Malos tiempos para la esperanza

cropped-rastro.jpgA veces suceden cosas en la vida que son como un golpe seco. Cuando se produce ese golpe, cierras los ojos por inercia y, al abrirlos, nada se parece a lo que, hasta hace sólo un instante, te rodeaba. La cultura popular le llama los palos de la vida y lo remedia con un lo que no te mata te hace más fuerte. Pero a ti, después del golpe, todo eso te da igual:  la cultura popular y lamadrequelafundó porque, de repente, pierdes la esperanza y el ser humano, sin esperanza, lo pierde todo.

Y entonces nos enfrentamos con otra de esas malditas dicotomías que tan poco me gustan: rendirse o quedarse en ese estado vegetativo en el que has entrado desde que adversidad te hiciera la visita de marras. Esa adversidad que, últimamente, sólo parece tener ojos para ti, no se sabe si por aquello de las energías (cuando te pasan cosas buenas te pasan más cosas buenas, cuando vienen las malas, agárrate…)

Si te rindes el suicidio suele ser la salida más inmediata y menos dolorosa, Lo malo del suicidio es que es totalmente irreversible y si los que lo han practicado con éxito tuvieran la ocasión de repetir, estoy segura de que no lo harían.

Si has decidido aguantar entras en ese estado de tristeza absoluta en el que todo te da igual. Si eres de los que compartes el dolor te verás más dolido al comprobar que los que te rodean, o no saben qué decir o no pueden parar de hablar para relatarte con todo detalle todas y cada una de sus penas, lo cual no sólo no te alivia sino que es un coñazo insufrible. Si eres de los que creen en que aquello de lo que no se habla no existe entonces se te quedará anclado ahí, muy dentro, haciéndose parte intrínseca a ti, volviéndote un tipo huraño, huidizo, hosco y más calificativos que empiezan por hache que espero que no conozcáis.

En cualquier caso quedará una cicatriz que te recordará el resto de tu vida aquel golpe que dio al traste con tus brillantes planes.

Lo cierto es que, pasado un tiempo, uno que parece eterno, un buen día, si eres capaz de soportar que el sol penetre en la herida haciéndola más profunda y oscura y, paradójicamente, algo menos dolorosa, de repente, algo o alguien te ofrecerá una mínima posibilidad de esperanza, de que algo bueno te suceda, de que vuelvas a tener suerte y de que el universo vuelva a ser el que era y te agarrarás a ello como si fuese el último metro de un domingo por la noche a 6 kilómetros de tu casa y sin un duro para un taxi. En ese momento la rueda de tu vida se pondrá en marcha y volverás a sentirte vivo de nuevo.

No hay nada más vital que el fracaso o la desgracia. Ignoro por qué no nos preparan para ello. Sólo puedo decir que lo de que los golpes te hacen más fuerte es una estupidez como una casa y que deseo con todas mis fuerzas que nunca sintáis ese dolor porque será parte de la vida pero es inútil, cruel e injusto.

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El mundo entero se sostiene gracias a las palabras

AMOR

El mundo entero se sostiene gracias a las palabras. Escuché esta frase en una película canadiense de lo más curiosa titulada Max (M. Meyjes, 2002).

Las palabras son el arma más poderosa que conozco, pocas veces he visto hacer tanto con tan poco. El mundo se nutre de las palabras. La realidad se construye con palabras. ¿Con qué palabras construyes tu mundo? ¿Son negativas, positivas, hiperbolizadas, con demasiados tacos, con demasiados diminutivos, demasiadas excusas, justificaciones, agradecimientos, halagos…?

Imagino que si ahora apareciera un político en el panorama nacional que supiera dominar el arte de la palabra ganaría las elecciones por mayoría absoluta. Ignoro por qué no se estudia en las escuelas la retórica y la oratoria griegas, a veces me da por pensar en la teoría de la conspiración y que, en el fondo, debe haber alguien muy poderoso a quien no le interesa que sepamos…

Con un buen discurso se encienden pasiones (no hay nada más sexy que una persona que sabe hablar, rezaba unos de los twitter de ayer con referencia a la entrevista al juez Bermúdez), se declaran guerras, se crean ideales, se destruyen esperanzas… Saber decir la palabra adecuada en el momento preciso es la clave del éxito.

En este supuesto se sustenta la Programación Neurolingüística (PNL), un modelo de comunicación interpersonal que utilizo diariamente en mi labor como coach para extraer lo mejor de cada uno. Si eres lo que dices debes vigilar lo que comunicas. Algo de ello podemos observar en la serie norteamericana Lie to me en la que un psicólogo es capaz de detectar si alguien está mintiendo observando su lenguaje no verbal. Echadle un vistazo, está basada en ejemplos reales y podréis comprobarlo por vosotros mismos.

Os propongo un ejercicio: ¿qué palabras utiliza con frecuencia un adolescente de cualquier gueto? ¿qué palabras utiliza con frecuencia un catedrático de la lengua? ¿qué palabras utiliza con mayor frecuencia un líder social? ¿y un ratero? Fíjate, apúntalas, úsalas… porque en esta ocasión te aseguro que él hábito sí que hace al monje

Motiva… ¡acción!

 

Es curioso como las peticiones de los clientes suelen coincidir. Últimamente mis clientes eligen como objetivo: aumentar mi motivación. La motivación es una de esas habilidades a las que damos más importancia puesto que todos, con motivación, somos capaces de todo.

La motivación es sencilla cuando es externa o no depende de nosotros: que mi jefe me diga lo bien que lo hago, que mi marido me haga un regalo, que me toque la lotería, etc. Desde luego, este tipo de detalles son de agradecer y siempre le animan a una el día. La realidad es que esto no está en nuestras manos: puedes hacer un trabajo excelente y que nadie te lo reconozca, o ser una esposa envidiable y que no te lo agradezcan o que juegues cada Navidad a la lotería y nunca te toque. Y entonces, curiosamente, el mundo se desmorona y nos parece que nada tiene sentido. Por eso, aunque la motivación externa está muy bien, la que nos interesa de verdad es la interna, la que sólo depende de nosotros y podemos poner a funcionar siempre que nos apetezca.

AUTOMOTIVACIÓN. Éste parece ser el concepto. Como siempre, ir del dicho al hecho nos lleva bastante trecho. Para trabajar la automotivación hay que repasar otras habilidades que como ésta, pueden aprenderse y que son fundamentales para nuestro entrenamiento base: autoestima, positividad y creatividad. La autoestima nos recordará todas las veces que hemos tenido éxito en la vida, la positividad nos dirá que al final todo sale bien y que si no sale bien es que no es el final y la creatividad nos ayudará a construir un plan A, un plan B y hasta un plan C (¿qué es lo peor que me puede pasar? ¿cómo saldría de ésa?).

Hagamos el siguiente ejercicio: pregúntate: ¿cuáles son tus fuentes de motivación? Elimina las que no dependen de ti y tendrás una idea clara de en qué punto estás y qué es lo que necesitas

Nuestras ideas-fuerza de hoy que pueden servirnos como mantra son:

1. La Motivación no depende de lo que nos pasa sino de cómo vivimos lo que nos pasa. Ejemplo: una comida deliciosa… la engullimos como si nada, ¿y si fuéramos capaces de paladearla, disfrutarla? ¿mejoraría nuestro día?

2. La motivación es una elección. Ser lo suficientemente inteligentes como para saber qué es aquello que nos hace felices y alimentarlo cada día. Por ejemplo: si lo que nos hace sentir bien es hacer ejercicio, debemos meterlo en nuestra agenda como algo tan importante como el trabajar o como ver la tele (para esto, la mayoría siempre encontramos un rato y nunca he oído a nadie que me diga que ver la tele le hace sentirse muy bien).

Lo que nos hace sentir bien es aquello que sabemos hacer: coser, cocinar, cantar, correr, ir al cine, charlar con una amiga, conducir, pasear, pintar, tocar un instrumento… Aunque también funciona con aquello que queremos aprender y logramos hacerlo: navegar, diseñar, patinar… Fijarse pequeñas metas placenteras, a corto plazo, encontrar aquello que te hace sentir bien y alimentarlo. Esa es la clave y, si eres de los valientes, te propongo algo muy arriesgado: convierte tu ocio en tu trabajo y luego me cuentas cómo te cambia la vida 🙂