lo tienes más difícil todavía pero piensa que se puede resistir, al menos otros lo hicieron -y me refiero a cuando un tóxico está en un nivel superior, como suele suceder, porque si está en uno inferior lárgalo, cueste lo que cueste, hazme caso: es barato-: lo mejor es ser aséptico, no mostrar emociones -que son para los tóxicos como la luz para las polillas-, no ponerse jamás en su campo de visión, tratar de ser invisible y muy importante: no parecer feliz, quejarte de vez en cuando, si puedes, y alejarte cuanto puedas: un despacho más allá, una sucursal más lejos, un país fuera del mismo continente…

Pero si, para colmo de males, estuviera en tu propia familia… o en tu propia cama… diosnoloquiera… estás jodido de verdad. Busca ayuda inmediata: no esperes al primer insulto ni a que se gaste todo tu dinero, busca ayuda, en serio, a poder ser profesional. Si es reversible: un marido, una hermana, una suegra, un padre..: deshazte de ellos, sí, sí, sin contemplaciones: que se busquen otra casa y otra gente a la que amargar. Sé que es difícil pero, si lo haces, verás que todos tus esfuerzos te han sido recompensados. Si es un hijo, lo siento de veras pero lucha hasta morir, y no pierdas la esperanza, yo he oído que existen los vampiros reconvertidos a humanos.

La semana pasada me preguntaba una cliente:

¿Y si mi pareja me engaña es tóxico?

– Sólo si te lo cuenta

Continuaremos…

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Malos tiempos para la esperanza

cropped-rastro.jpgA veces suceden cosas en la vida que son como un golpe seco. Cuando se produce ese golpe, cierras los ojos por inercia y, al abrirlos, nada se parece a lo que, hasta hace sólo un instante, te rodeaba. La cultura popular le llama los palos de la vida y lo remedia con un lo que no te mata te hace más fuerte. Pero a ti, después del golpe, todo eso te da igual:  la cultura popular y lamadrequelafundó porque, de repente, pierdes la esperanza y el ser humano, sin esperanza, lo pierde todo.

Y entonces nos enfrentamos con otra de esas malditas dicotomías que tan poco me gustan: rendirse o quedarse en ese estado vegetativo en el que has entrado desde que adversidad te hiciera la visita de marras. Esa adversidad que, últimamente, sólo parece tener ojos para ti, no se sabe si por aquello de las energías (cuando te pasan cosas buenas te pasan más cosas buenas, cuando vienen las malas, agárrate…)

Si te rindes el suicidio suele ser la salida más inmediata y menos dolorosa, Lo malo del suicidio es que es totalmente irreversible y si los que lo han practicado con éxito tuvieran la ocasión de repetir, estoy segura de que no lo harían.

Si has decidido aguantar entras en ese estado de tristeza absoluta en el que todo te da igual. Si eres de los que compartes el dolor te verás más dolido al comprobar que los que te rodean, o no saben qué decir o no pueden parar de hablar para relatarte con todo detalle todas y cada una de sus penas, lo cual no sólo no te alivia sino que es un coñazo insufrible. Si eres de los que creen en que aquello de lo que no se habla no existe entonces se te quedará anclado ahí, muy dentro, haciéndose parte intrínseca a ti, volviéndote un tipo huraño, huidizo, hosco y más calificativos que empiezan por hache que espero que no conozcáis.

En cualquier caso quedará una cicatriz que te recordará el resto de tu vida aquel golpe que dio al traste con tus brillantes planes.

Lo cierto es que, pasado un tiempo, uno que parece eterno, un buen día, si eres capaz de soportar que el sol penetre en la herida haciéndola más profunda y oscura y, paradójicamente, algo menos dolorosa, de repente, algo o alguien te ofrecerá una mínima posibilidad de esperanza, de que algo bueno te suceda, de que vuelvas a tener suerte y de que el universo vuelva a ser el que era y te agarrarás a ello como si fuese el último metro de un domingo por la noche a 6 kilómetros de tu casa y sin un duro para un taxi. En ese momento la rueda de tu vida se pondrá en marcha y volverás a sentirte vivo de nuevo.

No hay nada más vital que el fracaso o la desgracia. Ignoro por qué no nos preparan para ello. Sólo puedo decir que lo de que los golpes te hacen más fuerte es una estupidez como una casa y que deseo con todas mis fuerzas que nunca sintáis ese dolor porque será parte de la vida pero es inútil, cruel e injusto.

El mundo entero se sostiene gracias a las palabras

AMOR

El mundo entero se sostiene gracias a las palabras. Escuché esta frase en una película canadiense de lo más curiosa titulada Max (M. Meyjes, 2002).

Las palabras son el arma más poderosa que conozco, pocas veces he visto hacer tanto con tan poco. El mundo se nutre de las palabras. La realidad se construye con palabras. ¿Con qué palabras construyes tu mundo? ¿Son negativas, positivas, hiperbolizadas, con demasiados tacos, con demasiados diminutivos, demasiadas excusas, justificaciones, agradecimientos, halagos…?

Imagino que si ahora apareciera un político en el panorama nacional que supiera dominar el arte de la palabra ganaría las elecciones por mayoría absoluta. Ignoro por qué no se estudia en las escuelas la retórica y la oratoria griegas, a veces me da por pensar en la teoría de la conspiración y que, en el fondo, debe haber alguien muy poderoso a quien no le interesa que sepamos…

Con un buen discurso se encienden pasiones (no hay nada más sexy que una persona que sabe hablar, rezaba unos de los twitter de ayer con referencia a la entrevista al juez Bermúdez), se declaran guerras, se crean ideales, se destruyen esperanzas… Saber decir la palabra adecuada en el momento preciso es la clave del éxito.

En este supuesto se sustenta la Programación Neurolingüística (PNL), un modelo de comunicación interpersonal que utilizo diariamente en mi labor como coach para extraer lo mejor de cada uno. Si eres lo que dices debes vigilar lo que comunicas. Algo de ello podemos observar en la serie norteamericana Lie to me en la que un psicólogo es capaz de detectar si alguien está mintiendo observando su lenguaje no verbal. Echadle un vistazo, está basada en ejemplos reales y podréis comprobarlo por vosotros mismos.

Os propongo un ejercicio: ¿qué palabras utiliza con frecuencia un adolescente de cualquier gueto? ¿qué palabras utiliza con frecuencia un catedrático de la lengua? ¿qué palabras utiliza con mayor frecuencia un líder social? ¿y un ratero? Fíjate, apúntalas, úsalas… porque en esta ocasión te aseguro que él hábito sí que hace al monje