La vida Bausch

te vas para nunca volver

Dos mil dieciséis ha sido, obviando las miserias conocidas por todos, uno de los mejores años de mi vida. Por primera vez, he visto cumplidos todos los objetivos que me planteé y no, no tuvo que ver con el azar. Tuvo que ver con todas las personas que cada día me recuerdan que la mejor enseñanza es la del ejemplo. Tuvo que ver con el maldito-bendito sentido de la responsabilidad. La responsabilidad conmigo misma; algo abandonada desde hace años por lo que creí causas más necesarias o relevantes. Qué error… como si hubiera algo más-menos importante que una misma… Descanse en paz el dieciséis, ya no hay tiempo de mirar atrás.

Esto se lo pone muy difícil al diecisiete, aunque, por otro lado, quizás, haya sentado un precedente y ahora, cuando la segunda parte del partido de mi vida está a punto de comenzar, es cuando, a lo mejor, estoy aprendiendo a tomar las riendas de mi vida. 

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Pina Bausch

Decía alguien a quien estimo, cada día en mayor medida, que este año se propone “la vida Bausch”. Me parece un concepto maravilloso, aspirar a vivir como lo hizo Pina, es un gran propósito que exige pasión y disciplina. La Pina que me dejó con la boca abierta con su Song of the stars, intensa, valiente, precisa… la que puso toda mi atención en la danza, la que me dio un instrumento de expresión más poderoso que cualquier otro… la que me atrapara más de lo que hiciera ninguna persona, animal o cosa… maravillosa Pina Bausch mirada por el no menos maravilloso Win Wenders

Recuerdo que hace unos años, un día como hoy, me planteé “la vida Kahlo”. Fue un completo desastre. Me aficioné tanto a la bebida que casi no podía distinguir la realidad de lo otro, lo que quiera que fuera eso, y, desde luego, ese año no pinté nada, en el sentido más amplio de la palabra; por lo cual, estoy convencida de que, si me propusiera “la vida Bausch” terminaría fumando como un carretero sin tiempo para la danza…

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Frida Kahlo

Dicho esto, mi propuesta para este diecisiete, es “la vida orantos”. Y, como soy bastante competitiva, y creo que no hay mejor adversaria que yo misma, he decidido superar al dieciséis, dejarle atrás con honores, otorgándole el título de EL MEJOR PRIMER AÑO DE MI VIDA. Para ello, se me han ocurrido algunas ideas que os comparto para no tener escapatoria ni disimulo posible, porque esto es lo que realmente deseo:

  • Cuidar mi mente. Abandonando del todo la crítica, ya sea constructiva o no. No hablaré mal de nadie. No me interesa ese veneno.
  • Cuidar mi mente. Leer más a los que, de verdad, han hecho algún aporte a nuestra maltrecha humanidad. Volver a los clásicos.
  • Cuidar mi mente. Tener algún aprendizaje nuevo. Sea el que sea.
  • Cuidar mi mente. Hacer un viaje extraordinario.
  • Cuidar mi cuerpo. Ser consciente de lo que ingiero y para qué y saber distinguir entre nutrirme y alimentarme. Huir de la vida sedentaria como alma que lleva el diablo.
  • Hacerle la vida mejor a los que me rodean, en unos casos será más fácil, en otros más apasionante. Poner el foco en la gente que me hace bien.
  • Hacer de mi empresa un proyecto que ayude a otros a desarrollarse, que aporte valor más allá de lo contratado.
  • Ir con Ernesto a una biblioteca.
  • Buscar con ahínco la manera de ser feliz. Si esa manera es pasar más tiempo contigo, hacerlo.

Esta es una lista abierta. Deseo mucho más. Pero, como básico, me da para empezar.

Feliz 2017.

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Conexiones improbables

La comunidad del ladrillo en acción...
La comunidad del ladrillo en acción…

La semana pasada estuvimos en Barcelona, en una certificación de LSP (Lego Serious Play). Lo cierto es que me siento halagada cuando nos dicen “Qué bien os lo montáis, ahora a Barcelona a jugar al Lego”. Es totalmente verídico, en Audazia, disfrutar no es un derecho, es una obligación 🙂 Así es que ha sido una semana fabulosa, ya sabéis, salir de casa, cambiar de aires, aprender algo nuevo, ver a gente que hace tiempo no ves y conocer a gente que, de otro modo, sería imposible que conocieras. ¿Lo habéis probado?

Esto da casi para una teoría del aprendizaje, quizás inspirada en Thorndike, en la cual, a mayor estímulo de la compañía, mayor es el aprendizaje. Aprendemos más y mejor si lo hacemos con personas que nos gustan. En este caso he de resaltar este aspecto que nos ha hecho disfrutar más de lo habitual: siete compañeros que han sido toda una revelación y un ejemplo de generosidad e inspiración. Personas que nunca hubiera conocido sino hubiera sido porque todos teníamos una curiosidad común y una necesidad terrible (de bien) por aprender. Conocer personas así te ayuda a reforzar tu fe en la humanidad y te hace mejor.

Esta soy yo en la comunidad (una visión tripartita :-)
Esta soy yo en la comunidad (una visión tripartita :-)

En la búsqueda de nuevas herramientas, LSP ha satisfecho nuestra expectativas. Todos los asistentes trabajamos con personas y a todas las personas les gusta jugar. Aunque en seguida nos dimos cuenta de que no es ese el foco de esta metodología. Lo interesante y realmente brillante es que pensar con las manos es muy eficiente. Es algo que siempre ha llamado poderosamente mi atención. Hace unos 15 años empecé a investigar el uso de la caligrafía en Inteligencia Emocional y después he aplicado técnicas como la pintura para mejorar la comunicación, aunque creamos que no sabemos hacerlo, especialmente cuando creemos que no sabemos hacerlo. Gracias a mi amiga Marián Durán aprendí a hablar con las manos y aluciné con las posibilidades que eso nos ofrece a los oyentes, por no citar a los que no lo son. También es vox populi que amar estimula las zonas corticales y límbicas de nuestro cerebro pero no tanto que si lo haces con las manos este efecto se duplica. Las manos tienen incluso el poder de sanar, de hacernos felices 🙂 No solo las nuestras, las extrañas, aquellas que no esperas encontrar, las improbables. A mí me hacen feliz las manos de los demás, algunas, especialmente.

Veo... un bote salvavidas.
Veo… un bote salvavidas.

LSP es una metodología que nos ha enseñado una serie de principios (PGS) que nos traemos a nuestra querida Audazia y que ya hemos empezado a poner en marcha. No sé si os servirán sin el contexto adecuado, pero necesito compartirlas para que no mueran en mí:

  1. Deja de hablar, construye.
  2. Construye individualmente, comparte en grupo.
  3. Comparte y construye la historia.
  4. Eres dueño de tu modelo.
  5. Cuestiona el modelo, no a la persona.
  6. Confía en el proceso.

Uno de mis aprendizajes favoritos, en forma de pregunta, ha sido: ¿Puedes vivir con ello? porque si es así… ¿por qué ibas a dedicar tanto tiempo y energía a algo que no tiene ninguna relevancia para el asunto que nos ocupa? Creo que es una pregunta que te ayuda a ser feliz, a soltar lastre.

Una experiencia deliciosa y altamente recomendable. Una aplicación muy potente para el coaching de equipos. De momento, la semana que viene empezamos a utilizarla. Estamos deseando 😉

La semantica del beso

Mouiin Rouge (Baz Luhrmann, 2001)
Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001)

Aquella noche navegaba por mares y mares de información, buscando algo que aplacara su vacío. La rutina había consumido una vida reducida a trabajar, comer y dormir. La soledad era su mejor confidente y, aunque estaba bien así, sentía que el tiempo se le iba, que hacía mucho, pero sentía poco. Decidió bajar al videoclub y alquilar un musical, algo que le proporcionara algo de placer. La película estaba hecha a la medida de sus ojos y sus oídos, era como un videoclip, no podía apartar las pupilas de la pantalla cuando,  de repente, el actor besó a la actriz.

No era un beso cualquiera, enlatado y tantas veces visto en las películas, parecía auténtico. Un beso de bocas, manos y miradas. Un beso intenso, con contenido, un beso repleto de necesidad, de vida. Rebobinó y lo vio de nuevo, y otras seis veces más. Se preguntó si aquellos actores serían expertos en besos. Buscó en la red con desesperación y encontró que él tenía una técnica bastante desarrollada que había ido mejorando con los años. Incluso investigó cómo conseguir su dirección e ir a verle. ¡No podía morirse sin ese beso! Pero lo cierto es que solo aquel último beso, más que el protagonista, merecía cualquier locura. Era ese beso, solo ese beso, el que había despertado al millón de mariposas que llevaba dentro. Esa noche no pudo dormir. Sintió aquel beso despertándola del letargo, recorriéndole la espalda, la nuca, las sienes, el alma.

Al día siguiente se levantó con un objetivo: encontrar al productor de un beso como aquel. No era tarea fácil. Salió a la calle examinando bocas, manos, miradas, formas de caminar, de ser, de estar… La búsqueda fue una experiencia maravillosa que le dio la oportunidad de conocer infinidad de dueños y dueñas de voces envolventes, perfectas compañeras de viajes interiores y exteriores.

El diario de Noah (N. Cassavetes, 2004) Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente. – Wayne Dyer
El diario de Noah (N. Cassavetes, 2004)
Lo que pensamos determina lo que nos pasa, por eso si queremos cambiar nuestras vidas debemos ampliar nuestra mente (Wayne Dyer).

Cuando le encontró, él hablaba por teléfono, de pie, en un lateral de la recepción de un precioso hotel que ya no existe. Ella se acercó y le olió. No usaba perfume. Olía a un millón de vidas esperando su beso. Él la miraba con timidez y deseo, como si supiera que había llegado el momento. Ella esperó los nueve minutos y medio que duró la conversación. Después, despacio, se acercó a él y le besó. El tiempo se paró. A lo lejos apenas se escuchaba la lluvia. Un beso de once segundos. Un beso inmenso, perfecto, con el tiempo suficiente para apreciarlo, para saciarse, para cumplir su sueño. Un beso como no habría otro igual en el tiempo. Un beso idéntico a aquel beso observado en pantalla una noche, hacía nueve años. Un beso extraído del capítulo siete de Rayuela. Un beso sin preguntas, un beso de inmersión en el que, por un momento, él fue ella y ella fue él, sin distinción.

Ninguno de los dos puede confirmar si aquello sucedió de verdad. Ninguno de los dos ha podido olvidar ese beso.

Incluso, cuando estaba en el orfanato, cuando estaba vagando por las calles tratando de encontrar algo para comer, pensaba en mí mismo como el mejor actor del mundo. Tenía que sentir la euforia que viene de la confianza absoluta en ti mismo. Sin ella, aparece la derrota (C. Chaplin).
Incluso, cuando estaba en el orfanato, cuando estaba vagando por las calles tratando de encontrar algo para comer, pensaba en mí mismo como el mejor actor del mundo. Tenía que sentir la euforia que viene de la confianza absoluta en ti mismo. Sin ella, aparece la derrota (C. Chaplin).

La semántica cognitiva ha demostrado que la realidad es sólo un argumento. Un beso imaginado puede ser más desgarrador que un beso en la realidad.

Por eso, si yo pongo un beso entre estas palabras, si hablo de su sensualidad, su humedad, su cadencia; si escribo sobre un beso construido a lo largo de muchas noches de vigilia, repleto de deseo, de necesidad, de sueños, de esperanzas, un beso con sabor a quierovivirenti. Si hablo de ese beso como de su complejidad y de la importancia de ese único beso sólo entendido diametralmente opuesto a tu boca, incluso si te cuento que sé cómo me sentiría al recibirlo, cómo se me dulcificaría la saliva, cómo me temblarían las manos, se me erguirían los senos, se me estremecería el sexo… ese beso, ese preciado beso ya es tuyo, y más auténtico que el propio beso.