tesis_cautionEste no-post es solo por cariño a aquellos que lleváis tiempo preguntando que por qué demonios no escribo. Creo que os debo una explicación y os la voy a dar con pánico a que, mientras lo hago, pase algo extraño, que vaya año que llevo: al fin terminé mi tesis doctoral, esa es la razón. Algunos (los más próximos) dirán: ¿eso no fue este verano? Bueno, pues sí, pero la tesis es una muñeca rusa infernal que contiene infinitas maléficas muñequitas. Una de las veinte últimas empieza con las correcciones “finales” (sobre los centenares de correcciones previas). A día de hoy solo (os digo que se escribe sin tilde, una de esas decisiones de la RAE que más disgustos me ha dado) queda la defensa y eso, me temo, se traduce en que no podré descansar hasta febrero.

1.428 páginas después, os aseguro que no soy más sabia aunque me temo que, probablemente, peor persona. La presión de tener que escribir más y más, un año durmiendo tres o cuatro horas al día, sin dejar de trabajar y sin dejar de atender a mi familia (bueno, esto tendría que puntualizarlo mucho), renunciando a un montón de placeres, en contra de todos mis principios… te cambia. Y cuando crees que lo has logrado, cuando has investigado hasta que te entra una estupidez razonable dudando de que haya alguien que sepa más que tú… empieza lo peor: Corregir. Algunas veces destruyendo decenas de folios que costó un riñón escribir, (re) aprendiendo gramática, pragmática, sintaxis, ortografía, arquitectura, ingeniería, filosofía, sociología… y después la burocracia, y la tesis que se pierde, y las fechas que no le cuadran al tribunal y los gráficos que no entran en la página que necesitas para después empezar un capítulo en impar, y el dineral en material, impresiones, tasas, etc. Y todavía me pregunta algún impertinente (sí, ahora insulto sin parar, aviso, es una de las consecuencias de hacer un doctorado) que por qué hago una tesis a estas alturas, que para qué la necesito.

El conocimiento, lejos de dar la felicidad, ofrece algo mucho más importante, la LIBERTAD. La libertad de ser, de estar, de poder comunicarte con quien quieras, como quieras, de poder apreciar cosas que, a ojos de otros, son invisibles, de trabajar en lo que deseas… (lee esta última frase despacio, ¿te imaginas? hay gente que ni se lo cree, pero doy fe).

Y ahora tengo el ceño fruncido porque esta tesis me ha desgastado, me ha quemado, me ha licuado y me ha marcado para siempre pero empiezo a sentirlo, siento cómo me voy haciendo más libre y cómo eso me da el poder de cambiar aquello que creo que no está bien. Y es una sensación maravillosa…

PD: en febrero prometo contaros qué es eso para lo que he necesitado casi mil quinientos folios…

 

TwitterFacebookGoogle+LinkedInPinterestTumblrStumbleUponEmailPrintCompartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *