El mundo entero se sostiene gracias a las palabras

AMOR

El mundo entero se sostiene gracias a las palabras. Escuché esta frase en una película canadiense de lo más curiosa titulada Max (M. Meyjes, 2002).

Las palabras son el arma más poderosa que conozco, pocas veces he visto hacer tanto con tan poco. El mundo se nutre de las palabras. La realidad se construye con palabras. ¿Con qué palabras construyes tu mundo? ¿Son negativas, positivas, hiperbolizadas, con demasiados tacos, con demasiados diminutivos, demasiadas excusas, justificaciones, agradecimientos, halagos…?

Imagino que si ahora apareciera un político en el panorama nacional que supiera dominar el arte de la palabra ganaría las elecciones por mayoría absoluta. Ignoro por qué no se estudia en las escuelas la retórica y la oratoria griegas, a veces me da por pensar en la teoría de la conspiración y que, en el fondo, debe haber alguien muy poderoso a quien no le interesa que sepamos…

Con un buen discurso se encienden pasiones (no hay nada más sexy que una persona que sabe hablar, rezaba unos de los twitter de ayer con referencia a la entrevista al juez Bermúdez), se declaran guerras, se crean ideales, se destruyen esperanzas… Saber decir la palabra adecuada en el momento preciso es la clave del éxito.

En este supuesto se sustenta la Programación Neurolingüística (PNL), un modelo de comunicación interpersonal que utilizo diariamente en mi labor como coach para extraer lo mejor de cada uno. Si eres lo que dices debes vigilar lo que comunicas. Algo de ello podemos observar en la serie norteamericana Lie to me en la que un psicólogo es capaz de detectar si alguien está mintiendo observando su lenguaje no verbal. Echadle un vistazo, está basada en ejemplos reales y podréis comprobarlo por vosotros mismos.

Os propongo un ejercicio: ¿qué palabras utiliza con frecuencia un adolescente de cualquier gueto? ¿qué palabras utiliza con frecuencia un catedrático de la lengua? ¿qué palabras utiliza con mayor frecuencia un líder social? ¿y un ratero? Fíjate, apúntalas, úsalas… porque en esta ocasión te aseguro que él hábito sí que hace al monje

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Motiva… ¡acción!

 

Es curioso como las peticiones de los clientes suelen coincidir. Últimamente mis clientes eligen como objetivo: aumentar mi motivación. La motivación es una de esas habilidades a las que damos más importancia puesto que todos, con motivación, somos capaces de todo.

La motivación es sencilla cuando es externa o no depende de nosotros: que mi jefe me diga lo bien que lo hago, que mi marido me haga un regalo, que me toque la lotería, etc. Desde luego, este tipo de detalles son de agradecer y siempre le animan a una el día. La realidad es que esto no está en nuestras manos: puedes hacer un trabajo excelente y que nadie te lo reconozca, o ser una esposa envidiable y que no te lo agradezcan o que juegues cada Navidad a la lotería y nunca te toque. Y entonces, curiosamente, el mundo se desmorona y nos parece que nada tiene sentido. Por eso, aunque la motivación externa está muy bien, la que nos interesa de verdad es la interna, la que sólo depende de nosotros y podemos poner a funcionar siempre que nos apetezca.

AUTOMOTIVACIÓN. Éste parece ser el concepto. Como siempre, ir del dicho al hecho nos lleva bastante trecho. Para trabajar la automotivación hay que repasar otras habilidades que como ésta, pueden aprenderse y que son fundamentales para nuestro entrenamiento base: autoestima, positividad y creatividad. La autoestima nos recordará todas las veces que hemos tenido éxito en la vida, la positividad nos dirá que al final todo sale bien y que si no sale bien es que no es el final y la creatividad nos ayudará a construir un plan A, un plan B y hasta un plan C (¿qué es lo peor que me puede pasar? ¿cómo saldría de ésa?).

Hagamos el siguiente ejercicio: pregúntate: ¿cuáles son tus fuentes de motivación? Elimina las que no dependen de ti y tendrás una idea clara de en qué punto estás y qué es lo que necesitas

Nuestras ideas-fuerza de hoy que pueden servirnos como mantra son:

1. La Motivación no depende de lo que nos pasa sino de cómo vivimos lo que nos pasa. Ejemplo: una comida deliciosa… la engullimos como si nada, ¿y si fuéramos capaces de paladearla, disfrutarla? ¿mejoraría nuestro día?

2. La motivación es una elección. Ser lo suficientemente inteligentes como para saber qué es aquello que nos hace felices y alimentarlo cada día. Por ejemplo: si lo que nos hace sentir bien es hacer ejercicio, debemos meterlo en nuestra agenda como algo tan importante como el trabajar o como ver la tele (para esto, la mayoría siempre encontramos un rato y nunca he oído a nadie que me diga que ver la tele le hace sentirse muy bien).

Lo que nos hace sentir bien es aquello que sabemos hacer: coser, cocinar, cantar, correr, ir al cine, charlar con una amiga, conducir, pasear, pintar, tocar un instrumento… Aunque también funciona con aquello que queremos aprender y logramos hacerlo: navegar, diseñar, patinar… Fijarse pequeñas metas placenteras, a corto plazo, encontrar aquello que te hace sentir bien y alimentarlo. Esa es la clave y, si eres de los valientes, te propongo algo muy arriesgado: convierte tu ocio en tu trabajo y luego me cuentas cómo te cambia la vida 🙂

Maldito coching…

Cerca de mi casa se encuentra el Instituto Europeo de Coaching. El otro día llamaron mi atención dos mujeres que, paradas frente a la puerta, tenían esta conversación:

¡Maldito coching!

¿Tú conoces a alguien que lo haga?

No pero lo oigo en todos sitios, en la tele, en la pelu, en el médico… Menudo rollo tienen, aprovechando la crisis para forrarse…

No pude por menos que soltar una carcajada. Me miraron asustadas, como si hubieran sido pilladas cometiendo una fechoría.

¿trabaja usted aquí?

No, pero soy coach

Ahhhhh… pues es que yo las cosas las digo como las siento

Me parece muy bien

Y ahí quedó el asunto. Me hubiera gustado charlar con ellas pero no parecían muy interesadas.

Lo cierto es que el coaching (siento el anglicismo, pero entrenamiento tiene una connotación deportiva demasiado fuerte) nació con Sócrates y la mayéutica por lo que me temo que no es nada nuevo. Desde la Asociación Extremeña de Coaching (AEXCO en adelante) trabajamos contra las leyendas urbanas que circulan alrededor de esta disciplina, distorsionándola, y en pro de su popularización.  Y es que el coaching no es más que una herramienta para lograr un objetivo, una metodología que todos podemos utilizar y que ha demostrado hasta ahora que es inmediata, eficiente, eficaz y altamente rentable.

Así es que hoy me he animado a desmitificar el mito y dejar algunas cuestiones claras:

El coaching es sólo para la gente de clase media-alta. FALSO. Todos podemos utilizar esta herramienta y, además de utilizarla, todos podemos someternos a un proceso de coaching. Las sesiones pueden ir desde los 30 a los 100 euros, dependiendo, normalmente, de la experiencia del coach. La media de sesiones que se necesitan para lograr un objetivo es de 8. Por lo que si nuestro objetivo era encontrar trabajo y lo conseguimos esta cantidad será del todo irrisoria.

Un coach es un psicólogo. FALSO. Un coach es una persona altamente cualificada, normalmente licenciada en Filosofía aunque ya encontramos coaches que son ingenieros, docentes, médicos, etc. con una gran experiencia vital y profesional y una sensibilidad especial para escuchar. En AEXCO la edad mínima propuesta para ser coach es de 30 años y la titulación de licenciatura aunque puede haber excepciones. Algunos psicólogos están empezando a estudiar coaching porque es un complemento perfecto.

Todos los que hacen coaching consiguen sus objetivos. FALSO. Conseguir un objetivo es un deseo, primero, y después una decisión. Es decir: en coaching se trabaja desde la concienciación hacia la acción. Si un cliente no quiere actuar (o como diríamos los coaches: no quiere salir de su zona de confort), no habrá nada que el coach pueda hacer. Normalmente, un buen coach puede prever esta situación y no empezar un proceso con una persona/organización que no tiene ánimo de cambiar.

Todos los coaches son infalibles. FALSO. No hay un perfil general de coach exitoso. El cliente debe comprobar antes de comenzar (en una sesión cero que suele ser gratuita) si tiene feeling con el coach. Además, al no haber una carrera homologada (pronto la habrá) hay muchas personas que dicen ser coaches pero no lo son. Para asegurarte de que lo es, bien debe tener una certificación internacional (ICF, IEC) y/o nacional-regional (ASESCO, AEXCO) bien más de 10 años de experiencia acreditada (si conoces a alguien que haya pasado por sus manos, mejor que mejor).

Espero haber aclarado dudas. No obstante podéis consultarme cuanto queráis en la sección de esta web: pregunta a Orantos.